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Entre romanos, vascones, celtas e iberos. Las tierras de Navarra en la antigüedad

20/09/2026

Publicado en

Diario de Navarra

Javier Andreu Pintado |

Catedrático de Historia Antigua y director del Diploma en Arqueología Universidad de Navarra

La esencialista identificación entre Navarra y los vascones está profundamente arraigada en el imaginario cultural navarro. Ésta surgió casi en la propia Antigüedad, al desmembrarse el factor de unidad política que supuso el Imperio Romano y fue después recuperada para legitimar el origen de los reinos de Pamplona y de Navarra -que se hacían así supuestamente herederos del antiguo territorio vascón- y, también, ya en el siglo XX, para dar argumento de antigüedad al estado autonómico y a Navarra como comunidad diferenciada.

Sin embargo, esa equivalencia dista mucho de poder sostenerse hoy. Lo que sabemos sobre esos antiguos vascones es, sencillamente, lo que, sobre ellos, Roma nos quiso contar cuando, al llegar al territorio en las primeras décadas del siglo II a. C., llamó su atención que en un espacio mayoritariamente ocupado por gentes de lengua indoeuropea -celtas, al sur y al oeste- y de lengua ibérica -íberos, al este- vivían quienes hablaban una lengua diferente -vascónica- que encontraría más tarde acomodo escrito adoptando el signario de los iberos y, también, usando el hábito epigráfico romano tal como la mano de Irulegi ha venido a demostrar. Esa singularidad debió pesar en la decisión romana de individualizar a este grupo con un etnónimo singular. Estrabón, en época de Tiberio, describió el modo de vida de esos vascones como semejante al de las poblaciones septentrionales de la península y destacó entre sus ciudades a la de Pompelo, no por ser la más importante sino por haber sido fundada, en el 72 a. C. y al término de la guerra sertoriana, por el general Pompeyo. Algo antes, Tito Livio, en época de Augusto, había hablado, en el marco de su relato de la guerra de Sertorio, de la existencia de un Vasconum ager en la zona limítrofe al espacio céltico berón, no lejos del poblado de La Custodia de Viana. Más tarde, Plinio -que, a diferencia de los anteriores, sí estuvo en la península- refrendaría el carácter pirenaico de los vascones y anotaría la existencia en el área occidental del territorio, cerca de Oiasso -Irún- de un saltus, espacio montañés que tendría su continuidad en el ámbito aquitano. Ptolomeo, desde Alejandría, y en época de Adriano, atribuiría a los vascones ciudades tan distantes como la propia Oiasso, Tarraca o Segia -en las Cinco Villas de Aragón-, Calagurris -Calahorra-, Andelo -Mendigorría- o Alauona -Alagón- dibujando un espacio en el que, sin embargo, las evidencias epigráficas y lingüísticas remiten a un panorama claramente multilingüe y diverso propio de una zona de contacto como fue el valle del Ebro en los tiempos antiguos y también, el propio territorio vascón.

Esos autores -y otros que se detuvieron en la resistencia a Roma de algunas comunidades hispanas- nada dicen sobre la beligerancia de estos vascones contra el estado romano. Hay, de hecho, indicios evidentes para pensar lo contrario. Y es que desde que Roma asentó en el 178 a. C., en las proximidades a la actual Alfaro, la ciudad de Gracchuris, la influencia romana fue permeando de tal modo que transcurridos apenas cien años jinetes de nombre vascónico lucharon del lado romano, en Italia, en la llamada “guerra de los aliados” y, poco después, las ciudades y castros de los vascones tomaron partido, de forma independiente, por el bando oficialista pompeyano o por el sublevado sertoriano en la primera gran guerra civil de la República romana que se libró, en parte, en las tierras de la actual Navarra. Transcurridos los siglos, incluso unidades auxiliares de vascones servirían al ejército de Roma en destacados puntos de las fronteras del Imperio.

La historia de los vascones y de la Navarra antigua es, por tanto, la historia de Roma gestionando un espacio de tremenda heterogeneidad cultural y en esa historia, desde luego, no hay rastro de muchos de los tópicos con los que, respecto de los vascones, muchos navarros, desde una óptica casi romántica, han venido sintonizando durante los últimos años.