C.85c - Caso Hook

«El procesado Mauricio, de 27 años de edad, sin antecedentes penales, sobre las 1,45 horas del día 9 de septiembre del año 2002, se encontraba en compañía de su hermano Isidro, la novia de éste Elvira, y el hermano de ésta última Lorenzo, en el Pub Hook, sito en la Avda. Príncipe de Asturias de Villaviciosa de Odón. Tras quejarse por lo que les parecía el elevado precio de las consumiciones y solicitar fueran invitados, entablaron una discusión con Lorenzo, quien regentaba el establecimiento, negándose éste a invitarles a un ronda tal y como le solicitaban. Como la discusión fue subiendo de tono, Lorenzo les pidió que abandonasen el local, lo que efectuaron no sin antes dar una patada a la puerta y después Isidro lanzar contundentemente un cascote de obra hacia el cristal de las puertas de acceso al local, fracturando los mismos. Ante lo cual Lorenzo decidió salir al exterior donde, tras abalanzársele los hermanos, se produjo un forcejeo golpeando en el ojo izquierdo Lorenzo a Mauricio para a continuación éste mismo dirigirse con un arma blanca de unos 12 o 13 cms. de hoja hacia Lorenzo, al que pinchó en el abdomen, causándole una herida en región masogástrica-vacío izquierdo que sigue trayectoria oblicua a la derecha perforando en su trayecto varias asas intestinales y produciéndole ligero hemoperitoneo, necesitando una intervención quirúrgica urgente para la sutura de las heridas intestinales».

(STS 21 de septiembre de 2004; pte. Monterde Ferrer; RJ 2004, 6049).

¿Quién se defiende legítimamente? ¿Por qué?

I. Resumen de los hechos.

Conviene distinguir en el relato de hechos probados diversas fases. Por un lado, una fase previa consistente en la discusión a propósito de las consumiciones, que no presenta especial relevancia a efectos penales. Por otro lado, a continuación, la expulsión del local y consiguiente reacción violenta (patada a la puerta y fractura de vidrio con un cascote), más la reacción de Lorenzo que sale del local y se encara con Mauricio e Isidro –incluso golpeando en el ojo al primero–: que designaremos como fase A). Finalmente, la actuación de Mauricio frente Lorenzo propinándole un navajazo: que designaremos como fase B). Estas dos últimas fases sí presentan interés para diferenciar la responsabilidad penal de cada uno.

II. Solución que se propone.

Respecto a la existencia de conducta humana en todos los intervinientes, nada lleva a dudar del necesario autocontrol de todos ellos sobre los procesos en los que se ven inmersos: hay múltiples decisiones (salir, golpear, blandir, hablar, discutir, abalanzarse…) que permiten afirmar que despliegan otras tantas acciones humanas. No hay por lo demás motivo alguno para dudar de la acción al no concurrir ningún factor que nos sitúe en la fuerza irresistible, movimientos reflejos o inconsciencia en ningún caso. Veamos ahora si dichas conductas son típicas, objetiva y subjetivamente. Para lo cual nos servirá la división en fases que hemos trazado previamente. En efecto, en la fase A (expulsión del local y consiguiente reacción violenta de Mauricio e Isidro, más la reacción de Lorenzo que sale del local y se encara con ellos), los golpes presentan apariencia de tipicidad. La patada en una puerta (no sabemos quién la propinó) no parece que revista suficiente entidad en términos cuantitativos y cualitativos, de modo que queda excluida ya de antemano su relevancia penal típica. En cambio, la fractura del vidrio sí presenta entidad como infracción de daños patrimoniales (arts. 263 y 625.1 CP), porque además de ser el golpe condicio sine qua non de la fractura, dicho desperfecto reporta una indudable pérdida económica no consentida por su titular. La cual, además, se realiza en el resultado sin desviación alguna del curso de riesgo por terceros, dada la inmediatez entre conducta y resultado. Que dicho riesgo y su realización en el resultado haya sido representado por el sujeto agente se puede argumentar con base en que el manejo de un cascote en tal momento no puede no ser conocido como potencialmente lesivo por cualquier adulto, quien percibe el peso del cascote, la dureza y contundencia, así como la fragilidad del vidrio y sus propias fuerzas. Decimos, por tanto, que su conducta colma objetiva y subjetivamente el tipo de daños patrimoniales (arts. 263 y 625.1 CP).

