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Los estados del Golfo extienden su influencia en la región MENA

Los estados del Golfo extienden su influencia en la región MENA

RESEÑA

17 | 08 | 2026

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Inversiones y ayuda al desarrollo de las petromonarquías en Egipto y el Cuerno de África

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Portada del libro de Karen E. Young ‘The Economic Statecraft of the Gulf Arab States. Deploying Aid, Investment, and Development Across the MENA’ (Londres: I. B. Tauris, 2023), 173 p.

De las petromonarquías del Golfo Pérsico sabemos acerca de sus exportaciones de hidrocarburos y de los fondos nacionales que algunas han creado en las últimas décadas de bonanza energética y económica. Sabemos menos de la diplomacia que han seguido a la hora de sus importantes inversiones en el exterior. A ese aspecto dedica su atención el libro ‘The Economic Statecraft of the Gulf Arab States’, de Karen E. Young, investigadora de la Universidad de Columbia que ha estado estudiando esta dimensión a su paso por los ‘think tanks’ American Enterprise Institute y Middle East Institute, de Washington.

El libro se centra especialmente en los años 2020 y 2021; es decir, del periodo post-Covid y cuando lo que la autora llama la ‘década mágica’ (el ‘boom’ del precio de las materias primas, como el petróleo y el gas, entre 2003 y 2014) ya había terminado. Es una obra, por tanto, atada a la coyuntura en la que fue elaborada. No obstante, permite examinar las dinámicas previas y ofrece ciertas perspectivas de futuro.

Una cuestión ampliamente conocida es la creciente relación de China con los países árabes del Golfo (el libro se ocupa de los seis integrantes del Consejo de Cooperación del Golfo —o GCC, por sus siglas en inglés—; Irak queda fuera, por tanto). Los países del GCC son el principal origen del petróleo y del gas importado por China, que probablemente en poco tiempo se convertirá en el primer destino comercial de ese conjunto de naciones de la Península Arábiga.

Pero esos países no solo cuentan como exportadores de hidrocarburos, sino que las ganancias obtenidas en las últimas décadas les han permitido llevar a cabo una agenda de inversiones y de ayuda al desarrollo que busca ganar influencia especialmente en la propia región, MENA (Norte de África y Oriente Medio), en países como Egipto, Etiopía, Sudán y Yemen. La expansión de la influencia en el Cuerno de África se aceleró después de 2015; en 2019, el 40% de la ayuda prestada por los estados del Golfo iba a esa parte de África.

Young considera que esas trasferencias, además de obedecer al interés geopolítico de los distintos actores del Golfo, también responden a una apuesta de futuro. Las proyecciones estiman que la población africana puede alcanzar los 4.000 millones de personas al final del presente siglo, prácticamente igualando la de Asia. Ante esa perspectiva, la autora sugiere que África tal vez pueda convertirse en un lugar de fabricación intensiva en mano de obra, en competencia con Asia.

Young concluye que las monarquías del Golfo tienen a guiarse por una razón muy sujeta al realismo y el interés propio en sus intervenciones, tanto en ayuda como en inversión. “Existe una tremenda volatilidad en el tiempo y en el volumen. La diplomacia económica del Golfo no es ni más ni menos política que las acciones de otros estados. Es, si cabe, más exigente y precisa, al menos en los resultados que los estados del Golfo quieren lograr”. Por ejemplo, Catar asistió financieramente de manera importante a Egipto cuando los Hermanos Musulmanes ganaron las elecciones tras la caída de Mubarak, pero retiró su ayuda cuando llegó el general Al Sisi; entonces, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos sustituyeron a Catar.

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