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Aprender_Informarse_Reportaje

REPORTAJE

14 | 05 | 2026

Nunca habíamos tenido tanta información al alcance de nuestra mano. Y a la vez nunca había sido tan difícil saber en qué creer.

No es una contradicción accidental. Es la consecuencia lógica de un ecosistema donde conviven el periodismo riguroso, la propaganda, la opinión disfrazada de dato y, cada vez más, contenido generado por inteligencia artificial que imita la apariencia de lo real.

Y eso afecta a todas las generaciones, aunque de maneras distintas. Al adolescente que se informa por TikTok y no sabe que el vídeo que acaba de compartir lo generó una IA. A la persona mayor que recibe por WhatsApp un mensaje sobre su pensión y no sabe cómo contrastarlo. A cualquiera que contribuye sin saberlo a extender algo falso que recibe por redes sociales.

Frente a eso, la respuesta no puede ser sólo tecnológica o legislativa. Tiene que ser también educativa.

La alfabetización mediática se ha convertido en uno de los grandes desafíos de las democracias globales. En un entorno informativo saturado, donde conviven noticias, opiniones, propaganda y contenido generado por inteligencia artificial, distinguir qué es fiable ya no es una habilidad, sino una competencia imprescindible.

En un entorno informativo saturado distinguir qué es fiable ya no es una habilidad, sino una competencia imprescindible

La Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra se ha consolidado como uno de los referentes en la lucha contra la desinformación y la alfabetización. Actualmente, profesores de Fcom trabajan en cuatro proyectos, IBERIFIER Plus, INMERS, InfoFacto y SPQR, que abordan el problema desde distintos ángulos, pero con una idea común: la alfabetización mediática como herramienta frente a la desinformación.

Según la investigadora Charo Sádaba, este enfoque va mucho más allá de saber identificar noticias falsas: "La alfabetización mediática es asegurar que la ciudadanía tiene la capacidad de hacer un consumo crítico de los medios y participar en esos entornos de manera positiva y constructiva". En otras palabras, no se trata solo de detectar bulos, sino de entender cómo funciona el ecosistema mediático y actuar de forma responsable dentro de él.


Charo Sádaba

"La alfabetización mediática es asegurar que la ciudadanía tiene la capacidad de hacer un consumo crítico de los medios y participar en esos entornos de manera positiva y constructiva"
Charo Sádaba, investigadora


Cuatro proyectos, cuatro públicos distintos, una misma convicción

El primero de estos proyectos es IBERIFIER Plus, segunda etapa (2024-2026) de IBERIFIER, el observatorio ibérico de medios digitales y contra la desinformación promovido por la Comisión Europea. Su labor combina a compañías verificadoras de bulos en varios idiomas, el uso de herramientas de inteligencia artificial para detectar desinformación y la elaboración de informes estratégicos dirigidos a instituciones y ciudadanía. El observatorio, que integra 25 organizaciones en España y Portugal, está liderado por el investigador Ramón Salaverría desde la Universidad de Navarra.

Para Ramón Salaverría el objetivo más valioso no es tanto monitorizar campañas de desinformación, sino "la acción en positivo, aquella que sirve para que las personas desarrollen sus capacidades para consumir información de forma segura en las redes digitales". En ese sentido, IBERIFIER Plus impulsa programas y coordina a universidades, verificadores y centros de investigación con el fin de fomentar hábitos responsables en la ciudadanía. "A partir de ese conocimiento, diseñamos iniciativas de alfabetización mediática basadas en casos reales, lo que las hace más concretas, comprensibles y útiles", explica Salaverría.

Por otro lado, InfoFacto es un proyecto dirigido a adolescentes y jóvenes, que busca entrenarlos para identificar la desinformación en redes sociales, especialmente aquella amplificada o generada mediante inteligencia artificial. Lo hace a través de plataformas digitales, campañas y talleres participativos. "Los recursos se crean con jóvenes, no solo para ellos", explica Clara González Tosat, investigadora del proyecto. "Eso nos ayuda a asegurarnos de que el contenido refleja sus experiencias digitales reales".

Los datos que maneja el proyecto justifican la urgencia: el 97% de los jóvenes europeos usa internet de forma habitual, siendo TikTok, Instagram y YouTube sus principales fuentes informativas. Sin embargo, solo el 36% verifica activamente lo que consume, y el 79% de los adolescentes de la generación Z utiliza herramientas de inteligencia artificial sin tener las habilidades para evaluar su fiabilidad.

Además, el proyecto no se limita al aula. Padres y profesores son incorporados como "mediadores educativos" y reciben módulos de formación específicos, guías con preguntas para hablar sobre desinformación en casa y materiales estructurados para introducir la alfabetización mediática en los centros escolares.


Ramón Salaverría

"Diseñamos iniciativas de alfabetización mediática basadas en casos reales, lo que las hace más concretas, comprensibles y útiles"
Ramón Salaverría, investigador principal de IBERIFIER Plus


El 97% de los jóvenes europeos usa internet de forma habitual, siendo TikTok, Instagram y YouTube sus principales fuentes informativas. Sin embargo, solo el 36% verifica activamente lo que consume

INMERS es un proyecto europeo que pone el foco en un colectivo que, según los investigadores, ha sido tradicionalmente olvidado: las personas mayores de 65 años, especialmente en entornos rurales. A través de talleres presenciales adaptados a cada territorio (Navarra, Laponia y Transilvania son los territorios que participan), el proyecto les proporciona herramientas para desenvolverse en el entorno digital con mayor autonomía.