Sin embargo, la tipicidad objetiva y subjetiva dicha conducta podría verse impedida en caso de que concurra una causa de justificación. Lo cual sucedería, si el golpe estuviera motivado por una agresión ilegítima y se mantuviera dentro de lo racionalmente necesario (cfr. art. 20.I.4 CP). Pero no es lo que sucede en este caso, pues Lorenzo, como encargado del local, dispone de un derecho de admisión de sus clientes, de manera que obra amparado por el ordenamiento. Y, correspectivamente, sus clientes tienen un deber de tolerancia (de soportar) la actuación de Lorenzo. Así las cosas, Lorenzo actúa al amparo del Ordenamiento al expulsarles, y al encararse con sus clientes ya expulsados obra frente a una conducta antijurídica (fractura del vidrio), por lo que ahora se vería amparado por la legítima defensa (art. 20.I.4 CP): ha sido agredido en sus bienes de manera antijurídica penal (daños), y cabe pensar que la agresión va a seguir, por lo que quedará amparado por legítima defensa si se mueve dentro de lo necesario racionalmente para oponerse. De este modo, si se encara a sus agresores, sigue amparado por legítima defensa (art. 20.I.4 CP). De tal manera que sus agresores no obran legítimamente ya cuando se abalanzan sobre él: su actuación constituirá una agresión ilegítima.
Esta actuación de los agresores en la fase A) constituye objetivamente ya una conducta que despliega un riesgo típicamente relevante de malos tratos, a juzgar por lo inopinado, no consentido y vejatorio de verse vilipendiado de esa manera por unos clientes (arts. 617 o 620.2 CP). Al ser de mera actividad, basta con eso para afirmar que colma el aspecto objetivo del tipo. También lo subjetivo se ve colmado si atendemos a que eligen a su víctima, rápidamente la abordan, obran con superioridad numérica… Por tanto, su conducta colma los aspectos objetivo y subjetivo de una infracción de malos tratos y/o vejación. Dicha infracción supone entonces la base para poder reaccionar legítimamente en defensa.
Cuando, todavía en la fase A), Lorenzo reacciona golpeando (pegando en el ojo a uno de sus agresores), debemos plantearnos si estos golpes quedarían amparados por la causa de justificación. Pensamos en la legítima defensa, pues es agredido de manera dolosa, típica y antijurídica penal (art. 20.I.4 CP). Pues bien, agresión ilegítima ya existe según lo argumentado más arriba; además, no ha sido provocada por él, pues hasta ahora viene actuando dentro de lo que el ordenamiento le permite; y, por otra parte, no se excede en ningún momento de lo que parece necesario para defenderse en términos racionales. En concreto, nos parece necesario en abstracto defenderse, es decir, que no tiene deber de soportar la actuación de ellos, sino que no tiene por qué permanecer impasible; además, me parece que se mueve dentro de lo que es necesario en concreto, al no excederse respecto a lo que racionalmente resulta oportuno para repeler tal agresión (golpe en el ojo frente a múltiples golpes de sus agresores que se han abalanzado sobre él). Lorenzo conoce además la situación de agresión que sufre, así como la reacción que emplea, por lo que se ve colmado tanto el aspecto objetivo como el subjetivo de la legítima defensa, y su conducta quedará justificada.
