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Manuel Herrera, en una mesa redonda organizada por el British American Security Information Council (BASIC), del que es investigador
El 16 de diciembre de 2025, el Consejo de Seguridad Nacional aprobó la ‘Estrategia Nacional contra la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva (ADM)’, que recoge por primera vez la hoja de ruta española para hacer frente a las amenazas nucleares, radiológicas, químicas y biológicas (QBRN). Publicado oficialmente en el Boletín Oficial del Estado (BOE) el 16 de febrero de 2026, este documento sitúa a España como el primer país de su entorno en adoptar una estrategia centrada, específicamente, en cómo abordar los riesgos asociados al desarme y la no proliferación de ADM en el contexto de inestabilidad geopolítica actual. En consecuencia, marca un hito en cuanto al papel de España en este ámbito: no sólo supone la primera Estrategia Nacional sobre las amenazas QBRN, sino que se presenta como el único Estado no-nuclear de la alianza atlántica en definir una posición nacional concreta al respecto.
Desde el Center for Global Affairs and Strategic Studies (GASS) de la Facultad de Derecho de la Universidad de Navarra, hemos querido abordar esta cuestión, y hemos hablado con Manuel Herrera, investigador principal en BASIC (British American Security Information Council), un centro de investigación independiente y sin ánimo de lucro con sede en Londres. El ‘think tank’ trabaja con el objetivo de proteger a la humanidad, a las generaciones futuras y al ecosistema de la Tierra frente a los riesgos nucleares y las amenazas de seguridad relacionadas. Y, con este gran propósito sobre sus hombros, Manuel lidera el Programa de No Proliferación y Desarme en BASIC, así como el proyecto ‘Monitor’ del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Dada su experiencia y recorrido en el estudio de las armas de destrucción masiva, en general, y las armas nucleares, en particular, Manuel participó en la redacción de la ‘Estrategia Nacional contra la Proliferación de ADM’. En esta entrevista nos habla de la posible repercusión de dicha Estrategia, así como por el estado actual del régimen de desarme y no proliferación internacional.
Muchas gracias por atendernos y por arrojar algo de luz en torno a la reciente Estrategia Nacional contra la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva. En este documento, España plantea el “cuestionamiento estructural del sistema”. ¿A qué crees que se refiere con estas palabras?
Gracias a vosotros por contar conmigo.
Es importante tener en cuenta que la Estrategia Nacional es el resultado de un ejercicio colegiado, de conversaciones entre distintos participantes y departamentos de la Administración General del Estado, que hacen una valoración conjunta y acordada de la situación. También participamos asesores externos, que presentamos propuestas, revisiones, actualizaciones, datos concretos que puedan enriquecer el documento.
A mi parecer, la referencia al “cuestionamiento estructural del sistema” es el resultado de estas conversaciones, que muestran la percepción del Reino de España con respecto a los problemas del actual sistema internacional de no proliferación y desarme como foco principal del documento. Los aspectos relacionados con el control de armamentos, en cambio, quedan relegados a un segundo plano, y hay una razón lógica para ello. España no tiene capacidad práctica en términos de armamento nuclear como para poder sentarse a discutir de tú a tú, digamos, por ejemplo, con Estados Unidos, aspectos relacionados con el control de este tipo de armamento. No es un escenario posible ni viable. Por todo esto, el citado “cuestionamiento estructural del sistema” responde, más bien, a un consenso entre las distintas administraciones públicas que han elaborado la Estrategia Nacional y que perciben que el sistema está roto o en crisis.
Con todo esto, bajo mi punto de vista, el “cuestionamiento estructural del sistema” no es del todo correcto. La referencia habitual al fracaso de los tratados fundacionales de los regímenes de no proliferación y desarme —principalmente el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), la Convención sobre las Armas Químicas (CAQ) y la Convención sobre las Armas Biológicas y Toxínicas (CABT)— no me parece del todo acertada, pues considero, por ejemplo, la CAQ como un ejemplo de éxito en el ámbito de la no proliferación y el desarme. La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) ha sido capaz de desmantelar todos los arsenales de armas químicas declarados del mundo. Queda pendiente la cuestión siria, cuya resolución avanza desde el cese de las hostilidades y la llegada al poder de Ahmed al-Sharaa, tras la caída del régimen de Bashar al-Asad. Aunque existen retos pendientes, el desarme químico se ha producido, se ha conseguido eliminar toda una tipología de arma de destrucción masiva de forma eficaz y verificable. Por lo tanto, hablar de “cuestionamiento estructural del sistema” sea, quizás, lanzarnos piedras sobre nuestro propio tejado.
En tu opinión, ¿puede sobrevivir el Tratado de No Proliferación Nuclear sin avances reales en desarme?
