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Portada del libro de Kent E. Calder ‘Eurasian Maritime Geopolitics. The United States and China in an Age of Indo-Pacific Transformation’ (Washington DC: Brookings Institution Press, 2025), 332p.
‘Eurasian Maritime Geopolitics’ representa una intervención notable en el debate sobre el Indo-Pacífico y la rivalidad entre Estados Unidos y China. Kent E. Calder, especialista de cierto prestigio en Asia Oriental, propone que para entender la competencia estratégica contemporánea es imprescindible volver la mirada al mar —en particular a las rutas que conectan el noreste asiático con Europa a través del océano Índico. El resultado es un estudio que puede catalogarse como una combinación de geopolítica clásica, economía política y análisis tecnológico; una guía muy útil para interpretar la transformación del sistema internacional.
El libro gira en torno a una tesis central bastante definida: las rutas marítimas euroasiáticas han adquirido una importancia renovada y cualitativamente distinta en la era posterior a la Guerra Fría. Calder sostiene que por estos corredores circula “gran parte de la energía y la información del mundo”, lo que los convierte en arterias críticas del orden global. Frente a visiones que privilegian el poder terrestre o la primacía de las cadenas de suministro digitales abstractas, el autor insiste en la persistencia de la geografía física y del transporte marítimo pesado.
Uno de los aportes más destacados —y señalado positivamente en varias reseñas— es la manera en que Calder integra factores tecnológicos emergentes. El libro no se limita a analizar petróleo y contenedores: incorpora cables submarinos, minerales críticos y las necesidades energéticas de la inteligencia artificial como elementos que están reconfigurando el valor estratégico de los océanos. Esta perspectiva amplia permite al autor mostrar que las infraestructuras bajo el mar son hoy tan decisivas como las flotas de superficie. La obra gana así en actualidad y evita el determinismo geopolítico clásico.
En el plano histórico-estructural, Calder traza una narrativa de declive relativo estadounidense frente al ascenso marítimo chino. Subraya la caída de la competitividad del sector naviero y de construcción naval de Estados Unidos, contrastándola con el dinamismo chino. Esta comparación sirve como eje dramático del libro: Washington aparece como ‘guardián en la puerta’, mientras Pekín emerge como el ‘retador’ del orden marítimo existente. La formulación, repetida a lo largo de la obra, ha sido elogiada por su claridad analítica, aunque algunos lectores podrían verla como excesivamente binaria.
Otro aspecto destacado es la estructura del libro. Calder avanza desde la geografía física de las rutas hasta las implicaciones políticas y de seguridad, pasando por la economía de los flujos marítimos y la transformación de los ‘rimlands’ euroasiáticos. Este recorrido gradual facilita la comprensión incluso para lectores no especializados. Además, el uso de mapas y tablas —más de veinte, según la ficha editorial— refuerza el carácter empírico del estudio.
Sin embargo, la obra también presenta algunas limitaciones que merece la pena señalar. En primer lugar, su enfoque está especialmente centrado en la rivalidad entre Estados Unidos y China, lo que tiende a relegar el papel de actores intermedios como India, los países del Golfo o el sudeste asiático a un segundo plano que no lo es tanto en la realidad. Aunque aparecen en el análisis, a menudo lo hacen en función del equilibrio sinoestadounidense, y no como actores estratégicos por derecho propio. En un sistema internacional cada vez más multipolar, particularmente en Asia-Pacífico, esta simplificación puede ser discutible para algunos.
En segundo lugar, algunos lectores podrían encontrar que el libro privilegia la dimensión geoeconómica sobre la militar. Calder insiste en dependencias energéticas, cables submarinos y cadenas de suministro —lo cual es una contribución valiosa—, pero dedica menos espacio al análisis operativo naval o a escenarios de conflicto concreto. Esto no es necesariamente un defecto, pero sí refleja de forma clara el público objetivo al que apunta: responsables de política, economistas de la seguridad y estudiosos de la geoeconomía más que estrategas militares puros.
También se ha de señalar que el tono del libro es marcadamente normativo en sus capítulos finales. Calder ofrece recomendaciones de política para Estados Unidos y sus aliados, lo que refuerza la utilidad práctica del texto, pero reduce en parte su neutralidad analítica. Aun así, sus propuestas son coherentes con el diagnóstico previo y constituyen uno de los valores añadidos de la obra.
En conjunto, ‘Eurasian Maritime Geopolitics’ es un estudio sólido, bien documentado y oportuno. Su principal mérito reside en recordar que, pese a la digitalización de la economía mundial, el control de las rutas marítimas sigue siendo un factor estructural del poder global. Al integrar tecnología, energía y geografía en un mismo marco analítico, Calder ofrece una perspectiva útil para entender la competición estratégica del siglo XXI. A la luz de los acontecimientos ocurridos y por ocurrir en el Golfo Pérsico durante el mes de marzo de 2026, su lectura resulta más que oportuna.