En definitiva, el balance provisional de esta fase es que la conducta de Lorenzo queda justificada; mientras que la de Mauricio e Isidro resulta típica como falta de malos tratos y de daños (la de Isidro). Nos queda por ver la culpabilidad de sus agentes y la punibilidad de las infracciones (ver 6). Pasemos a la fase B), en la que analizamos la actuación de Mauricio frente Lorenzo propinándole un navajazo. Partiendo de lo que ya ha quedado argumentado en 2, la reacción de Lorenzo golpeando en el ojo a uno de sus agresores queda justificada. Por tanto, no constituye una agresión ilegítima a efectos de poder defenderse frente a ella. Así, Mauricio, al asestar tal navajazo, no se está defendiendo legítimamente, porque falta ya de entrada el requisito básico y fundamental de esta causa de justificación como es la agresión ilegítima (art. 20.I.4.1 CP). Faltando ya este elemento imprescindible, no hace falta plantearse los restantes. Y sí, en cambio, la existencia de un tipo comisivo u omisivo. En concreto, un navajazo de esas características (arma empleada, violencia, zona del cuerpo, trayectoria) permiten hablar, sin duda alguna de infracción de malos tratos y/o vejación (arts. CP), lesiones (art. 147 CP) y lesiones con medio peligroso (art. 148.1 CP). Por lo que hace al homicidio (art. 138 CP), la situación parece dudosa, pues la zona del cuerpo no afecta a una parte vital por el órgano y trayectoria. Así se comprueba si se atiende a que en ese momento había más personas en el entorno que impedirían que la hemorragia interna desencadenara un nuevo riesgo por inasistencia médica. Por tanto, no me parece que podamos hablar de un riesgo típicamente relevante de homicidio. Aquellos restantes riesgos se realizan en el resultado, pues no media factor de riesgo nuevo entre navajazo y herida. El de malos tratos/vejación, al ser de mera actividad, no requiere analizar este último requisito. En su aspecto subjetivo, también puede decirse que el riesgo de la conducta se ve representado por el agente, al emplear su propia arma, blandirla, haber agredido antes a Lorenzo (de manera que sabe que está ahí delante)... En definitiva, la actuación de Mauricio colma en lo objetivo y subjetivo los tipos de malos tratos/vejación, lesiones y lesiones peligrosas. Puede plantearse la responsabilidad omisiva de Elvira. Sin embargo, me parece que su inactividad (apenas se dice algo) no puede fundamentar un delito omisivo. Me explico. Su deber de socorro (art. 195 CP) o de impedir delitos que se van a cometer (art. 450 CP) se puede ver impedido por el propio riesgo que ella sufriría caso de intervenir, o por la mera imposibilidad de hacer algo dada la rapidez con que reproducen los hechos. En cuanto al socorro de Lorenzo llevado a un hospital, nada se dice de ella ni de otros. En cuanto a la posibilidad de que su relación de parentesco con Lorenzo fundamentara comisión por omisión basada en posición de garante, bastaría decir que a la vista de los hechos probados, sabemos sólo que hay parentesco, pero nada sobre una relación de dependencia entre ambos en términos de compromiso específico y efectivo de evitar riesgos. Por tanto, no me parece viable plantear la responsabilidad omisiva de Elvira. Una responsabilidad por complicidad en la conducta típica de los agresores sería, en cambio, posible, pero carecemos de datos en los hechos para argumentarlo. Algo semejante, cabe afirmar para la responsabilidad de Isidro por omisión y/o complicidad. En sede de culpabilidad, afirmaremos la culpabilidad de Isidro y Mauricio porque no hay dato alguno que la ponga en duda. En cuanto a la punibilidad de las conductas, cabe decir que los daños patrimoniales realizados por Isidro serían constitutivos de falta, y no de delito, en razón de la cuantía (si es inferior de 400 euros, como parece). Por lo que hace a Mauricio, el delito de lesiones con medio peligroso puede absorber, dada su gravedad, las infracciones menores de vejación/malos tratos (por consunción); y a su vez incluye (por especialidad) la de lesiones simples.

III. Conclusión.

Lorenzo lleva a cabo una conducta justificada. No responde penalmente.

Mauricio debe responder por una conducta típicamente antijurídica de lesiones con medio peligroso, de la que es culpable.

Isidro debe responder por una conducta típicamente antijurídica de daños patrimoniales (falta), de la que es culpable.