La vigencia del pensamiento de san John Henry Newman para formar “buenos miembros de la sociedad”
Paul Shrimpton, profesor en Magdalen College School (Oxford), repasó en la I Jornada Newmaniana la educación liberal, el sistema tutorial y la formación del carácter en el pensamiento de san John Henry Newman
05 | 11 | 2026
Pamplona, 29 de octubre de 2026. “Newman decía que tenemos una tendencia a suponer que nuestra materia responde a todas las preguntas del mundo. Nos necesitamos unos a otros. Necesitamos otras disciplinas. Necesitamos estar con otras personas”. Esta fue una de las ideas que Paul Shrimpton, profesor en Magdalen College School (Oxford, Inglaterra), transmitió en su conferencia durante la I Jornada Newmaniana de la Universidad, que tuvo lugar el pasado jueves 29 de octubre en el Aula Magna del Edificio Central.
Impulsada por el Instituto Core Curriculum y Friends of Newman, la jornada giró en torno a la figura de san John Henry Newman como pensador y universitario, con el objetivo de acercar a los asistentes la vigencia de las ideas de Newman en la actualidad. Estuvo presidida por Rosalía Baena, vicerrectora de Estudiantes, y Péter Heltai, estudiante de doctorado de la Facultad de Educación y Psicología y organizador del evento.
“Seguramente hay muchos hombres y mujeres en todo el mundo que han estado profundamente implicados en la fundación de escuelas y universidades, algunos de los cuales también fundaron órdenes dedicadas a la enseñanza. Entonces, ¿por qué John Henry Newman? ¿qué hizo?”. Con esta idea comenzó el profesor de Oxford su ponencia, titulada Newman’s eminent teaching on university education, yesterday and today. Destacó a Newman no solo como un intelectual, sino también como “un hombre de acción”: se empeñó en hacer absolutamente todo para sacar adelante la institución que le había sido encomendada fundar, la Universidad Católica de Irlanda (Dublín, 1854). “Es esa interacción, ese influirse mutuamente la acción en el mundo y el pensamiento, lo que da a sus ideas un peso añadido”, explicó.
Una concepción amplia de la educación
Según Shrimpton, Newman tenía una concepción muy amplia de la educación, pues se resistía a la tendencia a reducir su significado y a estrechar su alcance. “Tanto entonces, como ahora, hay un error común: considerar la educación simplemente como la transmisión de conocimientos, en lugar de como el entrenamiento de la mente, la adquisición de hábitos y la formación del carácter”. Por ello, afirmó que, para san John Henry Newman, “la educación tiene lugar no solo en entornos formales como el aula, la sala de conferencias o el laboratorio, sino también en actividades informales como el deporte, la música, el teatro, el debate y el periodismo estudiantil, e incluso en los momentos informales de relajación y diversión: fiestas, comidas, etcétera”.
Destacó también que el doctor de la Iglesia desempeñó un papel importante en la reforma de la Universidad de Oxford, a la que estuvo profundamente vinculado durante casi 30 años, aportando el germen del moderno sistema de tutorías. “El sistema de colleges y el modo de enseñanza tutorial son las dos cosas clave que atraen a la gente tanto a Oxford como a Cambridge”. Para Newman, según citó el profesor Shrimpton, “El sistema profesoral cumple la estricta idea de universidad y es suficiente para su ser, pero no es suficiente para su bienestar. Los colleges constituyen la integridad de la universidad”.
Educar para este mundo y para el otro
Shrimpton advirtió de que leer a Newman no resulta sencillo, ni siquiera para quienes tienen el inglés como lengua materna; no obstante, recordó que el cardenal consideraba que, para llegar a la verdad de una idea, “es necesario verla desde muchos ángulos, de cerca y de lejos, en distintos entornos y épocas históricas, y conservar las impresiones separadas que se obtienen”. Newman sostenía que la marca distintiva de una idea es su capacidad de armonizar aspectos contrarios y opuestos, “de modo que ninguna proposición la determine”.
Desde la perspectiva humana, según el pensador, el propósito de la educación es aprender a pensar y desarrollar esas fortalezas de carácter que llamamos ethos. “Su fin práctico, decía Newman, es el de formar buenos miembros de la sociedad. Su arte es el arte de la vida social, y su fin es la aptitud para el mundo. Pero desde un punto de vista sobrenatural, toda la educación debe conducirse sobre el principio de que utiliza medios para un fin, y ese fin es la santidad cristiana”, añadió el profesor de Oxford.
En esa línea, sostiene la necesidad de apreciar que cada disciplina tiene sus propios puntos de partida, sus propias maneras de considerar la evidencia y sus propios métodos para llegar a la verdad. Shrimpton explica cómo “Newman decía que tenemos una tendencia a suponer que nuestra materia responde a todas las preguntas del mundo”. Y recogía con ello la necesidad de la interdisciplinariedad, donde era importante que en una universidad todas las facultades de las principales áreas del saber tuvieran presencia.
Más adelante, Shrimpton también señaló la idea de una educación liberal que defendía el santo, donde afirmó que el conocimiento es un fin en sí mismo, digno de ser buscado, frente a las crecientes tendencias utilitaristas. Decía que ‘una educación liberal forma la mente en el modo de emitir juicios, y esto hace a la persona más apta para asumir cualquier papel’. A este respecto, afirmó que san John Henry Newman consideraba la educación una actividad profundamente relacional, que no trata de sistemas ni de conocimientos sino de individuos.
Hacia el final de su intervención, Shrimpton recordó una de sus citas favoritas de Newman: “Un sistema académico sin la influencia personal de los profesores sobre los alumnos es un invierno ártico”. Con ella explicó que Newman describía esa situación como el reinado de la ley sin influencia y del sistema sin personalidad. “La influencia personal es lo que da dinamismo a cualquier sistema: la acción de una mente sobre otra, de una personalidad sobre otra, de un corazón sobre otro”, señaló.
Por eso, añadió, que Newman tomaba al joven adulto en su individualidad radical y en su propia etapa de maduración, y privilegiaba al individuo por encima de los sistemas.
Shrimpton terminó su conferencia presentando a Newman como un “heraldo de esperanza”. Su vida, recordó, estuvo marcada por grandes decepciones y fracasos, y por eso entendía la esperanza no como un optimismo que da por hecho que todo saldrá bien, sino como una virtud recia, que no rehúye la realidad: “Triunfamos a través de los fracasos. Caminamos hacia el cielo de espaldas”. Enlazó así con las palabras del papa León XIV al comentar la meditación de Newman Hope in God: en el centro de la educación no hay “individuos abstractos, sino personas reales”, llamadas a formarse “para que puedan brillar como estrellas en toda su dignidad”.
Posteriormente, tuvo lugar la mesa redonda Educación liberal y el futuro de la universidad, en la que participaron los profesores Juan Luis Lorda (Facultad de Teología), Concepción Naval (Facultad de Educación y Psicología), Joseph Milburn (Facultad de Filosofía y Letras) y Ruth Gutiérrez (Facultad de Comunicación), y moderada por Jorge Machín (Facultad de Derecho). Además, el profesor Víctor García Ruiz (Facultad de Filosofía y Letras) impartió la conferencia De fracaso en fracaso: el ideal universitario de John Henry Newman.
Por la tarde, el encuentro trajo el estreno del documental Lead Kindly Light: The Story of Saint John Henry Newman, seguido de un coloquio entre los estudiantes de Friends of Newman.