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Imágenes difundidas en redes sociales por cuentas oficiales de China resaltando el poder chino sobre Estados Unidos: el contra efecto de la guerra comercial de Trump
En la última década, con el aumento de la dominación de plataformas digitales en el ecosistema comunicativo diplomático, la diplomacia digital se ha convertido en un espacio central para la disputa geopolítica. Las redes sociales han pasado de simples canales informativos a instrumentos para moldear narrativas, demostrar poder e influir en percepciones públicas. En este contexto, los memes, que antes servían apenas para entretenimiento, se han convertido en herramientas comunicativas estratégicas, una vez que son capaces de simplificar mensajes complejos y viralizar relatos políticos de manera rápida y replicable, llegando directamente a audiencias nacionales e internacionales.
China está entre los actores que más intensamente han incorporado los memes y formatos virales en su diplomacia digital a través de las redes sociales, especialmente a través de la llamada ‘wolf-warrior diplomacy’ (diplomacia del guerrero lobo), que se caracteriza por adoptar un tono combativo, nacionalista y abiertamente confrontacional, inspirado en la estética de películas heroicas patrióticas. Este enfoque ha hecho que los memes y montajes visuales sean adoptados para defender el país, oponerse a críticas occidentales y proyectar poder globalmente, combinando elementos de poder blando (como humor y atracción cultural), con estrategias de poder duro basados en confrontación y presión internacional.
Conceptos
Para sustentar el análisis de la comunicación digital china es necesario definir dos conceptos clave: el meme y la diplomacia ‘wolf-warrior’. El meme se entiende, en el ámbito de la comunicación digital, como una unidad de información, que puede tomar el formato de imagen, vídeo o texto, que circula de forma viral en los diferentes entornos digitales y que permite que los usuarios lo reinterpreten y adapten, utilizándolo para expresar ideas culturales o políticas de manera breve y generalmente humorística. Por otro lado, la diplomacia ‘wolf-warrior’ marca un cambio fundamental en cómo se entiende la política exterior de China. Este concepto describe la transición de una diplomacia tradicionalmente prudente a una postura más firme, y confrontativa, orientada a defender los intereses nacionales chinos de forma asertiva y a responder agresivamente a las críticas occidentales, rompiendo con la actitud pasiva del pasado.
Para comprender la eficacia de los memes, es necesario entender las dinámicas de poder en las relaciones internacionales. Según Joseph Nye, el poder duro (‘hard power’) se asocia tradicionalmente con el uso de la fuerza militar o la presión económica para obligar a otros actores a seguir una conducta determinada. Por el contrario, el poder blando (‘soft power’) se define como la capacidad de un estado para influir en las acciones de otros mediante la persuasión y la atracción, en lugar de la coerción, apoyándose en la cultura, los valores políticos y las políticas exteriores legítimas.
Doble función
Bajo esta perspectiva teórica, se observa que los contenidos digitales no se limitan a una sola categoría de influencia. Además de su carácter humorístico, los memes empleados por diplomáticos chinos son instrumentos tanto de poder blando, como de poder duro. Por un lado, son capaces de transmitir una imagen moderna del estado y suavizar mensajes importantes, que en otros contextos más formales serían percibidos como propaganda. Por otro lado, ridiculizan a otros estados, principalmente a los adversarios políticos de China, y ayudan a que el país gane una ventaja en la disputa por legitimidad internacional y en la influencia sobre la interpretación global de los acontecimientos. Este carácter de doble función de los memes hace que no sean considerados únicamente como contenidos virales propios del entorno digital, sino también como herramientas concretas de disputa diplomática, capaces de contribuir al enfrentamiento directo con otros países de manera sencilla.
Como consecuencia de esta transición hacia el estilo ‘wolf-warrior’, el uso de memes por parte de la diplomacia China responde a las lógicas del nuevo escenario diplomático global, y se entiende como unaestrategia comunicativa para adaptarse al lenguaje dominante de los jóvenes y de las plataformas digitales. En un entorno donde la atención del usuario está fragmentada y se orienta principalmente hacia contenidos breves, visuales e impactantes, los memes permiten transmitir posturas oficiales de manera más accesible, haciendo con que las posiciones alcancen a más gente. Asimismo, contribuye a reforzar la imagen de China como un actor poderoso y capaz de dominar los medios de comunicación y el control del relato en un ambiente digital, en el que la influencia ya no se mide únicamente en términos diplomáticos tradicionales, sino también a través del alcance de publicaciones y de visibilidad.
Cuentas oficiales
Dentro de esto, es importante considerar el papel que desempeñan las cuentas diplomáticas oficiales chinas en el empleo de estos formatos virales. Las cuentas de figuras diplomáticas importantes, como de portavoces del Ministerio de Asuntos Exteriores y de embajadas en Europa y Norteamérica, tienen los memes incorporados como parte estable de su estilo de comunicación, y suelen utilizar un patrón de uso similar.
El humor sarcástico es utilizado como herramienta para ridiculizar críticas occidentales y reforzar un tono de superioridad. Los llamados ‘contramemes’ (que son una forma de réplica visual), permiten que se responda de manera inmediata y sencilla a diversas acusaciones de derechos humanos, seguridad cibernética, política exterior y otras cuestiones diplomáticas. La combinación de humor, confrontación y estrategia comunicativa se vuelve especialmente visible en situaciones diplomáticas concretas, donde los memes han sido utilizados como auténticas armas discursivas con impacto internacional. Diversos episodios en los últimos años ilustran cómo la diplomacia china ha empleado formatos virales para responder a acusaciones, moldear narrativas globales y, en algunos casos, provocar crisis diplomáticas.
Dos casos de la diplomacia del ‘guerrero lobo‘
Un ejemplo relevante ocurrió en abril de 2025, durante la escalada de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, cuando la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Mao Ning, y el portavoz de la Embajada china en Estados Unidos compartieron en sus redes sociales oficiales un meme de la gorra roja ‘Make America Great Again’ (MAGA) en la plataforma X.
La imagen, al mostrar una etiqueta de ‘made in China’ y un cartel de precio inflado, transmitía un mensaje sarcástico e ilustraba que las tarifas de Donald Trump terminarían perjudicando al consumidor estadounidense. Este meme, junto con otros que se viralizaron en China y llegaron a las redes americanas, que representaban a trabajadores estadounidenses con sobrepeso trabajando en fábricas de textiles, mostró como el país es capaz de tomar control de la narrativa e influenciar la opinión global. Al mostrar que incluso uno de los símbolos más importantes del gobierno de Trump (la gorra roja de MAGA) depende de la cadena de producción de China, el meme reforzaba la idea de que no es solo un competidor de Estados Unidos, sino que también una parte indispensable de su economía, transmitiendo así su importancia económica. Antes de este caso, las gorras MAGA ya habían sido utilizadas por los diplomáticos y actores digitales chinos como memes para transmitir un mensaje distinto, centrado en la interdependencia económica.
En versiones anteriores, como la difundida durante el inicio de la guerra comercial en 2018, el mensaje principal del meme recaía en la etiqueta ‘made in China’ de las gorras para ridiculizar el patriotismo estadounidense, sugiriendo que incluso sus símbolos más emblemáticos dependen de la manufactura china, haciendo una burla sobre la producción. Al comparar las dos versiones de este meme, se puede notar una evolución táctica, en 2025 la imagen ya no solo resalta la dependencia, sino que se utiliza la inflación como un arma de presión política, haciendo una crítica directa sobre el impacto económico en el bolsillo del consumidor estadounidense.