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Canadá acelera el refuerzo militar en sus territorios árticos para apaciguar a Trump

Canadá acelera el refuerzo militar en sus territorios árticos para apaciguar a Trump

ARTÍCULO

08 | 05 | 2026

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Ottawa reacciona para neutralizar la ‘invitación’ de la Casa Blanca a convertirse en el estado 51 de EEUU

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Rompehielos canadiense [Gov. de Canadá]

Versión en PDF / Informe de Seguridad Regional Americana SRA 2026 [pdf completo]

 

√ A comienzos de 2026 Canadá anunció un plan para modernizar sus bases militares y las infraestructuras viarias en su Alto Norte.

√ El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha agilizado el pacto con Estados Unidos y Finlandia para aumentar la flota de rompehielos.

√ Trump ha tratado al premier canadiense como si fuera un gobernador más de EEUU y ha publicado memes con la bandera estadounidense cubriendo ambos países.

 

Como es habitual en su estilo negociador, el presidente Donald Trump fija objetivos máximos para obtener resultados más modestos. Sus amenazas de comprar u ocupar militarmente Groenlandia, así como de incorporar Canadá como el estado número 51 de la Unión, no se materializarán. El desenlace pasará por una mayor cooperación militar, sin pérdida de soberanía de los países afectados. Así, Trump ha logrado que, en el caso en el caso de Canadá, el gobierno de Ottawa haya priorizado su postura defensiva en el norte, transitando de planes a largo plazo a medidas concretas e inmediatas.

Trump ya tuvo en su primer mandato algún momento de desconsideración hacia la personalidad nacional de Canadá, pero en su retorno a la Casa Blanca, tanto en la campaña electoral como una vez comenzada la presidencia el 20 de enero de 2025, insistió en la conveniencia de que el vecino país se integrara en Estados Unidos. Trató de ‘gobernador’ al entonces primer ministro canadiense, Justin Trudeau, como si su país fuera un estado más de EEUU, y utilizó memes en redes sociales donde la bandera estadunidense cubría también Canadá.

Estaba claro que Trump no podía avanzar en ese propósito y que muchas de sus declaraciones solo buscaban haber rabiar a los dirigentes canadienses. Pero en última instancia había un diseño para hacer frente al deshielo del Ártico y los riesgos geopolíticos que este supone, de forma que la Administración Trump empujó la relación con Canadá al ámbito de la ‘securitización’, como también hizo con Groenlandia.

Desde su primer mandato, Trump criticó la escasa inversión canadiense en defensa y la consiguiente incapacidad de proteger su territorio septentrional, presentándola como un problema de seguridad para Estados Unidos y para el orden internacional. En la Cumbre de la OTAN de 2019, instó a Canadá a aumentar su gasto en defensa preguntando entonces si algún día destinaría el 2% de su PIB a ese fin. Canadá respondió elevando el gasto al 1,4% en 2020, pero luego ese porcentaje se relajó durante la presidencia de Joe Biden, bajando al 1,2% en 2022, según datos del Banco Mundial. Con el regreso de Trump, Canadá ha acelerado la materialización de dos iniciativas árticas, el ‘Icebreaker Collaboration Effort Pact’ (ICE Pact) y la estrategia ‘Our North, Strong and Free’.

Iniciativas canadienses

El ICE Pact, firmado junto con Finlandia y Estados Unidos, busca ampliar la flota polar mediante nuevo equipamiento y una producción más ágil. Para ello, establece un sistema de intercambio de información sobre los rompehielos de modo que las sucesivas construcciones sean eficientes en tiempo y coste. Los rompehielos son activos fundamentales para preservar la soberanía y defensa canadiense en el norte, ya que permiten tanto rutas comerciales seguras como patrullas militares de vigilancia.

Sin embargo, el acuerdo aún no se ha traducido en un aumento real de la flota canadiense, que sigue contando con 18 rompehielos, aunque se prevé la incorporación de dos nuevas unidades antes de 2030. Ahora bien, incluso con esas adiciones, Rusia triplica en número esta flota, lo que otorga mayor fundamento a las críticas de Trump sobre la incapacidad defensiva de Ottawa (Estados Unidos solo tiene dos).

