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La actualización de la Estrategia Marítima de la Alianza 2025

La actualización de la Estrategia Marítima de la Alianza 2025

ENSAYO

07 | 01 | 2026

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Paso adelante de la OTAN para recuperar la pujanza de un poder marítimo que fue fundamental para prevalecer en la Guerra Fría

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Foto del Año 2025 de la OTAN (finalista). Miembro de la tripulación de un helicóptero Merlin Mk4 del 845.º Escuadrón Aéreo Naval del Reino Unido en ejercicios de entrenamiento, con el apoyo de la fragata española Méndez Núñez, en julio de 2025 [UK MoD]

En un artículo publicado en 2024 para el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), sobre el presente y el futuro de la postura marítima de la Alianza, se planteaba la necesidad de “una nueva estrategia marítima de la Alianza que defina todos los desafíos actuales en el mar para las marinas aliadas e informe a los gobiernos nacionales sobre las necesidades más apremiantes de sus marinas de guerra”[1].Casi dos años después, la Alianza ha hecho pública por fin una actualización de la Estrategia Marítima de la Alianza (AMS) de 2011.

La nueva actualización llega en un momento en que la guerra en Ucrania se aproxima a los cinco años de duración, la crisis del mar Rojo y su afección a la seguridad marítima en el golfo de Adén y en el propio mar Rojo parece haber remitido, pero el océano Índico Occidental ha registrado un ligero repunte de casos de piratería. Además, China sigue estrechando lazos con la Federación Rusa mediante ejercicios navales regulares a lo largo del año, al tiempo que el tamaño de su marina de guerra y de su guardia costera continúa creciendo, mostrando una actitud hostil hacia sus vecinos en la región del mar de China Meridional.

La versión 2025 de la AMS, aunque constituye una actualización del documento original, ofrece importantes indicios sobre cambio de rumbo que la Alianza está adoptando en el ámbito marítimo. Este artículo aborda la estrategia marítima aliada comparando las dos versiones de la AMS, prestando especial atención a la actualización reciente y explorando sus aspectos más destacados.

Sobre la estrategia marítima y el poder marítimo

La OTAN sigue siendo, en esencia, una alianza marítima por su configuración geográfica, con Europa como un apéndice de la gran masa continental euroasiática proyectada hacia el mar, y el Atlántico como el tejido que une a los aliados de ambos continentes. La Alianza necesita una estrategia marítima en la medida en que la estabilidad y el libre flujo de bienes y servicios en torno a su periferia marítima dependen de un poder marítimo que garantice la estabilidad y la libertad de navegación.

Sin entrar en demasiadas particularidades teóricas, la estrategia marítima puede entenderse de forma general como “el arte y ciencia de utilizar el poder marítimo para cumplir fines relacionados con el mar”. Es el instrumento principal con el que se definen los objetivos estratégicos y políticos que se persiguen, así como los medios necesarios para alcanzarlos y las formas en que emplear dichos medios. A diferencia del nivel nacional, elaborar una estrategia marítima para una alianza con 32 estados miembros (cada uno con sus propios objetivos políticos y diferentes realidades estratégicas), no es para nada tarea sencilla. El poder marítimo de cada miembro se configura y se ve influido de forma particular en función de varios aspectos, entre los que destacan los físicos, geopolíticos e identitarios[2].

En lo relativo al poder marítimo de la OTAN, alinear las visiones y coordinar las contribuciones de todos los miembros sigue siendo una preocupación central. Además, Europa desempeña un papel tan importante como el de sus aliados al otro lado del Atlántico. A pesar de la evolución negativa de las fuerzas navales europeas de las últimas tres décadas, analizada y explicada en profundidad por Jeremy Stöhs, Europa y sus marinas de guerra siguen siendo un activo relevante con un potencial considerable. Como afirma el profesor Geoffrey Till:

“Su economía total está en la misma liga que la de China y Estados Unidos, y muy por encima de la de Rusia. Sus industrias marítimas siguen siendo sustanciales y notablemente innovadoras. Su fuerza naval colectiva es ya potencialmente significativa y probablemente lo será más en el futuro. La cuestión clave es hasta qué punto esas fortalezas están bien coordinadas en todo el continente europeo”[3].

