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Ceremonia de traspaso presidencial, el 11 marzo de 2026; Kast, en el centro, junto a su antecesor, Gabriel Boric [Gob. de Chile]
José Antonio Kast ocupó la presidencia de Chile el pasado 11 de marzo, tras haberse impuesto a la derecha tradicional en la primera vuelta de las presidenciales y a la izquierda en la segunda. Sus prioridades nacionales son la reactivación económica y el orden público, y Kast ha articulado su política exterior en torno a esas mismas cuestiones con el fin de que la actuación internacional de Chile refuerce los objetivos internos. Ambos propósitos —fortalecer las relaciones comerciales y las arquitecturas de seguridad— aconsejan alianzas pragmáticas y no ideológicas, según el nuevo gobierno chileno, lo que obliga a un cierto equilibrio entre el alineamiento político con la Administración Trump y la destacada relación comercial con China.
Con José Antonio Kast en la presidencia y una política exterior encomendada al canciller Francisco Pèrez Mackenna, Chile pretende posicionarse nuevamente como un punto de atracción para el capital occidental y un actor determinante en la seguridad hemisférica, distanciándose de los proyectos de integración regional de corte más bien ideológico que caracterizaron el mandato de Gabriel Boric. Este llegó al poder en 2021 como la encarnación de las esperanzas de cambio del estallido social, proyectando una política exterior muy centrada en los derechos humanos globales y el ecologismo. El fracaso de los procesos constituyentes y la creciente percepción de inseguridad lastraron el liderazgo de Boric, permitiendo que la propuesta de Kast, centrada en el orden y la apertura de mercados, fuera vista por los socios extranjeros como una promesa de retorno a la estabilidad institucional que históricamente caracterizó a Chile.
En el ámbito de la competencia entre grandes potencias, el gobierno de Kast introduce una dinámica de equilibrio estratégico que reconoce la importancia de ambos polos globales. Chile ha mostrado un acercamiento directo hacia Estados Unidos en materias de seguridad y recursos críticos, lo cual se puede evidenciar en la firma de una declaración conjunta para establecer consultas bilaterales sobre recursos estratégicos, específicamente litio y tierras raras. Además, la participación de Kast en iniciativas como el ‘Escudo de las Américas’ junto a figuras cercanas a la administración estadounidense confirma este alineamiento en seguridad nacional.
No obstante, el fortalecimiento de la relación con Washington no significa necesariamente un alejamiento de Pekín. Kast ha sido enfático en que Chile debe cuidar las relaciones comerciales con todos los países, entendiendo que China es un socio indispensable para la exportación de cobre y productos agroindustriales. La estrategia consiste en separar la seguridad nacional de la conveniencia comercial. Mientras la infraestructura crítica y los minerales estratégicos se gestionan bajo estándares occidentales, el comercio de bienes hacia Asia continúa expandiéndose. Esta dualidad obliga a EEUU y China a competir por la confianza chilena mediante incentivos económicos y tecnológicos, evitando que el país quede atrapado en una lógica de exclusividad geopolítica. China, por su parte, parece dispuesta a tolerar el alineamiento político con EE. UU. siempre que el intercambio comercial no se vea obstaculizado por barreras ideológicas.
Esta misma lógica de separar seguridad de comercio se aplica con claridad en el debate sobre los cables submarinos de fibra óptica. Entre sus primeras decisiones de gobierno, Kast congeló el proyecto del cable de fibra óptica que conectaría Valparaíso directamente con Hong Kong, concesionado a China Mobile International en las últimas semanas de la administración Boric, ante lo que EEUU reaccionó con fuertes presiones. En su lugar, el gobierno chileno ha priorizado el cable Humboldt, en realización ya avanzada, que cubre el trazado hasta Australia. Kast ha dejado abierta la puerta a una decisión definitiva sobre el cable chino en función de cómo Humboldt cubra las necesidades del país, aunque el embajador estadounidense en Santiago ya ha interpretado ese anuncio como el cierre definitivo del proyecto. La infraestructura de comunicaciones queda así bajo estándares occidentales, mientras el flujo comercial con Pekín continúa sin perturbaciones.
Para los países vecinos, la nueva doctrina chilena de ‘no intervención y fronteras seguras’ altera la gestión de las crisis regionales, particularmente en lo que respecta al fenómeno migratorio. Al implementar un plan de militarización fronteriza y un control migratorio estricto, Chile deja de funcionar como un país de destino abierto, lo que genera un ‘efecto embudo’ para naciones de tránsito como Perú y Bolivia. Lima y La Paz se ven obligados a gestionar en sus propios territorios masas migrantes que anteriormente fluían hacia el sur, lo que podría tensionar las relaciones diplomáticas si no se establecen mecanismos de cooperación transfronteriza efectivos.
Sin embargo, en el aspecto económico, Kast propone una integración pragmática. Existe la posibilidad real de avanzar hacia el restablecimiento de relaciones diplomáticas plenas con Bolivia, un hito estancado por décadas. Para Chile, el interés no es territorial sino comercial: el acceso a recursos y la estabilidad fronteriza. Con Perú, la relación se mantiene anclada en la integración turística y comercial, donde Chile busca que ambos países funcionen como una plataforma logística conjunta hacia el Pacífico, dejando de lado las disputas históricas para enfocarse en la eficiencia de los puertos y el intercambio de energía.
Adicionalmente, uno de los puntos más llamativos en la geopolítica regional se consolidó con el primer viaje internacional de Kast, cuyo destino fue Buenos Aires para una reunión de trabajo con el presidente Javier Milei. La sintonía entre Kast y Milei proyecta una alianza que busca desplazar el eje de poder regional hacia el Atlántico y el Pacífico Sur, promoviendo una agenda de libertad económica, desregulación y una lucha conjunta contra el crimen organizado. Para Argentina, la llegada de Kast significa contar con un aliado estratégico que valida su modelo de apertura y refuerza la presión sobre el Mercosur para flexibilizar sus estructuras. Juntos, Chile y Argentina podrían actuar como un bloque de contrapeso frente a las economías más estatistas de la región, como Brasil o Colombia.
En el plano regional, el Chile de Kast busca desmantelar la carga ideológica de bloques; en el caso de la Alianza del Pacífico, relativamente paralizada tras llegar Morena y el Pacto Histórico al poder en México y Colombia, respectivamente, Kast pretende devolver esa asociación a la función técnica que inicialmente resultó exitosa. Chile quiere ser el socio más previsible para la inversión extranjera en el Cono Sur y, al priorizar tratados de libre comercio y la apertura de mercados, obligar a sus vecinos a decidir entre la cooperación económica pragmática o el distanciamiento por inclinaciones políticas.
Desde que asumió el cargo, Kast ha dejado claro que la política exterior chilena será una extensión de sus prioridades nacionales: reactivación económica y orden público. Al posicionar a Chile como un proveedor confiable de minerales críticos para Occidente (especialmente cobre y litio), un aliado ideológico clave para Argentina y un mercado abierto para Oriente, el país busca blindarse ante la incertidumbre global. Su mensaje hacia el exterior es el de un socio abierto a los negocios globales, pero inflexible en el control de sus fronteras y en la defensa de su seguridad interna.