Buena parte del problema radica en la compleja situación que atraviesa el TNP. Las últimas conferencias de revisión, de 2015 y 2022, acabaron sin documento de consenso final, dando pie a tensiones geopolíticas y preocupación por parte de los Estados nucleares y no nucleares. Al mismo tiempo, hemos constatado el nacimiento del Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TPAN), que rivaliza conceptualmente hasta cierto punto con el TNP, o así lo han percibido algunos Estados Parte del TNP en su afán por forzar la aplicación del artículo 6, que precisamente obliga a negociar de buena fe medidas eficaces para frenar la carrera de armamentos nucleares, lograr el desarme nuclear y alcanzar un tratado de desarme general y completo.
La Undécima Conferencia de Examen del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) se celebró del 27 de abril al 22 de mayo de 2026 en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, concluyendo sin la adopción de una declaración final por falta de consenso. Tú que has podido vivir en primera persona estas reuniones, ¿qué sensaciones traes de esta última conferencia de revisión del TNP?
Sinceramente, mis sensaciones son relativamente positivas, y diría que el TNP goza de una mejor salud de lo que percibía antes de estas conversaciones. Es habitual que, a lo largo de las primeras conversaciones, el primer día de reuniones, haya ciertos rifirrafes en torno a cuestiones de procedimiento, como la vicepresidencia de Irán o los pagos de la propia conferencia de revisión, algo que me sorprendió notablemente. Más allá de estas cuestiones, que considero anecdóticas, en el tiempo que yo participé en la Conferencia no presencié ningún gran conflicto entre Estados nucleares, no se produjeron vetos cruzados ni intentos para echar por la borda las negociaciones que allí nos reunían. Buena prueba de ello es que la presidencia de la conferencia, en este caso Vietnam, fue capaz de presentar un primer borrador de documento final al cabo de una semana y media, algo que nunca había sucedido antes. En un primer momento, era un documento muy simple, nada extraordinario ni revolucionario. Pero mostraba un consenso en ciertos puntos, algo que ya me pareció todo un avance.
Ahora bien, por aquel entonces, el documento final todavía estaba por cerrar, y realmente el objetivo de estas Conferencias de Revisión del TNP es precisamente tratar de llegar a un consenso, aunque sea de mínimos, algo que finalmente no se consiguió, ya que no hubo consenso para adoptar una declaración final conjunta.
Desde que Rusia comenzó su ofensiva en Ucrania en febrero de 2022, apreciamos un resurgir de la retórica nuclear que, de cierta manera, nos ha recordado a los debates que se sucedieron durante la carrera armamentística durante la Guerra Fría. Dicha retórica ha continuado con las amenazas nucleares de Corea del Norte, o con la supuesta nuclearización de Irán que —teóricamente— incitó a la Administración Trump a iniciar una guerra en territorio iraní. ¿Cómo crees que influye la situación geopolítica actual, tanto en las conversaciones en los foros internacionales como en la propia Estrategia Nacional?
Considero que la tensión en el ámbito nuclear es relativamente constante. Estos días en Nueva York discutiendo con algunas delegaciones, comentaban la necesidad de considerar la situación geopolítica, el contexto de seguridad del sistema internacional, como elemento de discusión durante las negociaciones y para la redacción del documento final. Ahora bien, estas son posturas nacionales muy concretas; no obstante, es más habitual que los Estados que participan en este tipo de conferencias traten precisamente de evitar que las cuestiones geopolíticas se inmiscuyan en las conversaciones para no afectar en la medida de lo posible los avances en la correcta aplicación del tratado, en este caso del TNP.
Es un ejercicio de equilibrio diplomático bastante complicado porque este, y cualquier otro tratado de desarme y no proliferación, no existen en un vacío político, sino que se ven afectados por las dinámicas del sistema internacional. Sin embargo, a mi parecer, los Estados Parte hacen un ejercicio de diálogo y consenso en busca del bien común. Por ejemplo, la aplicación del artículo 4 del TNP, que permite los usos pacíficos de la energía nuclear, fue un pilar en las conversaciones y objeto de extenso debate. En esta misma línea, los Estados Parte debatieron sobre sus compromisos de transparencia y rendición de cuentas en el marco del TNP, así como la correcta aplicación de las medidas de salvaguardia del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).
¿Crees que la comunidad internacional, incluyendo España, ha asumido de facto que Corea del Norte no va a desnuclearizarse?
Es cierto que tanto Corea del Norte como Irán estuvieron en el centro de algunas conversaciones, retratados por algunos países como responsables por el incumplimiento del TNP. Dicho esto, cabe recordar que Corea del Norte decidió retirarse unilateral y voluntariamente del TNP, y esa es una cuestión que, atendiendo a la soberanía de los Estados, no podemos impedir.
¿Qué postura crees que tiene España en torno a los usos pacíficos de la energía nuclear, o de los desarrollos científicos en los ámbitos biológico y químico? Este tema también fue ampliamente debatido en la séptima sesión del Grupo de Trabajo para el fortalecimiento de la Convención de las Armas Biológicas que tuvo lugar entre el 8 y el 12 de diciembre de 2025 en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra.