En este contexto, las marinas europeas llevan años luchando por ampliar el tamaño y las capacidades de sus flotas, al tiempo que se enfrentan a presupuestos siempre escasos y en disputa con otras ramas de las fuerzas armadas. El periodo de reducida inversión en lo naval, y lo militar en general, durante las primeras décadas del siglo actual ha tenido consecuencias que se hacen visibles en situaciones como la del mar Rojo, donde las fuerzas aliadas han sido incapaces de poner fin a los ataques lanzados por los hutíes en la región del mar Rojo y el golfo de Adén[4]. La crisis ha implicado a numerosas marinas europeas, que han prestado escolta y apoyo a los buques mercantes amenazado por los hutíes, mientras que los ataques a objetivos en tierra han sido realizados únicamente por fuerzas estadounidenses y británicas.

Las dificultades experimentadas en el mar Rojo han recordado a Europa y al mundo que el poder marítimo requiere un compromiso constante y una inversión sostenida para ser realmente efectivo y útil. En vista de ello, resulta evidente que la Alianza necesitará una visión coherente y racional que oriente sus esfuerzos en el mar; una visión que, como se verá en las siguientes secciones, se ha tratado de proporcionar con la publicación de la Estrategia Marítima de la Alianza (AMS) de 2011 y su actualización de 2025.

La Estrategia Marítima de la Alianza de 2011

Unas pocas décadas después del fin de la Guerra Fría, la AMS fue publicada en 2011, vinculada al Concepto Estratégico de 2010. Fue el primer documento oficial de la Alianza publicado bajo esa denominación, aunque, en la práctica, algunos (entre ellos, quien escribe) consideran que la US Maritime Strategy de los años ochenta influyó en la estrategia marítima y naval de la Alianza durante aquella época[5].

El documento, muy breve, describe principalmente un entorno marítimo caracterizado por la cooperación. Así, como ya se resalta en sus primeras líneas, “el entorno marítimo se presta bien a fortalecer el compromiso con la seguridad cooperativa”[6]. Se identifican cuatro pilares fundamentales sobre los cuales se configura la actividad marítima aliada, que son, a su vez, modos de emplear las capacidades conjuntas: disuasión y defensa colectiva, gestión de crisis, seguridad cooperativa (centrada en acuerdos y diplomacia naval) y seguridad marítima[7].

La estrategia elabora una breve descripción del entorno marítimo de aquel momento, en el cual, como ya se ha señalado, la cooperación y la globalización eran rasgos esenciales. Subrayando la necesidad de proteger la libertad de navegación, el comercio marítimo, la infraestructura submarina crítica y otras cuestiones relacionadas con los recursos marinos, la AMS también reconocía que los océanos eran cada vez más accesibles a actividades ilícitas como el crimen organizado, el tráfico de drogas y de personas, o la piratería (que, precisamente en aquel momento, alcanzaba niveles históricos en lugares como el Cuerno de África)[8].

A pesar de su gran aportación en el momento de su publicación y de que estaba concebida para preservar su validez en el tiempo, la AMS quedó obsoleta no mucho después de ser lanzada. Prueba de ello es la ausencia de referencias a China o Rusia, que no aparecen mencionadas en ningún momento en el documento, y que el Concepto Estratégico de 2022 define como “la amenaza más significativa y directa para la seguridad de los aliados y para la paz y estabilidad en el espacio euroatlántico”[9], a la vez que sitúa a China como un desafío a los intereses y valores comunes debido a la falta de transparencia que caracteriza su estrategia e intenciones, así como su uso de acciones irregulares[10]. Ambos países también han realizado grandes esfuerzos para fortalecer sus capacidades navales y marítimas en los últimos años, algo que a comienzos de la década actual puso de manifiesto la necesidad de una nueva estrategia para gestionarlos.

La AMS de 2011 fue un paso importante en la alineación de las principales ideas del Concepto Estratégico de 2010 con la postura marítima conjunta, pero sus aportaciones quedaron en gran medida obsoletas con la ocupación de Crimea en 2014. El documento tiene un tono y un enfoque marcadamente distintos de su predecesor estadounidense de los años ochenta, aunque ello se debe principalmente a que respondía a contextos estratégicos totalmente diferentes. Mientras que la estrategia de 2011 estaba orientada sobre todo hacia la seguridad y la cooperación marítima, la de los años ochenta se centraba mucho más en una estrategia naval dirigida a la disuasión, dada la naturaleza de la amenaza que representaba entonces la flota soviética bajo el liderazgo del almirante Gorshkov.

