08/10/2026
Publicado en
Diario de Navarra
Carmen Sanmartín |
Catedrática de la Facultad de Farmacia y Nutrición de la Universidad de Navarra.
Daniel Plano |
Catedrático de la Facultad de Farmacia y Nutrición de la Universidad de Navarra.


La vida presenta lo que los químicos conocemos como homoquiralidad, palabra de origen etimológico griego cuyo significado es ‘misma mano’. Es decir, la naturaleza tiene preferencia por una de las ‘manos’ o isómeros, mientras que la otra rara vez se presenta en los seres vivos. Este mismo hecho sucede a menudo con los fármacos: uno de sus isómeros es el que presenta su actividad y el otro puede no presentar actividad o incluso ser perjudicial para la salud. La talidomida es un ejemplo clásico de este fenómeno donde uno de los isómeros, “una de las manos”, provocaba malformaciones congénitas en los bebés.
El premio Nobel de Química 2026 ha recaído sobre Henri B. Kagan y Kenso Soai por el descubrimiento de los efectos no-lineales y la autocatálisis en la química orgánica asimétrica. En otras palabras, han sido capaces de explicar el fenómeno de la homoquiralidad y de recrear este fenómeno en el laboratorio, cuando se creía propio y exclusivo de las reacciones ocurridas dentro de los seres vivos. El reto de encontrar procedimientos químicos que sean capaces de favorecer espontáneamente una de ellas resulta especialmente importante en la industria farmacéutica porque las dos versiones especulares de una misma molécula pueden interactuar de manera diferente en el organismo.
Este premio Nobel es resultado de una larga cadena de ideas que surgieron a mediados del siglo XIX, cuando Louis Pasteur comenzó con sus investigaciones en una molécula muy importante en la producción del vino: el ácido tartárico. A su vez, se puede considerar como la culminación de investigaciones realizadas por otros pioneros en la química orgánica asimétrica, que ya fueron galardonados con los premios Nobel de Química de 2001 y 2021.
Al igual que sucede con los grandes avances de la humanidad, Henri B. Kagan y Kenso Soai tuvieron que cuestionarse las ideas previas aceptadas como dogmas y tener la valentía de atreverse a equivocarse para avanzar en el descubrimiento de la verdad.
En una época en la que la química, y específicamente la química orgánica, muchas veces es denostada y considerada poco útil en el ámbito académico y por la sociedad, este premio Nobel supone un soplo de aire renovado para esta disciplina, como metodología de control en la producción de medicamentos en la industria farmacéutica.