La Portada de Santa María de Sangüesa

Los artistas. Leodegario y su taller

Intervinieron en esta portada tres talleres que se sucedieron en el tiempo. El primero sería el dirigido por Leodegario, quien atestiguó su participación a través de la inscripción que figura en el libro de la estatua-columna de la Virgen: Leodegarius me fecit -“Leodegario me hizo”-. A él se debe la parte inferior: todas de las esculturas de la puerta y los contrafuertes, y la mayoría de las de las enjutas. Al maestro habría que adjudicarle las piezas mejores, es decir, las estatuas-columnas y, posiblemente, una parte del ciclo de Infancia –Anunciación-Coronación, sueño de san José y Visitación–, mientras que el resto sería atribuible a su taller, pues se aprecia una disminución de la calidad. La participación de este taller se detecta también en algunos capiteles del interior, dos de la capilla mayor que se mantienen en su emplazamiento original y dos de la nave central que han sido reaprovechados, como denotan las adaptaciones que han sufrido.

En las figuras humanas todas estas obras se caracterizan por empleo de una tipología muy característica de cabezas y por la reiteración en los ropajes de una serie de elementos: bordes en zig-zag con el interior relleno con líneas diagonales, bordes en curva y contracurva acompañados de múltiples pliegues de igual forma paralelos entre sí, mantos cerrados con la parte inferior dispuesta en caída elíptica cubierta con pliegues concéntricos. También los animales presentan rasgos comunes, tanto en las cabezas como en las melenas, garras y alas.

La parte de la portada sangüesina debida a Leodegario y sus seguidores acusa el influjo de la portada occidental central de la abacial de Saint–Denis (1135-1140) y de las portadas occidentales de Chartes (1145-1155), cabezas de serie de los primeros portales góticos franceses y europeos, radicando ahí su relevancia, pues eso la convierte en una de las primeras portadas hispánicas y en la primera de Navarra que muestra tal ascendiente pese a su clasificación dentro del Tardorrománico. Esa influencia se manifiesta tanto en aspectos compositivos –empleo del arco apuntado, presencia de estatuas-columnas, disposición longitudinal de las figuras de las arquivoltas y otros–, como estilísticos –en especial en las estatuas columnas con su rigidez y su canon esbelto, y el característico tratamiento de sus ropajes– e, incluso, iconográficos –Juicio final plenamente desarrollado, parábola de las vírgenes necias y prudentes y seno angélico, tomados posiblemente de la abacial parisina–. Todo ello parece indicar que Leodegario conoció la labor de estas canterías francesas y que procedía del vecino país, hipótesis esta última reforzada por el nombre, que resulta totalmente ajeno al mundo hispánico.

Leodegario y sus colaboradores trabajaron también fuera de Navarra, pudiendo atribuírseles la tumba de la infanta doña Blanca (1156-1158) –hija de García Ramírez de Navarra y esposa de Sancho III de Castilla– en Santa María la real de Nájera (La Rioja), y la arquería del interior del ábside de la iglesia zaragozana de San Martín de Uncastillo (década de 1170), obras ambas que ofrecen muchos puntos de contacto con la portada sangüesina, tanto en el terreno iconográfico como formal. En Navarra este taller se ha relacionado con un modillón y otras piezas de la iglesia de Echano.