Así, pese a que el documento tuvo gran valor en el plano político-estratégico, desde la invasión de Crimea en 2014 la Alianza ha visto el surgimiento de nuevas amenazas en el mar, como la creciente vulnerabilidad de infraestructuras submarinas críticas frente a tácticas irregulares, o las diversas amenazas a la libertad de navegación en el mar Rojo y el océano Índico. La actual crisis comercial, agravada en el caso de la OTAN por la tendencia decreciente de sus flotas mercantes y pesqueras, a la que podría añadirse el repunte de incidencia de la piratería somalí, ha vuelto a poner de manifiesto la dependencia de la economía global respecto a las rutas marítimas y los pasos estratégicos por los que transitan.

El rápido deterioro que ha experimentado el entorno marítimo en las últimas dos décadas –descrito, como ya se ha dicho, en trabajos anteriores– se suma al carácter eminentemente marítimo que han adquirido los conflictos y al actual contexto de confrontación entre grandes potencias. Todo ello ha magnificado la necesidad de una nueva estrategia que devuelva un mayor protagonismo a la fuerza naval como elemento central de la disuasión y de la protección de las principales líneas de comunicación marítimas[11].

La Estrategia Marítima Aliada de 2025

La actualización de la AMS fue publicada el 29 de octubre de 2025[12], aunque un borrador anterior se filtró en agosto del mismo año a través de la plataforma ‘Human Rights at Sea’[13]. El nuevo documento trae consigo un cambio visible respecto al lenguaje, aunque mantiene relativamente intactas algunas partes de su predecesora. A primera vista, se percibe que la Alianza vuelve poco a poco a hablar el lenguaje del poder marítimo. De hecho, como ilustración, las menciones al “poder marítimo” o a la “proyección de poder” aparecen 17 veces, 15 más que en la versión de 2011.

Tal y como se afirma en los párrafos iniciales, la estrategia actualizada aspira a proporcionar “una referencia global para el ejercicio de poder marítimo que contribuya a alcanzar los objetivos de la OTAN tanto ahora como en la próxima década”.

La primera sección amplia está dedicada al entorno estratégico. Si se compara con el que existía cuando se elaboró la estrategia de 2011, 14 años después el panorama es muy distinto:

“El entorno de seguridad global es cada vez más complejo, disputado e impredecible […] El área euroatlántica no está en paz. No puede descartarse un ataque contra la soberanía y la integridad territorial de los Aliados; por tanto, la Alianza debe estar preparada para ‘combatir hoy’ y ‘combatir mañana’”[14].

Las dos principales amenazas identificadas son Rusia y el terrorismo, este último en todas las formas que pueda adoptar. Además, también se destacan el cambio climático, la República Popular China y los cambios derivados de la inteligencia artificial y la tecnología.

Rusia “es la amenaza más significativa, directa y a largo plazo para la seguridad de los Aliados”. Se apoya en una combinación de “acciones convencionales, cibernéticas y de desestabilización cada vez más agresivas contra la Alianza y sus socios”. Asimismo, “la amenaza multidominio que Rusia plantea a la OTAN persistirá a largo plazo”[15]. Todas estas aportaciones resultan bienvenidas y necesarias, redactadas de forma concisa y clara.

Lo mismo ocurre con la inclusión de China, que se ha convertido en un desafío central al statu quo desde la publicación de la estrategia anterior. En efecto, las “ambiciones declaradas de la República Popular China, su retórica confrontativa, la desinformación, las políticas coercitivas y una creciente asertividad continúan desafiando los intereses, la seguridad y los valores de la Alianza y de sus socios”[16].

La estrategia se articula en torno a la visión de que “la OTAN dispondrá del poder marítimo para mantener la libertad de navegación, salvaguardar las rutas marítimas, proteger las infraestructuras críticas y contribuir a disuadir y contrarrestar las amenazas y desafíos emergentes en todos los ámbitos”. Subraya la importancia crucial del poder marítimo para garantizar una defensa colectiva creíble, en lo que probablemente sea una de las mejores definiciones de poder marítimo y de su importancia vistas en una publicación oficial de la OTAN:

“El poder marítimo aliado, apoyado por los efectos de otros dominios, proporciona libertad de acción para disuadir y defender. Las fuerzas marítimas, con sus características únicas tales como el alcance, flexibilidad, equilibrio, disuasión, capacidad de despliegue y movilidad, y disponibilidad, poseen una utilidad escalable a lo largo del continuo Paz — Crisis — Conflicto”[17].

