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La Gran Norteamérica: Un cuarto de esfera terrestre como ‘dominio’ de EEUU

La Gran Norteamérica: Un cuarto de esfera terrestre como ‘dominio’ de EEUU

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08 | 05 | 2026

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La Administración Trump demarca el perímetro de seguridad estadounidense: “desde Groenlandia hasta Ecuador y desde Alaska hasta Guyana”

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El cuarto de esfera, del Polo Norte a la línea del ecuador y de Hawái a la proximidad de las Azores y Cabo Verde

Versión en PDF / Informe Seguridad Regional Americana SRA 2026 [pdf completo]

 

√ La ‘Doctrina Donroe’ ya tiene su mapa, aunque no hay una versión gráfica oficial: su plasticidad revelaría una pulsión imperial para la que aún parece haber cierto pudor.

√ Del Gran Caribe del Corolario Roosevelt se pasa a la Gran América del Norte del Corolario Trump: un mismo propósito en un territorio extendido hacia el norte y el sur.

√ El Departamento de Guerra dice tener intención de encargarse de la seguridad hasta el ecuador; con los países situados más allá habrá alianzas para “distribuir la carga”.

 

El calificativo de ‘imperial’ que en ocasiones se utiliza para la segunda presidencia de Donald Trump responde no solo a un estilo de gobierno, sino también a una actitud hacia los países vecinos y sus territorios. Ya antes Trump había hablado de adquirir Groenlandia y apuntado la conveniencia de recuperar el Canal de Panamá, pero desde que regresó a la Casa Blanca en enero de 2025 no ha dejado de mostrar un interés de dominio geográfico sobre el espacio que circunda a Estados Unidos.

En algunos embates ha preferido no ir más lejos, como en la amenaza de invadir Groenlandia o la ‘invitación’ a Canadá a integrarse en EEUU; en otros ha logrado algunos avances mediante presiones, como la expulsión del gestor chino de las terminales portuarias de las dos bocas del Canal, y en otros ha decidido jugar con fuerza sus cartas, como el despliegue del Comando Sur en el Caribe, la agresión militar de Venezuela y detención de Maduro y el bloqueo petrolero de Cuba.

Esas acciones han ido acompañadas de una doctrina que las explica. Los documentos estratégicos de seguridad y de defensa publicados en noviembre de 2025 y enero de 2026 han invocado la Doctrina Monroe y bautizado como ‘Corolario Trump’ la especificación que de ella hace la presente Administración. Pero a esa formulación le faltaba un mapa, y este lo describió en sus parámetros el secretario de Guerra, Pete Hegseth, el 5 de marzo en una intervención ante autoridades de defensa hemisféricas (Conferencia de las Américas sobre la lucha contra los carteles):

“La respuesta a nuestro desafío no reside en ignorar nuestra geografía en nombre de los intereses globales, sino en aceptar nuestra geografía compartida en nombre de los intereses nacionales. Por eso, el presidente Trump ha trazado un nuevo mapa estratégico que abarca desde Groenlandia hasta el Golfo de América, el Canal de Panamá y los países circundantes.

En el Departamento de Guerra, denominamos a este mapa estratégico la Gran Norteamérica. ¿Por qué? Porque cada nación y territorio soberano al norte del ecuador, desde Groenlandia hasta Ecuador y desde Alaska hasta Guyana, no forma parte del ‘Sur Global’. Es nuestro perímetro de seguridad inmediato en esta gran región en la que todos vivimos. Cada uno de estos países limita con el Atlántico Norte o el Pacífico Norte.

Cada uno de estos países se encuentra al norte de las dos barreras geográficas básicas de esta región: la Amazonía y la Cordillera de los Andes. Se trata de geografía básica que no se enseña en las escuelas con la frecuencia necesaria. Y restablece nuestras relaciones Norte-Sur, y debemos hacerlo bien. En el Norte, Estados Unidos debe reforzar su postura y presencia, en cooperación con ustedes y nuestros socios soberanos, para defender nuestro perímetro de seguridad inmediato compartido.

En el Sur, es decir, al sur del ecuador, al otro lado de esta gran vecindad, fortaleceremos las alianzas mediante una mayor distribución de la carga. Esto les permitirá asumir un papel más importante en la defensa del Atlántico Sur y el Pacífico Sur, y en la protección de infraestructuras y recursos críticos en colaboración con nosotros y otras naciones occidentales.

Esto es lo que hicimos en la Segunda Guerra Mundial, al igual que hundimos barcos con torpedos. En el Departamento de Guerra, lo llamamos defensa del ‘cuarto de esfera’, y lo haremos de nuevo. Si nos tomamos en serio nuestra seguridad nacional y si priorizamos la geografía, no podemos seguir como hasta ahora. Esto significa que, para cada país de este hemisferio, la seguridad fronteriza debe ser su máxima prioridad”.

