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La Doctrina de China para América Latina: Pekín aguanta la mirada a Trump

La Doctrina de China para América Latina: Pekín aguanta la mirada a Trump

ARTÍCULO

08 | 05 | 2026

Texto

La potencia asiática refuerza su apuesta por la cooperación y los foros multilaterales frente a la unilateralidad que impone Washington a sus vecinos

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Foto oficial de los presidentes asistentes al Foro China-CELAC 2025 celebrado en mayo en Pekín [Ricardo Stuckert]

Versión en PDF / Informe Seguridad Regional Americana SRA 2026 [pdf completo]

 

√ La publicación a finales de 2025 de un nuevo documento chino para la región, días después de oficializarse el ‘Corolario Trump’, habla de competencia de influencias.

√ Presión china para que sus socios comerciales no se alineen con Taiwán ante la perspectiva de un conflicto por la isla, pese a la ambigüedad estratégica de EEUU.

√ La movilización estadounidense contra infraestructuras gestionadas por empresas chinas no ha inducido a Pekín a ningún plan de desinversión y retirada.

 

La asertividad de Estados Unidos en su deseo de dominio sobre su entorno geográfico, simbolizado con la operación de captura Nicolás Maduro y la autoridad ejercida sobre Venezuela desde entonces, constituye un riesgo de fricción con otras potencias –Rusia, pero sobre todo China— que también aspiran a ejercer influencia en la región. Aunque la presión estadounidense ha llevado en el último año a que, por ejemplo, los dos principales puertos del Canal de Panamá dejen de estar en manos chinas, Pekín ha querido demostrar que no se deja intimidar y que aguanta la mirada a Trump.

El pasado 10 de diciembre, el gobierno de China publicó un nuevo ‘white paper’ sobre sus relaciones con Latinoamérica y el Caribe (LAC). Se trata del tercer ‘libro blanco’ que Pekín elabora sobre la región tras los de 2008 y 2016. Más allá de su tono diplomático y extenso contenido, uno de los aspectos más significativos es su fecha de publicación, escasos días después de que Washington divulgara su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, en la que el hemisferio occidental ocupa un lugar prioritario, dándose así una percepción de competición entre ambas potencias. Conforme a esta nueva estrategia, Estados Unidos pretende reafirmar y aplicar “la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental” además de negar a “competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales” en la región.

Aunque en esta concreción de objetivos no se hace referencia explícita a Pekín, se puede inferir que Washington adoptará una postura más firme con respecto a sus intereses geopolíticos, independientemente del origen de las estrategias que puedan surgir en su contra. De igual manera, el documento chino no hace ninguna alusión a los objetivos de Estados Unidos en LAC. Sin embargo, el escaso lapso temporal entre ambos documentos indica que ambas potencias mundiales están a la alerta de las futuras acciones de su rival.

Documentos marco

Latinoamérica ha sido objeto de tres libros blancos impulsados por el gobierno chino en los últimos 16 años. El primero fue publicado en el año 2008, en un contexto internacional marcado por el incremento de las relaciones comerciales. Establecía que la finalidad política perseguida por Pekín consistía en “construir y desarrollar una asociación integral y cooperativa caracterizada por la igualdad, el beneficio mutuo y el desarrollo común”.

El publicado en noviembre de 2016, por su parte, introdujo una nueva visión estratégica al incorporar la estructura “1+3+6”, fundamentado en tres pilares (comercio, inversión y cooperación financiera) y seis áreas de cooperación (energía, recursos, infraestructuras, manufactura, innovación científica y tecnológica). Muchos analistas consideran esta iniciativa como un ambicioso proyecto que marca un nuevo giro en la comprensión de Pekín en cuanto a sus relaciones económicas y políticas con terceros países, ya que se consolidó con el Plan de Acción Conjunto China-CELAC para la cooperación en Áreas Prioritarias, lo que cimentó la integración de la región a la BRI (Belt and Road Initiative). De ello se deduce que, con el transcurso del tiempo, Pekín ha ido definiendo su política exterior de manera progresiva, estructurándola en torno a distintos ejes —ya sean diplomáticos o económicos— lo que explica la dimensión alcanzada en su tercer libro blanco.

Siguiendo la misma línea que sus predecesores, el último libro blanco continúa planteando la cooperación política como base de las relaciones entre China y la región. Este tercer documento establece los “Cinco programas para construir una comunidad China-LAC con un futuro compartido”, englobados por los programas de Solidaridad, Desarrollo, Civilización, Paz y Conectividad entre Personas.

De igual manera, uno de los temas más importantes y recurrentes en la política china —el principio de una sola China— se encuentra explícitamente reflejado en esta tercera versión. En efecto, dentro de la sección dedicada al Programa de Solidaridad, se afirma que “el principio de una sola China es el fundamento político y la premisa fundamental para que China desarrolle relaciones diplomáticas con otros países”. Esta frase pone de manifiesto una condición esencial impuesta por Pekín para mantener relaciones diplomáticas con terceros países. Según el documento, China está dispuesta a desarrollar vínculos políticos con los estados LAC, siempre que sea “sobre la base del principio de una sola China”.

Esta posición es de especial interés, ya que en Latinoamérica está la mayoría de los pocos países que siguen manteniendo relaciones diplomáticas formales con Taiwán. En concreto, estas se limitan a siete estados: Belice, Guatemala, Haití, Paraguay, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas.

