Razones detrás del interés de EEUU
Groenlandia es una isla gigante con poco atractivo turístico, pues el 80% de su superficie es hielo, está poco habitada (tan sólo 56.000 habitantes en 2,2 millones de kilómetros cuadrados) y es inhóspita. Sin embargo, cuenta con una gran relevancia geopolítica, razón más que suficiente para estar en el punto de mira de cualquier potencia. Dada su ubicación cercana al Ártico, supone un punto clave para el comercio y la seguridad global.
Además, es rica en recursos naturales, como los minerales o el petróleo. Lógicamente, Trump está interesado en Groenlandia por ambos motivos. Pero también, la rivalidad con Rusia y China, o el deshielo que está sufriendo la isla –que dará paso a nuevas rutas para la navegación y un mejor acceso a los recursos naturales– también parecen ser factores relevantes.
Aunque pueda parecer una locura lo que el presidente estadounidense plantea, no es el primero que considera la idea. Lo cierto es que la aspiración estadounidense de que Groenlandia esté bajo su soberanía es de todo menos nueva, pues Estados Unido ha tenido interés en Groenlandia desde el siglo XIX. Esta isla pertenece a Dinamarca, tal y como pertenecían las Indias Occidentales Danesas, una antigua colonia de Dinamarca en el mar Caribe que EEUU compró en 1917 (son las Islas Vírgenes, justo al este de Puerto Rico). Esto quiere decir que en el pasado Washington ya ha hecho negocios con el Gobierno danés. Pero ¿por qué entonces no ha logrado anexionarse la gran isla de hielo?
En 1867, con la adquisición de Alaska tras la compraventa con Rusia, el Gobierno estadounidense ya se planteó comprar Groenlandia a Dinamarca. Sin embargo, no fue hasta la Segunda Guerra Mundial que el país norteamericano comenzó su influencia en la isla. Aprovechando la ocupación de Dinamarca por parte de Hitler, los estadounidenses comenzaron una presencia militar que se prolongaría décadas. Este movimiento no disgustó del todo a los daneses, quienes se sintieron en cierta forma protegidos frente a Hitler con la presencia de tropas estadounidenses en Groenlandia, aunque estuviesen a 3.000 km de distancia.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, a Dinamarca ya no le interesaba que Estados Unidos estuviera presente en uno de sus territorios, y le invitó a abandonar Groenlandia. La respuesta estadounidense fue negativa, alegando que, una vez terminada la guerra, el peligro permanecía con la Unión Soviética. Es más, en 1951 se firmó un acuerdo entre Dinamarca y EEUU en el que se regulaba la presencia militar estadounidense en Groenlandia. Años antes, en 1946, Washington ya había ofrecido $100 millones en lingotes de oro por la isla, propuesta que el Gobierno danés rechazó (ahora se han especulado posibles precios, pero la Casa Blanca no ha avanzado propiamente ninguna cifra que estuviera pensando).
La presencia estadounidense en Groenlandia se prolonga hasta el día de hoy. En 2023 se firmó un tratado de seguridad por diez años por el cual Dinamarca permite la presencia militar de EEUU en toda la isla. Es por ello que muchos expertos en la materia afirman que, aunque haya sido de forma implícita y a través de la invitación danesa, Estados Unidos ya ha ocupado, aunque sea militarmente, Groenlandia.
A pesar de este acuerdo, Dinamarca ha reforzado su defensa en la isla tras las amenazas de Trump, expresando su deseo de anexionarse Groenlandia; Copenhague ha anunciado un incremento de la presencia militar en la región a partir de este mismo mes de enero. Según Dinamarca, esta misión servirá para que sus tropas operen de una forma más efectiva en las duras condiciones de la isla.
Dejando el ámbito militar de lado, se han dado ciertos eventos políticos dignos de mencionar, aunque su relevancia haya sido principalmente mediática. El pasado 14 de enero tuvo lugar una reunión en la Casa Blanca entre Lars Rasmussen, ministro danés de Asuntos Exteriores; la representante de Exteriores de Groenlandia, Vivian Motzfeldt; el vicepresidente estadounidense, J. D. Vance; y el secretario de Estado, Marco Rubio. No hubo ningún acercamiento de posturas en estas conversaciones.
Groenlandia ha asegurado que colaborará en las negociaciones en la medida de lo posible. A su vez, ha mostrado muchas reticencias ante la idea de ser parte del territorio estadounidense. A pesar de que el actual primer ministro de la isla (que cuenta con el apoyo de tres cuartas partes de la población) es independentista moderado, dejó claro que Groenlandia se mantendrá como parte del reino danés durante el futuro próximo.
Repercusión interior: Qué pasaría con los groenlandeses
En un principio, parece evidente que la economía de Groenlandia recibiría un fuerte impulso si pasase a formar parte de los Estados Unidos, aunque también podría desarrollar una dependencia económica de la gran potencia norteamericana. Sin embargo, ante la posible anexión, sería más relevante preguntarse si Groenlandia sería un estado norteamericano más, o más bien un territorio con una situación política especial, como lo es ahora con Dinamarca.
La Constitución estadounidense deja la puerta abierta a la incorporación de nuevos estados. En concreto, el proceso constitucional requeriría, en primer lugar, la aprobación de una norma interna por parte de la Cámara y el Senado que admitiera al nuevo estado. Tras la firma del presidente, sería necesario que dicha norma obtuviese la mayoría simple de los votos, siendo además imposible derogarla.
