El Barroco, más que un estilo, una actitud
Eduardo Prieto, profesor en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, imparte la tercera sesión del ciclo de conferencias Francisco Calvo Serraller
FotoManuel Castells/
27 | 02 | 2026
Eduardo Prieto, profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, ha sido el encargado de impartir la tercera sesión del ciclo de conferencias Francisco Calvo Serraller, que la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra organiza en colaboración con la Fundación Amigos del Museo del Prado.
Su sesión ha comenzado con una anécdota personal, no porque fuera suya, sino porque se trataba de un fragmento de la vida de Tomás de Cardona. “Él no fue artista, ni arquitecto, sino un importante explorador y comerciante que triunfó gracias a sus viajes al Caribe para explotar bancos de perlas”, ha explicado. “Su éxito vino de saber colocar estas joyas en el mercado, donde destacaron por sus formas irregulares, bulbosas y muy alejadas de la norma. Justamente por su apariencia, las llamaron perlas barrocas en portugués, o en español barruecas, como las formaciones geológicas”. Con esta anécdota, el ponente ha iniciado un viaje a través de los siglos, donde ha explicado cómo se origina la palabra con la que los críticos denominaron cien años después al presunto estilo Barroco del siglo XVII. “Lo que comenzó siendo un término denigrativo para juzgar las formas y estructuras irregulares, pasó a ser un calificativo”.
Para él, la connotación negativa no es más que la muestra de la eficiencia del término. La perla barroca era llamativa porque la perla lisa era la norma. “Si no hubiera reglas, no habría innovación, transgresión”, ha afirmado. Así, algo similar ocurrió con la arquitectura del siglo XVII. Siendo el Renacimiento y el clasicismo el paradigma, el Barroco destacó porque rompía con la tradición anterior.
El Barroco, por tanto, es transgresor dentro de una tradición. Para ilustrarlo, el profesor Prieto ha mostrado ejemplos de arquitectos y obras que, dentro de la distorsión, dejaron ver sus referentes de la cultura clásica. El David de Bernini, como ha señalado el ponente, sería incomprensible sin el David de Miguel Ángel. Esta misma obra le ha servido a Prieto para destacar otro de los pilares del Barroco: el movimiento. “Es de admirar la capacidad de los artistas para dotar a la materia muda de vida”, ha señalado. La piedra barroca respira, se mueve.
Y es que ningún detalle de esta arquitectura se escoge de forma arbitraria. La consideración geométrica, la perspectiva, la maestría de la medición… Cada decisión conlleva un profundo estudio de la realidad, porque para poder distorsionarla, hace falta una sabiduría profunda de esta.
Después de haber estudiado todas las características de este estilo, Prieto ha puesto en evidencia que, a pesar de sus críticas, es innegable la relevancia del Barroco. “Dada su transversalidad, más que un estilo, podría decirse que el Barroco es una actitud. En la actualidad, se demuestra que nosotros somos herederos de esa actitud irreverente”. En un momento en el que lo digital lidera lo innovador, la arquitectura busca ser transgresora y las ciudades vuelven a su propósito eficaz pero simbólico, es acertada la conclusión de Prieto: “Igual el Barroco está cerca de nosotros”.
La última sesión de esta décima edición del ciclo será impartida por Fernando Marías, catedrático de Historia del Arte, quien adentrará al público en algunas composiciones de Velázquez para responder a una última pregunta sobre el artista sevillano: ¿Podemos calificarlo como un artista barroco?