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2026_06_17_MED_Leyre_Zubiri

“Los pasillos de un hospital están llenos de sabiduría médica”

17 | 06 | 2026

Hace exactamente diez años ella se encontraba en ese mismo acto, diciendo adiós a un lustro de formación en oncología en la Clínica Universidad de Navarra. Entonces lo hacía como residente de último año, no como profesora invitada.

A pesar de todo lo que ha cambiado en este tiempo, confiesa que la pasión con la que terminaba su residencia y se disponía a iniciar su andadura como adjunta, en aquel mayo de 2016, es exactamente la misma con la que hoy vuelve a la Universidad. “Eso no ha cambiado ni un ápice”.

Actualmente, Leyre Zubiri es oncóloga médica en el Mass General Brigham Cancer Institute y profesora de Medicina en Harvard Medical School. El 11 de mayo participó en Pamplona en el acto de despedida de los residentes de la Clínica.

Diez años después de terminar la residencia, ¿cómo es ahora tu manera de entender la medicina?

Sigo teniendo la sensación de que la medicina es inabarcable. Después de haber trabajado en diferentes hospitales y países, continúo sin saber cuál es el mejor sistema. Y, a pesar de los años, sigo enfrentándome a cada enfermo como si fuera el primero: con la cautela de quien sabe que tenemos vidas humanas en nuestras manos, el respeto de quien es consciente de la inmensa responsabilidad que se nos ha otorgado y la humildad de quien jamás olvida que en medicina siempre estamos aprendiendo.

¿Cómo vives tú la dimensión docente de la medicina, tan característica de la Universidad?

La medicina es, sin duda, una ciencia infinita y eso nos exige aceptar que nunca dejamos de aprender. A esto se une que el cuerpo humano es complejo: muchas veces es incomprensible, tantas otras, impredecible; en ocasiones es engañoso y, sin duda, nunca es sencillo. Y en este sentido me parece fundamental el papel de los mentores: de escucharles, de no perder detalle de lo que hacen, por qué lo hacen y cómo lo hacen. Incluso cuando se equivocan, se aprenden grandes lecciones. El valor de su juicio es inmenso, porque está respaldado por la experiencia. Pero, además, creo que los médicos siempre debemos tener presente de dónde venimos, cómo fue nuestro origen, el comienzo de nuestra interminable andadura, y acordarnos de que también fuimos residentes. De ahí la importancia que tiene enseñar a los que vienen detrás y aprovechar cada instante para impartir una pequeña lección. No es necesario que siempre sean charlas magistrales. Los pasillos están llenos de perlas de sabiduría médica en pequeñas conversaciones.

En plena efervescencia de la IA, tu principal recomendación a los residentes fue que prestaran más atención a los pacientes que a la tecnología…

Anamnesis y exploración física. Éste ha sido el ABC de la medicina desde tiempos de Hipócrates. Y lo sigue siendo hoy, en la era de la digitalización y la inteligencia artificial. Porque nada tiene sentido sin la historia del enfermo. Su relato es el que debe guiar nuestro razonamiento clínico, la exploración y las pruebas que decidimos solicitar. Y no al revés. Creo que nuestro gran valor es escuchar al enfermo, sentarnos a la cabecera de su cama y dedicarle atención. Invertir más tiempo mirando a sus ojos que a la pantalla, sin dejar que la burocracia y la tecnificación de nuestra profesión sustituyan un interrogatorio riguroso o una auscultación detallada. No podemos olvidar que el valor del contacto humano, la exploración clínica y la cercanía con el paciente constituyen la esencia del acto médico.

¿Cuál consideras que es uno de los mayores riesgos para un médico actualmente?

La confianza es el mayor enemigo de un médico. Un médico nunca debe dejar de dudar, de mantener viva su curiosidad, de cuestionarlo todo. Es necesario revisar cada dato y comprobar personalmente la información: revisar la analítica, observar la radiografía con nuestros propios ojos, confirmar la historia clínica hablando directamente con el paciente. Desconfiar, en medicina, muchas veces significa equivocarse menos. Y lo mismo ocurre con trabajar en equipo. Unirse siempre suma, incluso cuando crees que pueda entorpecer. Los beneficios del trabajo en equipo superan siempre a los riesgos. Dos cerebros piensan mejor que uno: dejan escapar menos errores, abarcan un mayor campo, generan más ideas y se complementan. He comprobado que las sinergias que nacen de los grupos unidos conducen a grandes logros.

¿Qué cualidad dirías que es la fundamental para ser un buen médico?

Destacaría dos: la humildad (como he mencionado antes) ante la enorme responsabilidad de nuestra profesión, y la compasión: siempre, ante todo y frente a todo. Ponerse al otro lado y entender al enfermo, su situación de vulnerabilidad, de incertidumbre. Empatizar con él. Tratar de comprenderle, escucharle o simplemente acompañarle en silencio pueden conseguir más que cualquier tratamiento.

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