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Portada del libro de Kristian Coates Ulrichsen ‘Centers of Power in the Arab Gulf States’ (Londres: Hurst & Company, 2023), 326 p.
La Primavera Árabe de 2011 hizo creer que movimientos democráticos de diversa índole podían desbancar a los sistemas autoritarios de parte del Norte de África y Oriente Medio. Ya Washington llevaba casi una década intentando hacer viables cambios de régimen basados en elecciones en Afganistán e Irán, propósito con el que Estados Unidos justificó su larga permanencia en ambos países desde las invasiones de 2001 y 2003, respectivamente. Sin embargo, los estándares liberales de gobierno no se han abierto paso en ninguna nación de la región.
Las monarquías árabes del Golfo Pérsico constituyen un modelo propio que, pasado aquel momento de sacudida –de presión interna y externa–, parece garantizar su continuidad política. La plena restitución de interlocución de Mohamed Bin Salman como líder de Arabia Saudí, a pesar de atribuírsele el asesinato de algunos opositores, es especialmente simbólico de que la comunidad internacional en su conjunto ha normalizado la relación con los regímenes no democráticos que había puesto relativamente en suspenso con la ola democrática posterior a la caída del Muro de Berlín.
Probablemente no hay sistemas políticos que se beneficien más del fin de la ‘ventana democrática’ a la que asiste el orden internacional que el que regula la vida de los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo, los seis con monarquías hereditarias que cultivan la aquiescencia ciudadana mediante amplios subsidios y reservan buena parte del control de la riqueza nacional a los miembros de la extensa familia gobernante: Arabia Saudí, Kuwait, Bahréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Omán.
A explicar cómo se articula la autoridad y el orden político en los países del Golfo Pérsico (quedan excluidos Irán, que no es un país árabe, e Irak, que no es una monarquía) se dedica el libro ‘Centers of Power in the Arab Gulf States’, de Kristian Coates Ulrichsen, colaborador en cuestiones de Oriente Medio de Chatham House y del Baker Institute de la Rice University. Se trata de una obra académica, que incluye algunas formulaciones teóricas y presupone conocimientos de ciencia política.
Los capítulos diseccionan las diferentes instancias del poder: en primer lugar, las familias que concentran la autoridad, luego los órganos consultivos creados por estas para dar voz no preceptiva a algunos sectores sociales y después ciertas instituciones representativas (solo Kuwait y Bahréin cuentan con asambleas nacionales, limitadas y en ocasiones temporalmente suspendidas). También se examina la oposición política y su constreñido margen de actuación; las respuestas dadas desde el poder a ciertos movimientos de presión, y, finalmente, el carácter de los ejércitos y las alianzas militares establecidas en las últimas décadas con Estados Unidos.
El libro constata una insospechada pervivencia de las monarquías del Golfo. “Su supervivencia hasta el siglo XXI ha convertido a las familias gobernantes de la Península Arábiga en las grandes supervivientes de la política de Oriente Medio, de maneras que no necesariamente fueron previstas por los académicos ni por gran parte de la literatura académica de la época”, escribe el autor. Con todo, su continuidad no está garantizada ante los retos por venir, pues “cualquier eventual cambio hacia una era «post-petróleo», que podría implicar la aceleración de las políticas globales de acción climática, probablemente planteará un conjunto de desafíos más difíciles para las monarquías”.
La obra da claves sobre la relación entre los integrantes del Consejo de Cooperación del Golfo. Por ejemplo, cómo una antigua disputa territorial entre Bahréin y Catar en el momento de su independencia ha seguido alimentando hasta ahora la desconfianza entre ambas naciones, o cómo Emiratos Árabes Unidos inicialmente iba a tener la capital en una nueva ciudad entre Dubái y Abu Dabi, pero esta última impuso su fuerza, evidenciando la competencia interna que sigue existiendo en EAU. El foco está sobre todo en la política doméstica y algo en los vínculos vecinales, pero no en las relaciones internacionales, por lo que la relación con Israel o Irán queda fuera de la narración.