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La misión de la CIA cambia de paso

La misión de la CIA cambia de paso

RESEÑA

09 | 04 | 2026

Texto

Una historia del servicio de inteligencia exterior de EEUU en lo que va de siglo, del 11-S a Trump

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Portada del libro de Tim Weiner ‘La misión. La CIA en el siglo XXI’ (Madrid: Debate, 2025), 606 p.

Historias de la CIA hay unas cuantas, dedicadas a contar los inicios de agencia al término de la Segunda Guerra Mundial y los episodios más marcados de la Guerra Fría, con momentos de heroísmo y brillantez y circunstancias oscuras en golpes de estado y apoyo a dictaduras. El propio Tim Weiner, periodista de ‘The New York Times’, publicó una casi dos décadas atrás. Esa investigación y su trabajo diario como reportero, por el que obtuvo un premio Pulitzer, le puso en contacto con numerosos agentes y directivos de la CIA y le abrió la posibilidad de extender su indagación al siglo XXI. ‘La misión’ relata la actuación del servicio secreto exterior estadounidenses en los últimos 25 años, desde el 11-S de 2001, que marcó un giro notable en el papel de la agencia, hasta el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Teniendo en cuenta que no se trata de un periodo muy largo y que el libro ocupa seiscientas páginas (con un tamaño de letra generoso, eso sí), cabe constatar que el autor pormenoriza su narración; no obstante, esto no hace costosa la lectura gracias al estilo periodístico de Weiner (a veces excesivo: algunas conversaciones transcritas tienen un tono muy ‘coloquial’).

Los ataques lanzados por Osama bin Laden contra Estados Unidos en 2001 llevaron a un cambio en la misión de la CIA, que pasó a ser de implicación directa y en primera línea en la guerra contra el terrorismo: primero fue el combate en Afganistán cuando el Ejército estadounidense aún no se había desplegado (ahí, en Tora Bora, el líder de Al Qaida se les escapó por poco de las manos) y luego el creciente uso de drones armados para aniquilar a presuntos combatientes islamistas. Esas funciones cada vez más militares llegaron a su consecuencia más simbólica con el nombramiento en 2011 como director de la CIA del general Petraeus, quien como jefe de las fuerzas internacionales en Afganistán acababa de ‘triunfar’ allí tras el incremento de tropas y el cambio a tácticas de contrainsurgencia.

De esa primera década, sin embargo, lo más singular —y a lo que Weiner vuelve una y otra vez— es el uso de técnicas ‘reforzadas’ de interrogatorio, aplicadas durante la Administración de George W. Bush y que la de Obama aceptó calificar de ‘tortura’ (singularmente la práctica del ahogamiento simulado). El autor expone la argumentación a favor de esas medidas extra por parte de quienes las ampararon (la urgencia por obtener información que frustrara más atentados como el de las Torres Gemelas, algo que entonces se percibía como un riesgo muy real, y la supuesta utilidad de algunas confesiones arrancadas de esa manera) para inmediatamente rebatirlas: niega que de las prisiones clandestinas abiertas por la CIA salieran datos que permitieran desbaratar nuevos planes terroristas, como ya se puso de manifiesto en los informes realizados por el Capitolio.

Más allá de esa crítica, avalada por la razón histórica, el libro parece dejarse llevar por una especial antipatía hacia los altos cargos de la era Bush —se entra en exceso en sus intenciones, que Weiner generalmente considera perversas— y por una amable condescendencia hacia Obama y su entorno de mando, cuyas loables intenciones se dan por garantizadas. Se trata de una aproximación de blanco/negro que el autor luego supera, en relación con la CIA, al abordar el mandato de Biden y la primera presidencia de Trump.

A pesar de que el libro no logra sustraerse de la profunda polarización política de la sociedad norteamericana en su momento presente, la investigación llevada a cabo por Weiner es tremendamente válida y refleja bien las exigencias experimentadas por la inteligencia estadounidense en este cuarto de siglo y las respuestas dadas tanto desde la Casa Blanca como desde Langley, el emplazamiento junto al límite de la ciudad de Washington donde se encuentra la sede de la CIA.

Gran parte de lo que cuenta ‘La misión’ ya ha sido incluido en artículos periodísticos y otros relatos a lo largo de estos años; no obstante, Weiner consolida muchas de esas versiones con nuevos datos y las declaraciones de numerosos protagonistas. Un aspecto quizá cualitativamente nuevo es la constatación de que ya antes de su asumir la presidencia, y por tanto de que el 11-S transformara su carácter, el equipo de George W. Bush tenía la mirada puesta en el Irak de Sadam Husein.

Un interesante apartado, poco abordado en literatura sobre la CIA por tratarse de algo más reciente y menos relacionado con su misión tradicional, es el de la guerra cognitiva. Weiner recoge testimonios que expresan la convicción de que el Kremlin, mediante su campaña de influencia en las redes sociales, ‘alteró’ el signo de ciertos votos en las elecciones de 2016, lo que pudo ser decisivo para la primera victoria de Trump.

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