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Presentación

La portada de Santa María de Sangüesa pertenece a la iglesia del mismo nombre, una de las obras más relevantes de la arquitectura románica urbana de Navarra. El templo debió de iniciarse hacia 1131, a raíz de la donación hecha dicho año por el monarca navarro-aragonés Alfonso I el batallador a la orden de San Juan de Jerusalén del palacio que tenía en la localidad, en cuyo solar se edificó, prolongándose hasta más o menos 1230, momento para el cual estaría casi concluido. Posteriormente, en el segundo tercio del XIII, se levantó el cimborrio y la aguja que lo remata, pero ya dentro del estilo gótico.

Esta portada ha gozado desde antiguo de una gran celebridad tanto en Navarra como fuera de ella. Además, la restauración llevada a cabo a lo largo de los años 2005-2009 no solo ha frenado su proceso de deterioro y proporcionado una abundante información sobre distintos aspectos –policromía, inscripciones–, sino que nos ha permitido apreciar mejor sus cualidades, fomentando si cabe dicha popularidad.

Para el público en general su atractivo se basa sobre todo en su abundante y rica temática, llena de personajes y episodios cuyo significado se le escapa, y que –por eso mismo– despiertan su curiosidad y suscitan su interés. A los ojos de un espectador “de a pie” este monumento es, básicamente, una narración en imágenes, una especie de cómic cargado de elementos fabulosos y exóticos que contrastan fuertemente con la realidad que le rodea y le permiten por un momento escapar del aburrimiento y los problemas cotidianos y dejar volar su fantasía. Paradójicamente, si este observador se ve informado por un especialista y llega a saber qué es realmente lo representado, el relato no pierde atractivo y amenidad sino que gana en ambos, porque la realidad supera en muchos casos a la ficción, y continúan persistiendo los aspectos fabulosos que bien explicados resultan aún más fantásticos: es decir, el público, además de aprender, continúa entretenido, sigue “pasando un buen rato”.

Para el especialista su valor radica básicamente en el empleo de algunas características formales –arco apuntado, disposición longitudinal de las figuras en las arquivoltas y presencia de estatuas-columnas–, que resultan muy avanzadas para la época en España, pues, aunque en nuestro país nos encontramos aún en los inicios el románico tardío, esos rasgos están tomados de portadas góticas francesas. De hecho, es la primera portada navarra en ofrecer tales elementos y en algún caso –como las estatuas-columnas–, quizás hispánica. De ahí el interés que ha suscitado entre los historiadores del arte, especialmente extranjeros –en particular franceses–, que además se ve incentivado por el origen galo del primer maestro que intervino en ella, Leodegario, y por la cuestión de su filiación y sus relaciones con la escultura francesa del primer gótico.

 

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