Un ejemplo de joyería masculina: empuñaduras de bastón del violinista Pablo Sarasate

COLECCIÓN AYUNTAMIENTO DE PAMPLONA
IGNACIO MIGUÉLIZ VALCARLOS

  • El bastón de la joyería masculina

    A lo largo de la historia, la joyería ha experimentado una constante evolución, modificándose según el devenir de los acontecimientos y los gustos del momento, adaptándose a los diferentes estilos y modas. Por lo general han sido las joyas femeninas las que han marcado las pautas de las transformaciones y las que han centrado el interés de los investigadores, aunque también las masculinas vivieron el mismo proceso. Esta evolución se va a mostrar de manera vertiginosa a lo largo del siglo XIX y principios del XX, ya que los cambios experimentados por la sociedad debido a la Revolución Francesa y a la Revolución Industrial, van a provocar un sustancial alteración en las jerarquías sociales y en el papel de los hombres, lo cual se reflejará también en su manera de vestir. Se van a adoptar modas más prácticas, que les permitan una mayor libertad de movimientos, más acorde con las actividades del hombre moderno. Esto va a provocar también la renovación de sus piezas de joyería. Así, veneras y encomiendas de órdenes militares, lazos y corbatas, hebillas y cadenas, empuñaduras de espadas, etc… que constituían las principales alhajas masculinas a lo largo del Antiguo Régimen van a dejar paso a joyas más a la moda, como relojes y leontinas, gemelos, botonaduras, pasadores de corbata o empuñaduras de bastón.

    Precisamente el bastón constituía un complemento masculino de gran importancia, usado ya desde la antigüedad, donde era empleado de manera utilitaria como apoyo para caminar y como arma defensiva, pasando a convertirse en un elemento de poder como bastón de mando, con una simbología ligada a la autoridad y potestad del portador. Durante la Edad Moderna esta pieza mantuvo su relación con el poder, siendo usado como bastón de mando por civiles y militares, además de figurar como signo de distinción en las clases privilegiadas, por lo que era habitual la inclusión de este complemento en retratos masculinos junto con la espada. Será a lo largo del Novecientos cuando el uso de esta última quede relegado en la indumentaria de los hombres, mientras que el bastón adquirirá mayor relevancia como complemento indispensable del caballero, sobre todo durante la Belle Époque, ya que, además de ser utilizado para apoyarse, realzaba la elegancia y el refinamiento de quien lo portaba. Pero lo peculiar de estos bastones se centraba en sus empuñaduras, que abarcaban desde las más modestas, labradas con la misma madera que la caña, hasta las más ricas, realizadas con costosos materiales, y en ocasiones de formas caprichosas, debido a lo cual algunas de ellas fueron calificadas de extravagantes.

    Dentro de los bastones podemos apreciar diferentes modelos en atención a sus empuñaduras, como la arqueada, que presenta la clásica terminación curva de la parte superior, de gran difusión a lo largo de la historia. Otra sería la denominada Milord, que fue muy habitual en Inglaterra en los siglos XVIII y XIX, extendiéndose su uso por el resto del mundo. Presenta el remate de la parte superior de forma cilíndrica, con el perfil del mismo alabeado o mixtilíneo, jugando también con el remate superior, que puede ser plano o incorporar algún elemento decorativo. Encontramos también la de tipo pomo, en la que el remate de la parte superior era un cuerpo esférico a manera de pomo, al que se le puede añadir o no virola, cuerpo que une la empuñadura con la caña, que puede adoptar diversas formas, generalmente realzando la esfera que forma la empuñadura.

  • Pablo Sarasate (1844-1908)

    Reconocido y admirado mundialmente, el violinista navarro Pablo Sarasate se constituye como una de las figuras más insignes de la música en España a finales del siglo XIX y principios del XX. Nacido en Pamplona, donde recibió su primera formación, continuó la misma en Santiago de Compostela y Pontevedra, momento en el que consiguió una beca para estudiar en Madrid y posteriormente otra de la reina Isabel II en 1856 para proseguir su formación en París. Al año siguiente de su llegada a la capital francesa, obtuvo el primer premio del conservatorio de violín, lo cual le abrió las puertas de todas las salas de conciertos europeas y americanas, y supuso el inicio de una brillante carrera como concertista.

    A lo largo de su trayectoria fue obsequiado por numerosos admiradores, entre los que se contaban no solo figuras de la realeza, como las reinas de España e Inglaterra o la emperatriz de Alemania, o de la aristocracia, caso de la princesa Metternich, el barón Rothschild o el general Schouvaloff, sino también por gobiernos de todo el mundo y personajes anónimos. Muchos de estos regalos eran en forma de joya, entre las que se incluían sortijas, alfileres de corbata, botonaduras, gemelos, relojes, pitilleras y bastones, la mayoría de las cuales fueron legadas por el artista, junto a otras piezas, al Ayuntamiento de Pamplona para ser expuestas en el museo que el Regimiento pamplonés pensaba dedicar a su ilustre paisano. Sin embargo, a pesar de poseer todas esta alhajas, Sarasate era un hombre de gran austeridad y no solía hacer uso de ellas, salvo de los bastones, llevando el músico siempre en su equipaje varias de estas obras en una bastonera portátil, por lo que pronto sus admiradores comenzaron a obsequiarle con este tipo de obras. “Averiguaron la predilección que tenía por los buenos bastones, y dieronse todos a regalárselos en abundante número y excelente calidad. De este modo Sarasate se encontró en poco tiempo con una valiosísima y artística colección de bastones, que es famosa en España y el extranjero. Es el obsequio que con más agrado aceptaba y que más usaba. En su valiosísima colección había bastones de todas las clases y de todos los países”. De esta forma, reunió una variada colección, parte de la cual, doce bastones, consideradas como las obras más ricas que poseía, donó al Ayuntamiento pamplonés entre 1905 y 1906. Piezas con ricas empuñaduras realizadas con metales nobles y piedras preciosas, algunos anónimos y otros elaborados por las principales casas joyeras europeas y americanas de su época: Fabergé, Cartier o Tiffany, así como las españolas Marzo o Ansorena.

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Exposición virtual 2
  • Bibliografía

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