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La sombra de Weimar

La sombra de Weimar

RESEÑA

01 | 07 | 2026

Texto

Lo que puede esperarle a la democracia si se deja arrastrar por el plano inclinado de recetas que prometen soluciones inmediatas y fáciles a problemas complejos

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Portada del libro de Volker Ullrich ‘El fracaso de la República de Weimar. Las horas fatídicas de una democracia’ (Barcelona: Taurus, 2024), 494 p.

En un mundo como el actual, en el que las democracias liberales se ven amenazadas en sus fundamentos por populismos de todo signo, ‘El fracaso de la República de Weimar’ aparece como el canario en la mina que alerta del peligro que les acecha si se dejan arrastrar por el plano inclinado de determinadas recetas políticas que prometen soluciones inmediatas y fáciles a problemas complejos. Esa, y no otra, parece ser la intención del historiador alemán Volker Ullrich quien, no por casualidad, abre este fascinante volumen sentenciando: “Las democracias son frágiles. Pueden transformarse en dictaduras. Libertades que parecen firmemente confirmadas pueden desaparecer”. Por eso, y pese a ser un relato histórico, el libro debe incluirse, por mérito propio, en el amplio elenco de obras como ‘El ocaso de la democracia’ de Appelbaum; ‘Cómo muere la democracia’, de Levistky y Ziblatt, o como el clásico de Arendt ‘Los orígenes del totalitarismo’, que abordan la misma cuestión desde otros ángulos.

Sin pretender ser la obra definitiva sobre este malhadado período de la historia reciente de Alemania, que tantas promesas frustró, y que a tantos horrores precedió, el libro hace un ágil recorrido por los hitos fundamentales del breve experimento de la República de Weimar. El recurso a numerosos testimonios directos, y el intenso trabajo de hemeroteca desplegado por el autor, muestra al régimen que sucedió al Segundo Reich acechado desde sus comienzos desde los extremos, representados por actores como la Liga Espartaquista, el Partido Comunista, la Brigada de Marina de Ehrhardt o, sobre todo, y de manera fatal, el NSDAP de Adolf Hitler. El relato así trenzado captura con habilidad y gran vivacidad el clima que se vivía en la Alemania de postguerra.

El enfoque de Ullrich es, en general, ponderado, aunque está indisimuladamente centrado en el papel protagónico de un inmaculado socialismo que aparece como el principal —a veces, como el único— muñidor y defensor del experimento democrático de Weimar frente al embate de actores como las fuerzas armadas, los representantes de la banca y la industria pesada o la aristocracia terrateniente ‘Junker’ del Este del Elba, ubicados todos a la derecha del espectro político y empeñados en el fracaso del proyecto de Weimar antes, incluso, de que el NSDAP emergiera como la irresistible fuerza política que, a la postre, hundió Alemania y, por ende, el resto del mundo, en uno de los episodios más oscuros de la Historia de la Humanidad. Mientras, el papel de las fuerzas conservadoras moderadas comprometidas con el triunfo de la República, probablemente limitado, aparece muy desdibujado; tanto como el las fuerzas que, desde la izquierda marxista, buscaban la sovietización de Alemania, sometiendo al régimen, y a toda la sociedad germana, a una presión que no se puede obviar para entender la radicalización de otras posturas, y que se presentan envueltas de una cierta pátina idealizante, particularmente visible en el relato sobre el final de los líderes espartaquistas Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht.

Quizás, lo más significativo de este título sea la refutación de la idea de la inevitabilidad del hundimiento de la República de Weimar, lastrada por las exigencias de Versalles y por la crisis económica global de los años veinte, con su estela de hiperinflación y desempleo. La obra es, en el fondo, un intento de probar cómo incidentes aislados como el asesinato del ministro Rathenau o decisiones personales erróneas resultaron críticas. Episodios como, por ejemplo, el empeño de Brüning en sus políticas de austeridad a ultranza; la opción de Von Pappen por Hitler, convencido de su capacidad de neutralizar al cabo austriaco, o la entrega al líder del partido nazi de la cancillería por el presidente Hindenburg a comienzos de 1933, aparecen, vistos en perspectiva, como eslabones de una fatal cadena que condujo al género humano al precipicio.

El libro resulta fascinante. Una crítica superficial puede, fácilmente, descartarlo por catastrofista. Es verdad que Europa no está, actualmente, sumida en un escenario tan dramático como el que tuvo que confrontar la República de Weimar; que hoy existe una densa red de asistencia social que protege a los más desfavorecidos; y que las posibilidades de gestionar crisis antes de que escalen son mayores que en la Europa de los años veinte del siglo XX. Sin embargo, las bases de la estabilidad europea son algo más precarias que hace tan solo unos años; en semejante contexto, cisnes negros y decisiones aparentemente intranscendentes pueden terminar desencadenando una tormenta de consecuencias irreparables. Asumiendo todas las diferencias, el caso de la República de Weimar invita a reflexionar sobre la fragilidad de las democracias, que no pueden darse por sentadas, y sobre la necesidad de preservarlas, protegerlas, y defenderlas de los peligros, objetivos y subjetivos, que las acechan.

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