Si Groenlandia no se incorporara como un estado más, podría estar bajo la soberanía estadounidense, pero como territorio con cierta autonomía local. Esta no es una situación novedosa, pues 31 de los 50 estados norteamericanos actuales han pasado por esta condición. No obstante, la última vez que sucedió en un territorio poblado fue con la anexión de Hawái en 1959. También podría Groenlandia convertirse en un territorio no incorporado, como es el caso de Puerto Rico o Guam, que ni siquiera votan en las elecciones federales. Aunque, dado el interés que ha mostrado Trump por ejercer control sobre la isla, esta opción no sería la más factible.
Otra cuestión que cabe plantear es la nacionalidad de los groenlandeses tras la hipotética anexión estadounidense. ¿Perderían la nacionalidad danesa? ¿Obtendrían todos los ciudadanos la doble nacionalidad? ¿O únicamente serían ciudadanos estadounidenses aquellos nacidos después de la secesión?
Según la 14ª Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, “todas las personas nacidas o naturalizadas en los Estados Unidos, y sujetas a su jurisdicción, son ciudadanos de los Estados Unidos y del Estado donde ellas residan”. De modo que, en un principio, si Groenlandia se convirtiese en un estado más, sus habitantes tendrían pleno derecho de ser ciudadanos estadounidenses. Y, ya que tanto la legislación estadounidense como la danesa permiten obtener una doble nacionalidad, los groenlandeses podrían, excepto pacto en contrario, adquirir ambas.
Repercusión exterior: La anexión en el orden internacional
La incorporación de Groenlandia como un territorio de Estados Unidos supondría todo un acontecimiento en el panorama internacional y tendría repercusión sobre otras potencias mundiales, como China, Rusia o la propia Unión Europea.
En lo que respecta a China, la relación entre la potencia asiática y Estados Unidos no es de intensa enemistad, aunque tampoco precisamente de aliados, pues es bien conocida la tensión que existe desde hace décadas entre ambos. A día de hoy, China es líder en la cadena de suministro de minerales críticos, y posee más de la mitad de la producción mundial de minerales en tierras raras. Esta situación sitúa a Estados Unidos por detrás del gigante rojo en este ámbito, y Groenlandia podría ser una forma de equilibrar la balanza.
En lo que respecta a Rusia, y teniendo en cuenta su enorme presencia en el Ártico, podría considerar la anexión estadounidense de Groenlandia como una amenaza, agitando, más si cabe, el orden internacional actual. Algo similar podría suceder en la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea, que alcanzaría un pico elevado de tensión, especialmente si Trump decidiera anexionar Groenlandia mediante la fuerza (algo que, en cualquier caso, precisaría el permiso del Congreso y esa autorización sería difícil de lograr, sobre todo con un descenso republicano en las elecciones de medio mandato del próximo mes de noviembre). No obstante, la dependencia de la Unión Europea en materia de defensa podría ser una carta importante de la baraja estadounidense.
Ante la situación geopolítica actual, especialmente con la invasión rusa de Ucrania todavía sin resolver, el papel de la Unión Europea es primordial, pero incierto. La postura neutral con respecto a Groenlandia que defendió en 2025, ha dado un giro radical al comienzo de 2026, cuando Trump ha revivido su discurso imperialista sobre Groenlandia.
Por una parte, países como Francia, Alemania o Suecia han confirmado movimientos militares ‘simbólicos’ en Groenlandia con el objetivo de mostrar su capacidad militar frente a las amenazas estadounidenses. La que se ha denominado ‘Operación Resistencia Ártica’ no es más que una muestra de apoyo logístico por parte de los países europeos hacia la soberanía danesa sobre la isla.
Por otra parte, Francia requiere la aplicación del ‘instrumento anticoerción’ de la Unión Europea, lo que implica una serie de medidas contra Estados Unidos para limitar el comercio y la inversión estadounidense en el territorio de la Unión, que reconoce la actuación de Trump como un “chantaje”. En este sentido, la imposición de aranceles contra Estados Unidos es una de las posibles soluciones frente a las amenazas del presidente estadounidense si la vía diplomática no surte efectos.
Otra de las grandes incógnitas es qué consecuencias tendría la adquisición por parte de Estados Unidos de Groenlandia para la OTAN, de la que Groenlandia también es parte integrante. Ante la compra estadounidense de la isla, cabría esperar que algunos países de la Alianza, especialmente los europeos, se posicionaran a favor de Dinamarca. Queda la duda de si alguno de los miembros de la OTAN apoyaría las órdenes de Trump de anexionar Groenlandia.
La adquisición de Groenlandia por parte de Estados Unidos ha experimentado idas y venidas en el orden del día de Trump y, por lo tanto, también en la menor o mayor relevancia de la cuestión para la opinión pública. Ante la incertidumbre y las -en ocasiones- inesperadas respuestas del presidente estadounidense, sólo el paso del tiempo responderá las tantas cuestiones pendientes de resolver. De momento, Donald Trump no se da por vencido, y continúa jugando al despiste con el anuncio de nuevas reuniones.
De momento, la presión de los principales países de la UE, la voluntad expresada por los propios groenlandeses y alguna fórmula imaginativa avanzada desde la OTAN, para que EEUU pueda disponer de mayor presencia militar con cierta soberanía en algunos emplazamientos, parecen haber desactivado el riesgo de una acción unilateral de Trump. No obstante, la cuestión puede enquistarse en la relación entre EEUU y Europa, agrandando la desconfianza ya puesta de manifiesto.