La segunda parte expone los tres pilares principales de la contribución del poder marítimo a la seguridad de la Alianza. Los tres pilares, con un ligero cambio respecto a la estrategia de 2011, son: disuasión y defensa, prevención y gestión de crisis, y seguridad cooperativa. Para cada uno de ellos, la estrategia detalla cómo contribuirá el poder marítimo aliado.

Respecto al primero, disuasión y defensa, quizá el más relevante de todos, se aspira a que el poder marítimo contribuya proporcionando:

a) Una disuasión nuclear creíble desde el mar,

b) Control del mar y proyección de poder,

c) Libertad de navegación, maniobra y acción en el ámbito marítimo, y

d) Protección de las rutas marítimas y de las infraestructuras críticas, con un enfoque en la seguridad de las infraestructuras submarinas.

e) Poder duro para prevalecer en los conflictos.

Se fijan 18 tareas para alcanzar estos objetivos, entre ellas la contribución a la disuasión nuclear y la ambición de “utilizar, expandir y seguir desarrollando las capacidades de grupos de portaaviones, guerra antisubmarina, guerra de minas y sistemas autónomos embarcados”.

El segundo pilar es la prevención y gestión de crisis, un ámbito en el que las marinas de guerra aliadas han acumulado cierta experiencia en las últimas décadas respondiendo a crisis humanitarias y desastres naturales. Entre las vías de acción para garantizar el cumplimiento de los objetivos en este campo, la estrategia establece seis tareas clave, incluido el aprovechamiento de “la agilidad inherente de sus fuerzas marítimas para llevar a cabo operaciones de seguridad marítima flexibles y escalables que prevengan o respondan a situaciones de crisis emergentes en tierra y aseguren la libertad de navegación en el mar”. Igual de importante es la voluntad de “mantener fuerzas marítimas creíbles y de respuesta rápida capaces de operar en entornos litorales a menudo degradados”, una tendencia que se espera sea cada vez más común en los próximos años.[18]

El tercer pilar es la seguridad cooperativa. Establece seis objetivos que giran en torno al fomento de la cooperación multilateral, la mejora de la conciencia situacional y la realización de actividades diplomáticas como visitas a puertos. Al igual que en 2011, la estrategia busca “hacer una importante contribución a la política de proyección de la OTAN a través de asociaciones, diálogo y cooperación”, en paralelo a las actividades individuales de naturaleza similar emprendidas por los Estados miembros de manera independiente.

Por último, la sección final del documento aborda brevemente la implementación de la estrategia. Destaca el papel de las Agrupaciones Navales Permanentes (SNMGs), que siguen siendo una herramienta vital de la postura marítima de la Alianza. Sin embargo, el tono positivo con el que se discuten su función e importancia contrasta con la reducción que han experimentado en tamaño durante las últimas décadas, y la necesidad de cubrir un espectro de amenazas mucho mayor.

Las conclusiones del documento subrayan en términos generales la relevancia del poder naval en la persecución de los intereses de seguridad colectiva, reiterando el objetivo central de cara al futuro: “las fuerzas marítimas de la OTAN disuadirán y defenderán frente a todas las amenazas en un entorno operativo interconectado y disputado en el futuro”[19].

El mensaje, si bien suena firme y decidido, contrasta con una realidad palmaria: el poder marítimo no es barato, y construir y mantener una fuerza naval sólida y preparada requiere un esfuerzo económico mayúsculo. Por ello, corresponde a los dirigentes políticos el asegurarse de que los contribuyentes sean plenamente conscientes de ello y comprendan la importancia de invertir en el poder marítimo nacional. Como ha señalado el siempre acertado Commander Salamander, “la AMS es un documento sólido y compacto de carácter informativo que deberíamos estar distribuyendo como folletos en la puerta de la iglesia los domingos”.

Consideraciones finales

Catorce años después, la OTAN ha actualizado finalmente su Estrategia Marítima de la Alianza. Poco después de su publicación original, los cambios en el entorno marítimo dejaron progresivamente obsoleta a la AMS, lo que hizo necesaria una revisión profunda de sus principios rectores, especialmente tras la publicación del Concepto Estratégico de 2022. La actualización, que es precisamente eso, se apoya en su predecesora y adapta la visión de la Alianza para reflejar los cambios en el entorno estratégico y las amenazas que han surgido desde entonces.

