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¿Cómo ha evolucionado la profesión y en nuestro caso, la Facultad desde 1954?
La profesión de enfermería ha experimentado una transformación profunda, tanto en su reconocimiento social como en su contribución al sistema sanitario. Hemos transitado desde una concepción técnica y subordinada del rol enfermero hacia una profesión autónoma, basada en el conocimiento científico, el juicio clínico y el compromiso ético. La enfermería no es meramente una vocación. Es una profesión altamente cualificada, que exige una dedicación excepcional, profesionalismo y un profundo conocimiento especializado. Esta evolución a nivel profesional ha ido de la mano del desarrollo de la formación universitaria, la investigación disciplinar y la consolidación de un cuerpo de conocimientos propio.
En el caso de nuestra Facultad, pienso que hemos sido testigos y protagonistas de esta evolución. Desde sus inicios, con programas de formación quizá más centrados en la capacitación técnica, hemos ido avanzado hacia un modelo formativo integral y único, que promueve la excelencia académica, la investigación aplicada y una sólida formación humana, cultural y ética. La Facultad ha integrado progresivamente competencias en liderazgo, salud pública, innovación y pensamiento crítico, posicionándose como un referente académico en la formación de profesionales de la salud comprometidos con el cuidado de las personas y los retos en materia de salud del siglo XXI.
¿Cómo es el presente de la profesión de la Enfermería?
Pienso que cada vez más existe una creciente visibilidad y un reconocimiento progresivo del impacto del cuidado de enfermería en la salud de las personas, las familias y las comunidades. La enfermería está ampliando sus ámbitos de competencia en áreas diversas como la intervención comunitaria, la salud mental, la gestión sanitaria o los cuidados paliativos. Al mismo tiempo, las enfermeras estamos asumiendo roles cada vez más especializados, roles avanzados que conllevan una mayor responsabilidad, expansión y profundidad de la práctica. Esto exige una formación adicional y una mayor pericia clínica, una legislación que respalde la práctica autónoma y una gobernanza sanitaria que incorpore la voz de las enfermeras en la toma de decisiones.