‘Our North, Strong and Free’ aborda de forma más directa el refuerzo de la defensa ártica mediante un presupuesto multimillonario que incluye sensores marítimos especializados y la construcción de una nueva estación terrestre satelital en la región. La estrategia recoge, además, el compromiso explícito de alcanzar el 2% del PIB en defensa. No obstante, su horizonte de implementación es de veinte años, un plazo que puede resultar excesivo ante el interés de Washington por reforzar la defensa ártica con inmediatez, como ha quedado patente con el caso de Groenlandia.

El primer ministro canadiense, Mark Carney, quien sustituyó a Trudeau en marzo de 2025, ha combinado esa mayor asertividad en el Ártico con el esfuerzo por no quedar únicamente ligado a Estados Unidos. Uno de sus gestos diplomáticos más significativos fue su visita a China a comienzos del 2026, la primera que realizaba el titular del Gobierno canadiense en casi diez años. Aunque en sus encuentros con el presidente Xi Jinping y otras autoridades chinas no se abordaron asuntos de defensa ni del Ártico, el viaje constituyó un mensaje político nítido: un movimiento extraordinario en un contexto de desconfianza parcial de Trump acerca de las capacidades canadienses. Lejos de resultar contradictorio, este acercamiento encaja con la política árticacanadiense de 2024, que defiende la cooperación con China cuando los intereses convergen y el enfrentamiento cuando divergen.

En esa misma línea diplomática, el pasado 6 de febrero Canadá inauguró su consulado en Groenlandia que hasta entonces sólo contaba con representación de Islandia y Estados Unidos. Resulta sorprendente que este paso no se hubiera dado antes, dada la estrecha vinculación entre el Ártico canadiense y Groenlandia. En cualquier caso, el gesto reafirma el interés canadiense en la región, su voluntad de tejer alianzas con otros países árticos y el respeto a la soberanía groenlandesa. 

Junto a esa actividad diplomática, en marzo Carney anunció un “ambicioso plan para defender, construir y transformar el Norte”. Según dijo Carney, “Canadá no puede depender de otro país para su seguridad y prosperidad (...) Con esta ambiciosa nueva estrategia, Canadá está tomando las riendas de su futuro y construyendo un país más fuerte e independiente”.

Este plan va más allá de la defensa. Canadá ha reconocido las graves carencias de infraestructuras que comunican sus territorios del norte con el resto del país, vitales tanto ante una eventual ocupación exterior como para la habitabilidad de sus habitantes. La ministra de los Territorios del Noroeste, Caroline Wawzonek, lo resumió con crudeza: “Las comunidades simplemente luchan por sobrevivir”, subrayando la escasez de recursos con los que conviven sus habitantes. Así, junto a la modernización de bases militares y la creación de los ‘Northern Operational Support Hubs’ (NOSHs) y ‘Northern Operational Support Nodes’ (NOSNs), la estrategia incluye una mayor conectividad mediante carreteras, puertos y corredores de comunicación en un plan que mira por lo militar y lo civil.

Acciones de EEUU

Por su parte, Washington ha reconocido que no se han abierto conversaciones sobre el despliegue de tropas estadounidenses en la frontera norte canadiense. Lo que sí se baraja es cómo remediar la debilidad defensiva de Ottawa incluyendo modernización de sistemas de alerta, incremento de operaciones y patrullas conjuntas por tierra y aire, y mayor presencia de patrulleros estadounidenses en el Ártico.

Estados Unidos ha impulsado un programa para no retroceder en su dominio marítimo global. En un decretoejecutivo de abril de 2025, Trump pedía volver a poner una mayor atención al sector marítimo y naval. Entre los espacios geográficos destacados el decreto mencionaba el Ártico, donde EEUU quiere asegurar las rutas comerciales y garantizar la prosperidad nacional frente a los desafíos de seguridad de la región, con fórmulas de cooperación que no implican cambios de soberanía.

El Ártico se ha convertido, en definitiva, en un área dentro de la estrategia de Trump. Sus demandas territoriales no prosperarán, pero su retórica ya ha conseguido obligar a Canadá a reorientar de forma urgente su defensa ártica y a Dinamarca a reforzar su presencia en Groenlandia. El resultado previsible no es un cambio de mapa, sino una región con más activos militares y una cooperación impuesta por la presión en lugar del consenso.

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