A grandes rasgos, el documento supone una mejora importante y un paso adelante para la Alianza en su propósito de recuperar la pujanza de un poder marítimo que fue fundamental para prevalecer frente a la Unión Soviética en la Guerra Fría. Tras haber quedado fuera (comprensiblemente) en 2011, Rusia, el terrorismo (léase guerra asimétrica en el mar) y la República Popular China son ahora preocupaciones centrales en un mundo que ya no es estable ni está definido por la cooperación internacional en el mar. Por el contrario, el drástico deterioro del entorno estratégico marítimo se ha visto agravado por la aparición de amenazas asimétricas que pueden poner en riesgo algunas de las líneas de comunicación más importantes del mundo.

La nueva actualización define de manera clara los objetivos estratégicos que su poder marítimo debe perseguir, así como algunas de las formas de alcanzarlos. Utiliza un lenguaje más conciso, con descripciones concretas y directas de las amenazas que se presentan hoy en el mar. Al mantener casi intactos los pilares de su poder marítimo, se basa en su predecesora para proporcionar una visión renovada. Sin embargo, algunos aspectos habrían necesitado mayor atención, en particular aquellos que se sitúan fuera de la dimensión puramente naval. En particular, el estado actual de las flotas mercantes aliadas y de las capacidades de transporte estratégico, los desafíos que afronta la industria de la construcción naval en su empeño por ampliar el tamaño de las fuerzas navales, o un enfoque más específico por regiones en la descripción del entorno estratégico habrían contribuido a un documento mucho más sólido.

Es un paso adelante, como decimos, pero queda mucha navegación en el horizonte.

 

REFERENCIAS


[1] Vázquez Orbaiceta, Gonzalo. “Navegando en Aguas Peligrosas: La Postura Marítima de la OTAN”, Documento de Opinión IEEE 28/2024, 11 marzo 2024, https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2077230/Navegando+en+Aguas+Peligrosas+La+Postura+Mar%C3%ADtima+de+la+OTAN.pdf/94afa53c-3026-891a-4f28-20f971e32da4?t=1716977028165. 18.

[2] Germond, Basil. The Maritime Dimension of European Security: Seapower and the European Union. Palgrave Macmillan, 2015. 20.

[3] Till, Geoffrey. “Foreword”, en Stöhs, Jeremy. European Naval Power. From Cold War to Hybrid Wars. Palgrave Macmillan, 2024. X.

[4] Sobre la crisis del mar Rojo, ver: Romero Junquera, Abel. “La Crisis del mar Rojo: Análisis desde una Dimensión Marítima”, Documento de Análisis IEEE 16/2025, 4 marzo 2025, https://www.defensa.gob.es/documents/2073105/2392118/la_crisis_del_mar_rojo_2025_dieeea16.pdf/d1fb085c-1426-775e-76d9-c5f0ca9e51a2?t=1740480237934.

[5] Ver: Hattendorf, John B. & Swartz, Peter M. “U.S. Naval Strategy in the 1980s”. U.S. Naval War College, Newport Paper, No. 33, 2008. Disponible en: https://digital-commons.usnwc.edu/usnwc-newport-papers/33.

[6] NATO, 2011.

[7] Ibid.

[8] Ibid.

[9] NATO, 2022, 3.

[10] NATO, 2022, 5.

[11] Vázquez Orbaiceta, Gonzalo. “Estrategia Marítima Aliada: Algunos Apuntes”, Revista General de Marina, Vol. 287, Núm. 3, 2024. 563-574.

[12] NATO “Update to the Alliance Maritime Strategy”, 29 octubre 2025. Disponible en: https://www.nato.int/en/about-us/official-texts-and-resources/official-texts/2025/10/29/alliance-maritime-strategy

[13] NATO “Update to the Alliance Maritime Strategy”, julio 2025. Disponible en: 2025-08/20250729_Revision%20of%20the%20Alliance%20Maritime%20Strategy.pdf.

[14] NATO, 2025.

[15] Ibid.

[16] Ibid.

[17] Ibid.

[18] Ibid.

[19] Ibid.

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