En la imagen
Ceremonia de conmemoración en 2021 del 27˚ aniversario de la creación del Ejército Nacional de Somalilandia [sagalnews]
El reconocimiento israelí de Somalilandia como Estado el pasado 26 de diciembre supuso un hecho inédito en las relaciones internacionales en el Cuerno de África: Israel se convirtió en el primer miembro de las Naciones Unidas en reconocer formalmente la soberanía de Hargeisa desde que proclamó unilateralmente su independencia en 1991. El movimiento diplomático de Israel ha generado numerosas críticas, sobre todo respecto a las profundas implicaciones para la región, los motivos geopolíticos subyacentes al reconocimiento, y la inconsistencia que rodea a la figura del reconocimiento internacional.
Las implicaciones del reconocimiento no se entienden sin analizar el trasfondo histórico de las relaciones entre Somalilandia y Somalia. En 1880, Somalilandia era administrada como un protectorado del Reino Unido, mientras que el resto del territorio de la actual Somalia estaba bajo el control colonial de Italia. Más tarde, en el marco de los procesos de descolonización de mediados del siglo XX, Somalilandia consiguió su independencia formal el 26 de junio de 1960, y el 1 de julio del mismo año accedió a una unión con el resto deSomalia, conformando un único Estado somalí.
La unión no tardaría en resentirse por la dinámica de clanes que caracteriza Somalia, que divide al país y su población por afiliación a seis clanes principales, compuestos a su vez de distintos subclanes, generando una estructura difusa y con el poder muy repartido que no encaja con el modelo occidental de Estado-nación democrático que buscaba consolidarse. Además, el sistema que se proponía marginaba sistemáticamente a la población del norte, en vista de sus diferencias con el sur, derivadas de sus pasados coloniales, británico e italiano, respectivamente.
En este contexto, en 1991, tras la caída del régimen Siad Barre y el fin de la guerra civil, líderes del clan Isaaq, predominante en el noroeste de Somalia, declararon la independencia de Somalilandia, mientras en el sur los clanes luchaban por el control de Mogadiscio.
Desde entonces, Somalilandia ha actuado como un estado de facto, consolidando un control territorial efectivo (con el matiz del establecimiento de la administración regional autónoma de SSC Khaatumo en las zonas de los clanes Sool, Saanag y Cayn en 2023, y su posterior anexión a Somalia como estado federal, actualmente en disputa), instituciones democráticas funcionales, autonomía económica y capacidad de establecer relaciones a nivel internacional; a pesar de ello, sin embargo, carece de reconocimiento internacional generalizado.
La ausencia de reconocimiento internacional durante los últimos años parte del hecho de que, por lo general, el sistema internacional favorece y protege la integridad territorial de todos los países. Esto hace que casos de secesión como este tengan altas dificultades de éxito. Pero, por otra parte, existen consideraciones políticas que vacían el carácter jurídico de la figura del reconocimiento, lo que da más peso a elementos geopolíticos que legales en este tipo de situaciones.
Unión Africana, Liga Árabe y Etiopía
En el caso de Somalia, entra en juego la soberanía, estabilidad e integridad territorial del país. El reconocimiento de Somalilandia puede ser visto como un aliciente para que las distintas regiones autónomas como Puntlandia y Somalia Sudoccidental reaviven sus intenciones secesionistas. Esto conduciría a una mayor balcanización de la región, lo que provocaría conflictos a largo plazo entre los grupos separatistas y sus gobiernos centrales, así como enfrentamientos entre los distintos grupos étnicos.
En esta misma línea, la Unión Africana se ha caracterizado por su iniciativa de conservar las fronteras coloniales frente a movimientos separatistas; en este caso, por el temor fundado de que una desintegración de Somalia genere un momento para impulsar a otros estados secesionistas en el Cuerno de África y en el resto del continente.
La Liga Árabe apoya una Somalia unida, entre otros motivos, para que actúe como contrapeso al poder de Etiopía en la región. Los miembros de la organización consideran que la independencia de Somalilandia en 1991 fue producto de la influencia etíope, en el marco de conflictos con Egipto por las aguas del Río Nilo y división religiosa, elementos que han condicionado hasta el día de hoy las relaciones entre Etiopía y los miembros, especialmente Egipto.
Siguiendo con Etiopía, este país tampoco considera dentro de sus intereses el reconocimiento de la soberanía de Hargeisa, por diversas razones. En primer lugar porque un reconocimiento formal implicaría altos riesgos en relación a los distintos grupos separatistas dentro de Etiopía, algunos de ellos grupos somalíes. En segundo lugar, Etiopía, a pesar del no reconocimiento, es uno de los países con relaciones más desarrolladas con Somalilandia, en el apartado económico y político especialmente. El reconocimiento internacional y los posibles vínculos formales con otros actores que Somalilandia pueda establecer a partir de este le otorgarían mayor capacidad de negociación en asuntos económicos con Etiopía. De esta manera, Etiopía se beneficia de tener un vecino más pobre y no reconocido, y cuyo puerto está abierto al uso.
Esto último se refuerza si consideramos el memorando firmado entre ambos en enero de 2024, donde según Somalilandia, Etiopía obtendría acceso al mar a cambio de reconocimiento internacional, fuentes etíopes posteriormente negaron el contenido del memorando.