La ’Doctrina Donroe’, pues, tiene su mapa, el de la ‘Gran Norteamérica’, como el Departamento de Guerra ha bautizado el ámbito de más estrecha aplicación de esa doctrina. Sin embargo, no hay una versión gráfica oficial: su plasticidad revelaría una pulsión imperial que para la que aún parece haber cierto pudor.

El ‘gran’ antepuesto

Cuando a una geografía se le antepone el adjetivo ‘gran’ se suele significar un espacio que excede las dimensiones del término original: unas veces sirve de mero descriptor de una región natural que sobrepasa fronteras en realidad forzadas, y otras tiene un propósito ideológicamente programático (nacionalista, imperialista o irredentista).

En Estados Unidos se ha hablado a veces del Gran Caribe para indicar el conjunto marítimo que engloba el mar Caribe y el Golfo de México, remarcando que a la gran potencia norteamericana le incumbe muy directamente lo que ocurre al sur de su litoral. De esta forma, históricamente, el Caribe pasó a ser un lago estadounidense y Estados Unidos su gendarme.

Esto ocurrió cuando la Doctrina Monroe (1823), inicialmente defensiva pues reclamaba a las potencias europeas ‘respeto’ para todo un hemisferio occidental recién independizado en múltiples repúblicas, dejó de lado su panamericanismo continental y pasó a ser ofensiva. Ahí la doctrina fue remasterizada como Corolario Roosevelt (1904) y convirtió el Gran Caribe en el ‘patio trasero’ de Estados Unidos. Hoy, el Corolario Trump (2025) pretende extender a la Gran Norteamérica, un área mucho mayor, el ámbito de ‘dominio’ estadounidense.

En realidad, el proceso tiene algo de acordeón: en el siglo que media entre los dos corolarios, Washington intervino en todo el hemisferio (fue la Doctrina de Seguridad Nacional, con la que auspició golpes de estado o influyó a través de dictaduras militares), en el marco de la lucha global contra el comunismo de la Guerra Fría. Con la certeza ahora de que Rusia ya no es una amenaza planetaria, EEUU se repliega estratégicamente: pero ahora la plataforma ya no es el Gran Caribe, que le sirvió de trampolín en su crecimiento como potencia mundial, sino la Gran América del Norte, que debe servirle para garantizarse una base de suministros y de seguridad frente a China, su nuevo rival, en un mundo de globalización fragmentada.

¿Diseño o improvisación?

No está claro cuánto de la acción de Donald Trump sigue realmente un diseño y cuánto es mera improvisación. La guerra contra Irán, por ejemplo, no aparece en la Estrategia de Defensa Nacional, en la que Oriente Medio perdía significancia, y va en sentido contrario al atrincheramiento en el hemisferio occidental que la ‘Doctrina Donroe‘ predicaba. Más bien hay que pensar que los documentos estratégicos de la Administración Trump son un intento de poner orden y dirección a planteamientos de hecho menos disciplinados; incluso su elaboración podría ser un cometido que Trump deja a aquellos asesores más ideologizados para que se autorrealicen, sin que él dé valor a las formulaciones resultantes.

De todos modos, basta el deseo expresado por Trump de controlar Groenlandia, su advertencia de que puede traspasar la frontera de México para perseguir a los carteles de droga, su desconsideración hacia el sentimiento nacional de Canadá y su jactada intención de hacerse con Cuba, además de los ataques realizados contra narcolanchas en el Caribe y en el Pacífico y haber dispuesto a la fuerza del petróleo de Venezuela, para entender que el mapa en cuestión —del Polo Norte a la línea del ecuador (y podría añadirse que de las islas Hawái hasta la proximidad de las Azores y Cabo Verde)— es percibido por esta Administración como área de dominio de Estados Unidos, al menos de un control relativamente directo. Esa demarcación (un cuarto de esfera terrestre, el semihemisferio noroccidental) ha sido presentada como el ‘perímetro de seguridad’ de EEUU, pero responde más bien a un planteamiento de ‘derecho de injerencia’.

El propio Hegseth distingue entre los países al norte del ecuador, que están más condicionados a mantener una colaboración con Estados Unidos en los términos que este plantee, y los que se ubican al sur, con los cuales bastarán “alianzas”. Da a entender que en el norte EEUU tiene intención de encargarse directamente de la seguridad, lo que en última instancia convierte ese vasto espacio en una suerte de protectorado, mientras que en el sur habrá una mayor “distribución de la carga” en materia de seguridad. En este contexto, Trump reunió en marzo en Miami a una docena de presidentes latinoamericanos para poner en marcha el Escudo de las Américas, un acuerdo de cooperación militar con el que la Casa Blanca pretende hacer avanzar sus intereses estratégicos en la región.

* Emili J. Blasco es director de GASS y coordinador del programa de Geopolítica Aplicada en el grado de Relaciones Internacionales de la Universidad de Navarra

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