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Trump y su presidencia imperial

Trump y su presidencia imperial

RESEÑA

01 | 10 | 2026

Texto

Detallada crónica periodística de un segundo mandato, aún en curso, con voluntad de ‘cambio de régimen’

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Imperial Presidency of Donald Trump’ (Londres: Simon & Schuster, 2026), 464 p.

‘Cambio de régimen’ pudiera parecer un título escogido pensando en la política exterior de Donald Trump —la operación contra Maduro en Venezuela, el asesinato del Líder Supremo de Irán, la presión sobre Cuba para finiquitar el castrismo—, pero en realidad su principal significado como título del presente libro es en clave nacional. Con el segundo mandato de Trump, Estados Unidos ha pasado de un régimen presidencialista a un régimen imperial —de República a Imperio, en términos romanos—, según argumentan Maggie Haberman y Jonathan Swan, periodistas del ‘New York Times’ acreditados ante la Casa Blanca.

Para los autores de ‘Regime Change’, la nueva realidad política viene marcada por los mayores poderes que ejerce Trump, abusando de la promulgación las órdenes presidenciales —unas veces forzando la interpretación de las leyes, otras confrontando a los tribunales—, y por su dominio sobre ciertos resortes del Estado, al haber situado al frente de ellos a fieles incondicionales dispuestos a llegar tan lejos como los 1.600 asaltantes del Capitolio de enero de 2021 a los que Trump concedió un indulto (que en el futuro puede extender a quien en su nombre vuelva a contravenir la Justicia).

La obra de Haberman y Swan, no obstante, no es un alegato político, sino el relato periodístico de los primeros quince meses de la segunda presidencia de Trump (de su regreso a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025 a las primeras semanas de la guerra contra Irán comenzada el 28 de febrero de 2026). A partir de su directa observación como corresponsales en Washington y mediante cientos de entrevistas con muchos de los principales actores de la política estadounidense, los autores reconstruyen numerosas escenas vividas en la Sala Oval, la Sala Situacional y el Air Force One, describiendo con detalle dónde se sentaba cada interlocutor en reuniones reservadas (indicio de tener información de primera mano) y qué se dijo en ellas.

El relato no sigue un estricto orden temporal, si bien en el bloque inicial hay referencias al tiempo de preparación de Trump para su vuelta a la Casa Blanca: el núcleo duro que conformó en su resorte de Mar-a-Lago después de tener que ceder el poder a Joe Biden, la larga campaña electoral en la que fue ultimando sus planes y el deseo de revancha que estuvo alimentando —con nombres y cifras— para cobrarse venganza. Justamente, alrededor de la sed de venganza (‘retribution’) gira uno de los cuatro capítulos del libro; los otros son ‘Torbellino’, ‘El enemigo interior’ y ‘Saqueo’.

De las claves que aporta el libro, hay una que ayuda a entender por qué Trump se ha enzarzado en una guerra con Irán, a pesar de que había prometido no entrar en guerras y de que es consciente cuánto le perjudica eso entre su base electoral MAGA (Make America Great Again). Ciertamente, la relación personal con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, empuja en esa dirección, pero Haberman y Swan sugieren que son las amenazas de muerte lanzadas por Teherán, con planes concretos para asesinarlo, las que le dan un decisivo plus de inquina contra los ayatolás. Sus sentimientos hacia el régimen de los ayatolás son “más intensos y menos transaccionales que sus opiniones sobre prácticamente cualquier otro tema”, dicen los autores. El hecho de que el día antes de que una bala le rozara la cabeza en Butler, en julio de 2024, se detuviera a alguien enviado a EE.UU. por la Guardia Revolucionaria de Irán para cometer atentados contra personalidades estadounidenses reforzó la credibilidad de la amenaza, aunque el tiro que le hirió la oreja no tuviera la firma iraní.

Precisamente las reuniones internas de la Casa Blanca previas al comienzo de la guerra de los Doce Días contra Irán, en junio de 2025, y al nuevo ataque lanzado a finales de febrero de 2026, que aún se prolonga, aparecen especialmente documentadas en el libro, que ofrece una interesante perspectiva de las posiciones internas en la Administración Trump (en verdad, de nulo debate interno).

En su particular relación con los medios, Trump aceptó recibir a los dos autores cuando ya tenían el libro prácticamente terminado, a pesar de que inicialmente había declinado la petición, tratándose de periodistas de su profusamente criticado ‘New York Times’. Según explican estos en un epílogo, Trump no contradijo la versión que ellos daban de los principales episodios; simplemente se limitó a cuestionar algunas valoraciones de fondo y a reivindicarse como el mejor presidente de la historia de Estados Unidos.

En esa conversación, Trump confirmó una irónica apreciación: si tras las elecciones de 2020 hubiera seguido en la Casa Blanca, su segundo mandato no habría sido lo disruptivo que está siendo. Si no hubiera sido apeado del poder durante cuatro años, nunca habría acumulado el poder que ahora ostenta.

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