La Portada de Santa María de Sangüesa

Las enjutas y contrafuertes

En ellos se repite, incluso de modo más acusado, la problemática de las arquivoltas: carencia de un programa bien estructurado y único de modo que solo cabe hablar de grupos temáticos, distribución desordenada y arbitraria, y dificultades de identificación de las figuras y las escenas, que ha llevado a interpretaciones distintas.

Destacan los asuntos bíblicos, tomados indistintamente del Antiguo Testamento, del Nuevo Testamento y del Apocalipsis.

Del Antiguo Testamento encontramos el Pecado original (Génesis 3, 1-6) en la enjuta izquierda. Del Apocalipsis localizamos el Tetramorfos, es decir, los cuatro vivientes mencionados por san Juan como parte de la escolta que acompaña al juez supremo en su venida al final de los tiempos para juzgar a la humanidad (Ap. 4, 6-8) y descritos como un león, un águila, un toro y un hombre alado, tradicionalmente asociados con los cuatro evangelistas, repartidos entre ambas enjutas.

Del Nuevo Testamento puede verse un ciclo relativamente extenso de la Infancia de Cristo, del que se reconocen con cierta claridad los episodios del Sueño de san José (Mt. 1, 18-24), la Visita de la Virgen a su prima santa Isabel (Lc. 1, 39-56) y la Anunciación (Lc. 1, 26-34), en la enjuta izquierda. Particularmente interesante resulta la Anunciación, síntesis de esta y de la Coronación incluyendo además el detalle del arcángel san Gabriel arrodillado, por lo novedoso de semejante iconografía, pues la obra sangüesina sería coetánea del relieve del pilar del claustro del monasterio de Silos (h. 1160), que hasta hora se había considerado como primer ejemplo a nivel general, y anterior al capitel de la portada de San Miguel de Estella (1170-1180), tenido hasta el momento por el primer caso navarro.

Al margen de este ciclo estarían dos escenas ubicadas en el contrafuerte derecho. La primera sería la parábola de las vírgenes necias y las vírgenes prudentes (Mt. 25, 1-13), prefigura del Juicio Final desarrollado en el tímpano. La segunda la hipotética entrega de la Ley o Traditio legis –bien de la antigua, es decir los diez mandamientos, a Moisés por parte de Dios (Éxodo 20, 1-17), bien de la nueva, el mandamiento del amor, a los apóstoles por parte de Jesús (Jn. 13, 34)–, que de nuevo más cabría poner en relación con la función jurídica de la portada.

Los demás temas coinciden en general con los de las arquivoltas. Así, encontramos varias representaciones de oficios: un herrero, un par de zapateros, un tallista de marfil, etc. Un buen número de guerreros –a caballo o a pie, aislados o enfrentados entre sí o con monstruos–, entre los que sobresalen el caballero cabalgando sobre un gigante de la enjuta izquierda y los dos luchadores a pie casi idénticos de la enjuta derecha, uno de ellos desenvainando una espada y el otro clavándola en la garganta de un dragón, tradicional y erróneamente asociados con el héroe de las sagas nórdicas Sigurd. Figuraciones de pecados, todos ellos emplazados en la enjuta izquierda: la lujuria, plasmada a través de la típica mujer atacada por reptiles y sapos y de otra fémina en actitud exhibicionista, y la ira, encarnada por dos luchadores que se enfrentan con las manos desnudas. Temas juglarescos, situados en la misma enjuta, que habría que conectar con los anteriores, entre los que destaca el acróbata dentro del aro. Hombres y mujeres. Animales, tanto reales –cabras, aves, perros, leones, un ciervo perseguido por un lobo– como fantásticos –basiliscos, dragones, grifos, arpías–. Y elementos ornamentales, entre los que descuellan los entrelazos. Tanto estos últimos como los animales parecen tener mayoritariamente carácter decorativo.