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Los presidentes Peña Nieto (México) y Trump (EEUU) y el primer ministro Trudeau (Canadá) firman en 2018 el T-MEC, que entró en vigor en julio de 2020 [Casa Blanca]
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se encuentra en un momento decisivo. Múltiples disputas, entre ellas las de materia energética, agrícola y laboral, marcarán el rumbo de la relación comercial norteamericana en los próximos años. La revisión prevista para este año será clave para definir las posiciones de los países miembros dentro del bloque regional. Este proceso implica desafíos industriales, regulatorios y políticos, en un marco complicado por la política arancelaria de la Administración Trump. México enfrenta el reto de equilibrar su soberanía económica con los compromisos del tratado.
Desde su entrada en vigor en julio de 2020, como sucesor del acuerdo puesto en marcha en 1994, el tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC ) ha consolidado la integración comercial de Norteamérica. Sin embargo, enfrenta tensiones estructurales en energía, agricultura y derechos laborales que condicionan tanto la competitividad económica como la relación política entre los tres países. Con el retorno de Donald Trump a la presidencia, se anticipan ajustes que podrían definir la cooperación regional y la implementación de políticas internas.
El T-MEC (Washington lo denomina USMCA y Ottawa, CUSMA: cada país socio pone sus siglas por delante) ha mostrado un crecimiento sostenido para el comercio trilateral de la región. Entre 2020 y 2025, las exportaciones mexicanas hacia EEUU aumentaron un 34,3%, pasando de 323.476 millones de dólares en 2020 a 492.513 millones el año pasado, de acuerdo con los datos estadounidenses. Por otro lado, las importaciones hechas por México desde EEUU crecieron un 31% en el mismo periodo, de 212.512 millones a 309.799 millones. Las cifras mexicanas varían ligeramente, pero reflejan similar volumen y tendencia.
No solo México se ha consolidado como principal origen de las importaciones realizadas desde Estados Unidos —podio que ya arrebató a China en 2023—, sino que además su superávit comercial con el vecino del norte sigue aumentando, a pesar de las quejas de Trump, las cuales en gran medida le llevaron a plantear en su primer mandato la sustitución del entonces TLCAN (NAFTA por sus siglas en inglés). El déficit comercial de EEUU en su relación con México fue de 182.000 millones de dólares en 2025. El incremento del comercio entre EEUU y México, en cualquier caso, no es únicamente fruto de la dinámica posibilitada por el T-MEC sino que también obedece a la política estadounidense de desinversión (‘de-risking strategy‘) en China. Por otra parte, aunque México ha aumentado su comercio con Asia, los flujos no indican que productos chinos estén significativamente utilizando suelo mexicano para entrar en EEUU, salvando los aranceles y beneficiándose del T-MEC, como en alguna ocasión ha sugerido la Administración Trump.
Proceso de revisión
La primera reunión formal del Consejo del T-MEC para la revisión del tratado está prevista para el 1 de julio. Delegaciones de los tres países ya han mantenido encuentros de trabajo desde finales del año pasado con el fin de preparar las negociaciones. En cuanto al proceso, si el Tratado no fuera renovado en 2026, su vigencia duraría diez años más, con revisiones anuales, siendo terminado en 2036, si es que en ese periodo no se acuerda la renovación por 16 años adicionales. Si ahora se alcanza un consenso, la siguiente revisión sería en 2032, para extender el acuerdo hasta 2048.
La revisión del tratado pretende tanto aprovechar nuevas oportunidades surgidas en os últimos años, como superar algunos problemas detectados. Así, se identifican seis sectores estratégicos para impulsar durante la revisión del T-MEC: automotriz, aeroespacial, electrónico, farmacéutico, químico y semiconductores. Las exportaciones automotrices crecieron 35% de 2019 a 2024, los electrónicos 48% y los farmacéuticos un 88%. El fortalecimiento de estas industrias es esencial para el desarrollo industrial y es un punto clave de la revisión efectiva de disputas bajo el TMEC.
De todos modos, otras áreas pueden centrar la atención, especialmente aquellas que han supuesto roces desde el establecimiento del nuevo marco del T-MEC en 2020. Estos conflictos de funcionamientos ya estaban apuntados al cumplir la mitad de este periodo, en 2023, cuando ya habían surgido quejas de EEUU por el proteccionismo mexicano en su política energética, así como su no adecuación a los estándares laborales y medioambientes de sus otros dos socios.
