Más de dos horas diarias de pantallas se asocia con el doble de probabilidad de cumplir criterios de posible TDAH en la infancia
La Universidad presenta, en colaboración con la Fundación Mapfre, el estudio ‘Dieta, pantallas y síntomas de TDAH en la infancia. Resultados del Proyecto SENDO’, sobre un trastorno que afecta ya a entre el 5 y 7% de los niños en España
FotoManuel Castells/
24 | 09 | 2026
Los niños que pasan dos o más horas al día frente a pantallas presentan un riesgo relativo 2,16 veces mayor de cumplir los criterios de cribado de un posible trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) que aquellos que pasan menos de una hora diaria. Asimismo, un mayor consumo de productos ultraprocesados se asocia con peores puntuaciones en las dimensiones de hiperactividad, relación con iguales, conducta prosocial e inatención.
Estas son las principales conclusiones del informe ‘Dieta, pantallas y síntomas de TDAH en la infancia. Resultados del Proyecto SENDO’, elaborado por el grupo de investigación de la Universidad de Navarra con el apoyo de Fundación Mapfre. El estudio se desarrolla en el marco del Proyecto SENDO, una cohorte pediátrica prospectiva (un grupo de niños que se monitoriza durante un periodo de tiempo) que estudia cómo diferentes factores del estilo de vida se relacionan con la salud infantil. En este análisis concreto, los investigadores se han centrado específicamente en la alimentación y el tiempo de exposición a pantallas y su relación con la salud psicoemocional y conductual, y los síntomas de TDAH, un trastorno que afecta ya a entre el 5 y 7% de los niños en España.
“El TDAH tiene un origen complejo en el que intervienen factores genéticos y neurobiológicos, pero también determinados hábitos que forman parte del entorno en el que se desarrolla la infancia. Con este estudio hemos analizado si factores potencialmente modificables, como la alimentación o el tiempo de exposición a pantallas, se relacionan con una mayor probabilidad de cumplir los criterios de cribado de un posible TDAH”, destaca la Dra. Nerea Martín Calvo, investigadora del Instituto de Nutrición y Salud, especialista en pediatría y profesora del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra. Al tratarse de un estudio observacional, estos resultados no permiten establecer una relación causal; sin embargo, tal y como indica la especialista, contar con estudios prospectivos como este es importante porque “permite avanzar en el conocimiento de una relación que todavía necesita más investigación y observar estos hábitos antes de evaluar posteriormente los síntomas”.
“La relevancia de estos resultados reside en que, por ejemplo, la alimentación y la exposición a pantallas son aspectos sobre los que las familias pueden actuar. Promover hábitos saludables, como priorizar una alimentación basada en alimentos frescos y limitar el tiempo frente a dispositivos electrónicos, puede formar parte de un enfoque integral para favorecer la salud y el bienestar infantil”, destaca Eva Arranz, médico de Fundación Mapfre.
Metodología prospectiva
El TDAH es uno de los trastornos del neurodesarrollo más frecuentes de la infancia y sus síntomas incluyen desde dificultades de atención (inatención), hiperactividad o impulsividad, pudiendo repercutir en distintos ámbitos de los niños, como el aprendizaje, la convivencia y las relaciones sociales. Hasta ahora, una parte importante de la evidencia disponible procede de estudios transversales, en los que los hábitos y los síntomas se evalúan en a la vez. Esto dificulta conocer qué ocurre primero y, por tanto, estudiar la secuencia temporal entre los hábitos y los indicadores posteriores de salud psicoemocional.
La principal particularidad de este trabajo es precisamente su diseño prospectivo. En este análisis, los hábitos relacionados con la alimentación y las pantallas se registraron aproximadamente dos años antes de la evaluación final de los indicadores de conducta y síntomas de TDAH. De este modo, los investigadores pueden estudiar la secuencia temporal entre los hábitos y los indicadores posteriores de salud psicoemocional y valorar si determinadas exposiciones preceden en el tiempo a las diferencias observadas posteriormente. Sin embargo, al tratarse de un estudio observacional, no permite establecer que esos hábitos sean la causa de los síntomas ni del TDAH.
El estudio ha analizado a 568 niños, con edades entre los 4 y 5 años al inicio del estudio. La información sobre alimentación, actividad física, sedentarismo, sueño y otros aspectos relacionados con la salud se recogió mediante cuestionarios cumplimentados por los padres. Para valorar estos resultados, los investigadores utilizaron dos herramientas complementarias. Por un lado, el Strengths and Difficulties Questionnaire (SDQ), un cuestionario de 25 preguntas diseñado para valorar cinco dimensiones del comportamiento y el bienestar emocional y social de los niños: síntomas emocionales, problemas de conducta, hiperactividad, relaciones con los compañeros y conducta prosocial (comportamientos positivos en la relación con otras personas, como ayudar, cooperar o mostrar consideración hacia los demás). Por otro lado, se utilizó la escala de TDAH de DuPaul, que consta de 18 ítems y se centra específicamente en dos grupos de síntomas relacionados con este trastorno: inatención e hiperactividad/impulsividad.
Ambas herramientas permiten cuantificar la presencia e intensidad de determinados síntomas y realizar un cribado, pero no sustituyen una valoración clínica ni permiten por sí mismas establecer un diagnóstico definitivo de TDAH.
Dos horas diarias de pantallas duplican la predisposición a un posible TDAH
Los resultados han puesto de manifiesto que un 10,9% de los participantes cumplieron los criterios de un “posible TDHA” según la escala Du Paul. “Esta clasificación no equivale a que esos niños tengan un diagnóstico de TDAH. Se trata de una herramienta de cribado que nos permite identificar a aquellos que presentan más síntomas y que, por tanto, podrían requerir una valoración clínica más completa”, explica la Dra. Martín-Calvo.
En el grupo analizado, el 61% de los niños dedica menos de una hora diaria a las pantallas, mientras que el 39% pasa una hora o más al día frente a ellas. En relación con los diferentes niveles de exposición, los investigadores observaron que pasar entre una y dos horas al día se asocia con un riesgo relativo del 1,22 de cumplir los criterios de posible TDAH, mientras que en los niños que están dos horas o más el riesgo relativo alcanza un 2,16. Es decir, los niños que pasan dos horas o más diarias frente a pantallas duplican la probabilidad de cumplir los criterios para identificar un posible TDAH.