España ha mostrado una postura firme y acorde con la aplicación del artículo 4 del TNP, y afirma que favorecerá, en la medida de sus capacidades, la efectiva aplicación de este artículo 4 que promueve el desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos, siempre y cuando se cumplan los compromisos de no-proliferación previstos en el propio Tratado (Artículos II y III). España no es un gran suministrador nuclear, en comparación con otros Estados, no fabricamos reactores ni componentes de reactores a gran escala. Aun así, muestra su firme compromiso y disposición para dar cumplimiento a las obligaciones de los tratados de desarme y no proliferación, en general, y del TNP, en particular.
El documento habla de semiconductores y computación cuántica. ¿Por qué son relevantes este tipo de productos para la proliferación?
Estos productos de los que habla la Estrategia Nacional son importantes para la no proliferación por su carácter de doble uso, es decir, tienen aplicaciones pacíficas, pero también militares. Es necesario controlar, conocer, cuál va a ser el uso final de esos productos, con qué intención van a ser utilizados. Ocurre con muchos otros productos, tangibles o intangibles, en el ámbito de la medicina, los zootrópicos, incluso los filtros para el agua, las desalinizadoras, u otro tipo de equipamiento tecnológico que también podría destinarse a un fin malicioso, en muchos casos relacionado con el desarrollo de armas de destrucción masiva, nucleares, biológicas o químicas.
Es decir, hay numerosas aplicaciones de doble uso, más allá de la energía nuclear, en las que España sí participa, y tiene intereses económicos, industriales, comerciales. Esta cuestión ha sido ampliamente controvertida en el ámbito de las armas biológicas, cuyo tratado internacional, la Convención sobre las Armas Biológicas, no cuenta con un mecanismo de verificación. Generalmente se considera que esto dificulta alcanzar los objetivos de la Convención, garantizar su aplicación efectiva. Pero, a su vez, puede responder a los intereses económicos de los Estados con una industria biotecnológica de peso. Son muchos los ‘stakeholders’ involucrados en los sectores industriales que desarrollan productos de doble uso, investigan con productos de doble uso, o transmiten información sensible relacionada.
Entonces, ¿es posible controlar tecnologías de doble uso en un mundo globalizado?
Es difícil, pero no imposible. Es interesante la evolución del Derecho internacional en este sentido. Después de desarrollar tratados jurídicamente vinculantes que imponen obligaciones a los Estados Parte, la comunidad internacional tiende a crear foros multilaterales, códigos de buenas prácticas, normas de comportamiento con carácter político que han sido hasta cierto punto consensuadas.
Cambiando un poco de tercio, no quería dejar de preguntarte, como en cualquier ámbito de estudio hoy en día, por la influencia del desarrollo tecnológico y, especialmente, de la inteligencia artificial ante la amenaza que plantean las armas de destrucción masiva. ¿Cómo afronta la Estrategia Nacional esta realidad?
Como bien vaticinas, la tecnología y la inteligencia artificial estuvieron muy presentes en las conversaciones. De hecho, el desarrollo de las tecnologías emergentes es un debate ya casi recurrente en el contexto del TNP y del resto de Convenciones internacionales de no proliferación y desarme. En esta última conferencia de revisión, algunas delegaciones mencionaron la relevancia de la Inteligencia Artificial (IA), del ámbito espacial, de las tecnologías cuánticas y cómo estos desarrollos tecnológicos están aquí para quedarse, incluso acentuarse en los próximos años. Va a ser necesario que, tanto diplomáticos, como investigadores, como la industria tecnológica lo afrontemos desde un punto de vista proactivo, atendiendo a las oportunidades que ofrece como instrumento de seguridad y capacitación, como el denominado ‘nuclear forensics’, y no sólo como fuente de riesgo y preocupación. Ahora bien, estos riesgos existen, obviamente, y es preciso trabajar para alcanzar consensos entre los Estados Parte para establecer cómo se tienen que utilizar estas nuevas tecnologías, ya sea para ejercer la diplomacia pública, o para desarrollar un arsenal biológico, químico o nuclear.
¿Crees que están quedándose obsoletos los sistemas de control de exportaciones existentes?
Creo que se trabaja encarecida y constantemente por conseguir avances y adaptarse a las circunstancias cambiantes. Por ejemplo, Estados Unidos y China alcanzaron un acuerdo político en 2024 para no incorporar la IA al comando y control nuclear de estos dos países. Es un acuerdo de mínimos, pero permite seguir avanzando.
Manuel, con esta última reflexión esperanzadora nos despedimos, no sin agradecerte de nuevo una conversación tan actual, interesante y necesaria para entender el contexto geopolítico actual en el ámbito de la no proliferación y el desarme de las armas de destrucción masiva, y la novedosa Estrategia Nacional de España. ¡Esperamos tenerte pronto con nosotros de nuevo!
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* Mónica Chinchilla es investigadora principal de GASS, en el área de control de armamentos y no proliferación de armas de destrucción masiva; es profesora de Derecho Internacional Público en la Universidad de Navarra