El hecho de que Pekín exija el reconocimiento del principio de una sola China como punto de partida para establecer relaciones formales con otros estados reviste gran importancia. En primer lugar, porque constituye una presión importante para aquellos países latinoamericanos que no reconocen dicho principio, pero que podrían beneficiarse de una cooperación más extensiva con China. En segundo lugar, porque busca ampliar la esfera de influencia china en la región y, al mismo tiempo, contrarrestar la política exterior seguida por Washington que, a pesar de nominalmente reconocer el principio de una sola China, mantiene una política deambigüedad estratégica con respecto a la República de China que deja abierta la posibilidad de una futura intervención norteamericana en defensa de Taipéi.

En conjunto, puede afirmarse que Pekín pretende conservar una línea de continuidad entre sus tres papeles blancos dirigidos a América Latina y el Caribe, reflejando una visión de política exterior que se ha ido desarrollando durante décadas. Aunque este enfoque no es de naturaleza disruptiva, el tercer papel blanco ofrece una posición conflictiva con la de Washington, lo que sugiere que el escenario político regional podría verse envuelto en un conflicto de intereses prolongado entre ambas superpotencias.

En la imagen

Infraestructura espacial terrestre de China en Sudamérica, según el Congreso de EEUU

Cooperación multilateral

Para comprender la evolución de las relaciones políticas y comerciales entre China y la LAC, es preciso analizar sus fundamentos y orígenes. Más específicamente, se debe partir de la postura no intervencionista a la que Pekín siempre se ha adherido con respecto a los estados latinoamericanos. En efecto, ante las continuas intervenciones militares conducidas por Washington (se estima que, durante el transcurso de los últimos 250 años, el 34% de dichas campañas militares se han dirigido a países de la LAC), muchos estados latinoamericanos han buscado fomentar forjar una cooperación regional que les permita actuar con mayor autonomía. De ahí la creación de organizaciones como UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas) o la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), dirigidos a resistir la poderosa influencia de países como Estados Unidos. Dado este contexto geopolítico, la postura de China representaba una alternativa menos intervencionista y más abierta a un modelo de cooperación internacional basado en el intercambio y el beneficio mutuo. Se trata de una cooperación menos marcada por una geopolítica realista y más por una visión liberal de interdependencia como motor que solidifica las relaciones bilaterales y multilaterales entre estados.

Desde una perspectiva económica, la República Popular de China ha adquirido una presencia significativa en las economías de los países latinoamericanos desde comienzos de siglo. China se ha convertido en el segundo mayor socio comercial de América Latina (es el primero de Sudamérica) y en un selectivo inversor: si bien en IED queda lejos de EEUU y de la UE, ha apostado por los recursos energéticos, la minería y la agricultura, ha ido penetrando en el sector de las infraestructuras, en un proceso evolutivo.

No obstante, el impacto económico de China en la región ha generado preocupación, tanto porque si bien ha potenciado las exportaciones latinoamericanas, también las ha ‘reprimarizado’ (los países han sido reducidos a exportadores de materias primas, sin avanzar hacia la exportación de productos con valor añadido), como por los riesgos de la llamada ‘trampa de la deuda’ (una situación de dependencia económica en la que el país acreedor puede dictar las reglas del juego a los países deudores, haciéndose con el control de infraestructuras críticas, por ejemplo).

Entre 2013 y 2021 China concedió más de 145.000 millones de dólares en préstamos a los países latinoamericanos, la comunidad académica se encuentra dividida. Algunos perciben a China como un acreedor relativamente nuevo en la esfera geopolítica mundial, haciéndolo más susceptible de prestar sus fondos ineficientemente debido a su falta de experiencia. Otros académicos, sin embargo, interpretan la política económica china como un mecanismo deliberado de expansión de influencia.

Independientemente de los motivos fundamentales que mueven a China para prestar tales sumas de dinero, no hay duda de que varios países de la región se ven endeudados con Pekín por notables cuantías. En efecto, se ha estimado de que América Latina cuenta con el nivel más elevado de pagos de servicio de la deuda — cerca del 4% del PIB regional— una cifra que supera al de África o Asia. Si se atiende a la cantidad exacta de dichas deudas de manera individual, es perceptible cómo las relaciones entre China y los países latinoamericanos presentan un marcado tono de subordinación económica. Se estima que Venezuela tiene una deuda con China de entre 8.000 y 13.000 millones de dólares, y Ecuador, de unos 2.500 millones.

Colaboración espacial y cableado

Uno de los aspectos estratégicos del libro blanco chino que Washington mira con mayor susceptibilidad es el relativo a la colaboración aeroespacial que Pekín propone a los países latinoamericanos y a la que el documento dedica un epígrafe. China anima a sus interlocutores a usar el sistema de navegación satelital BeiDou y a servir de base para sus comunicaciones satelitales.

Precisamente, el Congreso estadounidense presentó el pasado mes de febrero un informe en el que advierte sobre los radares chinos existentes en Sudamérica, operados en última instancia bajo órdenes del Ejército de Liberación chino. Las autoridades de EEUU también han presionado contra el proyecto de un cable submarino directo para transmisión de datos y telecomunicaciones entre Valparaíso y Hong-Kong que el nuevo presidente de Chile, José Antonio Kast, paralizó en marzo al llegar al cargo.

Este intento de bloqueo de Washington al avance económico y tecnológico de China en el hemisferio occidental no está siendo acogido en Pekín con ningún plan de repliegue de inversiones, sino que China está intentando actuar con contundencia para responder a maniobras como la desposesión de los puertos del Canal de Panamá o la pugna reputacional de EEUU en torno el gran puerto peruano de Chancay.

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