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"A muchos lectores les gusta ser engañados por las fake news"

Las fake news manipulan al lector a través de sus emociones con el fin de modificar su juicio sobre determinados grupos, explicó la catedrática de la UNED Laura Alba-Juez en el Instituto Cultura y Sociedad


FotoBerta Viteri
/Laura Alba-Juez, durante su visita al Instituto Cultura y Sociedad.

17 | 03 | 2022

Laura Alba-Juez, especialista en análisis del discurso y catedrática de Lingüística Inglesa de la UNED, visitó el Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra para participar como ponente en el workshop “Vínculos y emociones en la esfera pública”, organizado por el grupo “Cultura Emocional e Identidad”. En este marco, la investigadora habló sobre la “manipulación de la emotividad en las fake news” y el uso de la “alteridad sofisticada”.

-¿Qué tipos de fake news existen?
Primero, las que se producen con intereses mercenarios o económicos: es decir, para vender algo. Después, están las que se producen con una agenda política: por ejemplo, para convencer a la audiencia de que un partido político es el bueno y el otro es el malo. Finalmente, hay otro tipo de fake news que tienen una intención satírica. En España, tenemos, por ejemplo, El Mundo Today. Las noticias falsas de este último tipo, sin embargo, no son calificadas estrictamente como tales porque la mayoría de definiciones de fake news inciden en la importancia de la intención de engañar.

-En su trabajo distingue entre “alteridad cruda” y “alteridad sofisticada”, ¿en qué consiste cada una?
La alteridad cruda es cuando hablamos del otro directamente en términos como “el otro es nuestro enemigo” o “el otro no nos gusta”. Lo decimos de forma directa y expresa, literal. La alteridad sofisticada es más peligrosa, porque utiliza inferencias: hace que los lectores o la audiencia infieran cosas que no se han dicho literalmente. Ese es el peligro. Están manipulando tu opinión, tus emociones, sin que te des cuenta. Por eso se llama sofisticada; porque es más sutil. La intención queda oculta.

-¿Qué intención hay detrás de esta estrategia comunicativa?
La alteridad sofisticada construye un relato de dos grupos: nosotros y los otros. De forma sutil, la alteridad sofisticada le hace inferir al lector que uno de los grupos -nosotros- es bueno y el otro grupo -los otros- es malo. Incentiva el sentimiento de pertenencia a un grupo interno que se opone a un grupo externo. Esto se ve mucho en los anuncios, en la propaganda:  te manipulan haciéndote entender que el comprador de un producto concreto es del grupo de los mejores, de los más elegantes… y así te convencen de que compres ese producto, con ese proceso de construcción de la alteridad.

-¿La sutileza de la alteridad sofisticada logra producir el engaño de manera más efectiva?
La alteridad sofisticada es más manipulativa que la alteridad cruda. Al trabajar con implicatura, dejando que el lector haga sus propias inferencias –que no detecta que ya están dirigidas por el propio discurso– se convence de que se ha posicionado a favor de un grupo y en contra de otro de manera racional. Cree que ha escogido un determinado grupo o un determinado producto o partido político por un proceso racional y no se da cuenta de que ha sido manipulado a través de mecanismos del discurso.

Los analistas del discurso intentamos detectar todas las estrategias que se han llevado a cabo para suscitar estas emociones y lograr esta manipulación de la valoración: el ocultamiento del hablante, la atribución de enunciados a otros, la prosodia, los usos de la semántica… A través de estas estrategias se puede mandar un mensaje de crítica negativa sobre un grupo pero sin ser explícito: es decir, manipular al lector para incentivar unas emociones concretas y así también decantar su posicionamiento a favor o en contra de un grupo. 

-¿Podemos hacer algo para no caer en estos engaños?
Daniel Kahneman habla de dos sistemas de pensamiento: el sistema rápido—más instintivo, más automático– y el sistema lento—más racional, más analítico—. El pensamiento lento es el que se detiene para comprobar si algo es verdadero o falso, si los enunciados están fundados en algo racional o no. A menudo nos dejamos guiar por el pensamiento rápido y no utilizamos ese pensamiento lento, más analítico: esto sucede con las fake news. 

Siempre ha habido noticias falsas, eso no es nuevo. El asunto es que ahora se propagan muy rápidamente por las redes sociales. Vemos un titular sensacionalista, con una mentira o una media verdad, y damos el click: caemos en el clickbait. En un minuto, millones de personas leen esa noticia falsa. No solo la leen, sino que la comparten. Esto se produce porque nos dejamos guiar por ese sistema de pensamiento rápido sin poner en marcha el pensamiento lento. Antes las fake news se difundían de boca en boca pero no llegaban tan lejos. Ahora se propagan con muchísima facilidad. Ese es el gran problema de nuestro tiempo. 

-¿Cada uno de nosotros contribuye a este triunfo de las fake news?
Hay muchas estrategias para manipular a través del discurso y medios haciendo uso de ellas. Pero también hay que tener en cuenta que hay muchos lectores a los que les gusta ser engañados y quieren serlo. Simplemente para confirmar lo que ellos ya creen sin haber hecho una constatación verdaderamente racional: a esto se le llama “sesgo de confirmación”. A las noticias que no confirman la creencia previa, se las ignora. 

El problema de estos tiempos en que ahora mismo tiene voz cualquiera sobre cualquier tema. No está mal que todos podamos comunicarnos por redes sociales, pero no está bien tomar como experto a cualquiera. Que se le ponga una platea a alguien que no es un experto. Los expertos son personas que han estudiado a fondo una cuestión; no son influencers. Estos pueden tener esa plataforma de comunicación pero no la experiencia.

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