Aquí los retos son distintos. "Es un público especialmente vulnerable", explica Sádaba, "porque consume información, le interesa, pero no siempre tiene mecanismos para comprobar si es cierta o no". Además, factores como el aislamiento geográfico o el uso de lenguas minoritarias (euskera, sami o húngaro) añaden complejidad al problema: en esos territorios las fuentes informativas en la lengua propia son más limitadas, lo que supone un reto adicional a la hora de contrastar información.

A ello se suma un fenómeno psicológico que Sádaba destaca específicamente en este grupo de edad: el llamado "efecto tercera persona", la tendencia a creer que cualquiera puede ser engañado menos uno mismo. La investigadora explica por qué este sesgo es especialmente resistente en personas mayores: "Sus creencias están más sólidamente construidas, y además las apoyan con sus experiencias, que son muchas, tantas como años tienen".

Eso hace que cuestionar la información recibida resulte más difícil que con los jóvenes, quienes no cargan con ese peso acumulado de certezas. Por eso aquellos con más experiencia vital son, en ocasiones, más vulnerables a determinados mensajes, especialmente cuando apelan a emociones o preocupaciones cotidianas como la pensión o la sanidad.

El cuarto proyecto, SPQR (siglas de Social Problem, Quality Response), apuesta por un enfoque diferente: la participación ciudadana activa como respuesta a la desinformación. Liderado por la Fundación Maldita.es y cofinanciado por la Comisión Europea, el proyecto busca que jóvenes, estudiantes y ciudadanía en general no solo eviten la información manipulada, sino que se impliquen en su detección y corrección.

Durante dos años, SPQR desarrollará eventos participativos en España, Italia y Polonia, tanto presenciales como en línea, con el objetivo de alcanzar a más de 2.000 personas. A través de un enfoque práctico, los participantes adquirirán herramientas para identificar, investigar y contrarrestar la desinformación, recorriendo todo el proceso: desde la prevención hasta la verificación y el análisis posterior.

La implicación de Fcom no se limita a la investigación: el proyecto se integrará también en la docencia práctica de la Facultad, acercando a los estudiantes a la realidad del trabajo de verificación profesional.


Clara González Tosat

"Los recursos se crean con jóvenes, no solo para ellos. Eso nos ayuda a asegurarnos de que el contenido refleja sus experiencias digitales reales"
Clara González Tosat, investigadora de InfoFacto


Más allá de detectar bulos

Uno de los puntos clave que atraviesa los cuatro proyectos es evitar una visión reduccionista de la alfabetización mediática. Saber si una noticia es falsa o no es solo una parte del objetivo final.

Estar alfabetizado mediáticamente implica entender quién produce la información, cómo influyen los algoritmos en lo que vemos y qué responsabilidad tenemos como usuarios. "También implica no generar desinformación, fomentar debates constructivos y respetar la pluralidad", subraya Sádaba.

Estar alfabetizado mediáticamente implica entender quién produce la información, cómo influyen los algoritmos en lo que vemos y qué responsabilidad tenemos como usuarios

En este sentido, los enfoques de los proyectos en los que participa la universidad cambian según la edad. Mientras que con los jóvenes se trabaja la confianza en fuentes fiables y el papel de las instituciones, con las personas mayores el objetivo es reforzar el pensamiento crítico y evitar una excesiva credulidad ante determinados mensajes, especialmente aquellos que apelan a emociones o preocupaciones personales. En el caso de InfoFacto, ese trabajo con jóvenes incluye además una dimensión de enseñanza entre pares, donde, según explica González Tosat, crean "cápsulas de vídeo donde se promueve el aprendizaje entre pares, lo que favorece que los jóvenes compartan sus experiencias y consejos para detectar desinformación".

Retos y futuro

El avance de la inteligencia artificial añade una capa adicional de complejidad. Herramientas capaces de generar imágenes, vídeos o textos falsos dificultan cada vez más la detección de la desinformación. Sin embargo, estas mismas tecnologías también pueden utilizarse para combatirla.

"Estamos en un momento en el que la inteligencia artificial es parte del problema y de la solución", reconoce Sádaba. La clave estará en orientar su desarrollo hacia usos que refuercen la verificación y la transparencia.

A nivel institucional, la implicación ha crecido en los últimos años, especialmente impulsada por la Unión Europea. En España, el Comité de Personas Expertas para el desarrollo de entornos digitales seguros para la infancia y adolescencia recomendó en 2024 trabajar de manera más incisiva en la alfabetización mediática, recomendación que asumieron tanto el Ministerio de Infancia y Adolescencia como el de Educación. No obstante, Sádaba advierte que este impulso depende en gran medida de la prioridad política del momento: "En el momento en el que ese interés decaiga, intuyo que también decaerá el interés de las administraciones intermedias. Pero ahora mismo es un buen momento para la alfabetización mediática".

Pese a ello, proyectos como IBERIFIER Plus, INMERS, InfoFacto y SPQR apuntan en una dirección clara. No buscan únicamente estudiar la desinformación, sino actuar directamente sobre la ciudadanía para alcanzar una sociedad capaz de informarse mejor, participar de forma más responsable en el debate público y, con ello, sostener democracias más sólidas.

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