Diputas sobre política energética
Ciertamente, uno de los puntos más conflictivos en el marco del T-MEC ha sido la política energética mexicana. Desde 2020, Estados Unidos ha solicitado consultas formales bajo el T-MEC, en las que cuestiona las reformas y políticas implementadas por México en su sector energético, sobre todo aquellas que afectan a la inversión privada y la competitividad de empresas estadounidenses en el país. Estas consultas no solo reflejan tensiones comerciales, sino que también un escrutinio creciente sobre cómo México equilibra soberanía energética y compromisos internacionales.
Washington ha advertido sobre sanciones en el caso de que el gobierno mexicano no modifique su política energética, abriendo el sector a competencia privada y extranjera. El gobierno estadounidense sostiene que la prioridad del gobierno mexicano hacia Pemex o la CFE viola principios de no discriminación y libre competencia previstos en el T-MEC, lo que perjudica empresas estadounidenses y la inversión. Washington argumenta que, al otorgar ventajas a empresas estatales, México está restringiendo la competitividad en el mercado mexicano.
El gobierno de Sheinbaum ha venido defendiendo su derecho soberano a regular el sector energético. A la par se han consolidado reformas constitucionales que eliminan reguladores independientes y los integran a la Secretaría de Energía, junto con decretos que ahora obligan a privados a asociarse con PEMEX y el tope de precios a la gasolina que se ha consolidado, lo cual obstaculiza la competitividad de importadores privados.
La ‘cláusula trinquete’ del capítulo 14 del T-MEC evita retrocesos en la apertura de sectores previamente abiertos a participación privada y será clave en la revisión de este año, en la que Estados Unidos busca fortalecer garantías para sus inversionistas en México.
En materia energética es igualmente importante el artículo 81, donde se reconoce el dominio directo y la propiedad inalienable de los hidrocarburos. Las partes conservan un derecho soberano a regular los asuntos relativos a la energía en conformidad con sus constituciones nacionales.
Por otra parte, los capítulos 8 y 22 del tratado, que regulan las empresas de propiedad del Estado y la competencia justa y que buscan garantizar certidumbre y equidad para la inversión y comercio en energía, suponen un aspecto fundamental de las controversias vigentes.
Por un lado, existe el riesgo de sanciones o ajustes que limitan la capacidad de México para implementar su agenda energética interna, especialmente en el contexto de la promoción de empresas estatales. Por otro lado, la presión estadounidense puede actuar como catalizador para reformas que mejoren la transparencia y la eficiencia del sector, alineándose con estándares internacionales y facilitando la atracción de inversión. Las disputas energéticas ya han generado incertidumbre en proyectos de inversión.
El resultado de estas disputas definirá el equilibrio entre la soberanía energética y el compromiso comercial de México.
Agricultura y maíz transgénico
La agricultura es otro eje de tensión. Desde el inicio del tratado, Estados Unidos ha cuestionado las restricciones mexicanas a la importación de ciertos cultivos, lo que ha generado fricciones tanto comerciales como políticas. Esto tiene implicaciones directas sobre la seguridad alimentaria, la competitividad de los productores mexicanos y la estabilidad de los mercados locales. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador implementó un decreto en 2023 que prohibió la importación de maíz transgénico, con el fin de promover las variedades nativas del país y conseguir una mejor autosuficiencia alimentaria. La prohibición generó tensiones con Estados Unidos, el mayor proveedor de maíz transgénico a México.
En diciembre de 2024, un panel de resolución de controversias del T-MEC falló a favor de Estados Unidos, dictaminando que las restricciones impuestas por México carecían de fundamento científico. México revirtió la prohibición, reabriendo la importación de maíz transgénico. La decisión, anunciada el 5 de febrero de 2025, desató un debate sobre la soberanía alimentaria y el futuro del maíz nativo.
Balance y proyección
La relación México-Estados Unidos sigue siendo asimétrica: la presión estadounidense sobre sectores estratégicos refleja el peso económico y político de este. Por otro lado, los desafíos internos de México, entre ellos la regulación energética y la competitividad agrícola condicionan su capacidad de negociación y su desempeño en el marco del tratado.
La gestión de estas disputas determinará en gran medida la sostenibilidad y la efectividad del T-MEC. La manera en que México pueda ajustar sus políticas internas y negociar las revisiones podría fortalecer su posición regional y aumentar la confianza de inversores o, al contrario, limitar oportunidades y poder en negociaciones comerciales. La volatilidad política en Estados Unidos, especialmente en torno a la nueva administración, añade un grado de incertidumbre que los decisores mexicanos deben considerar cuidadosamente.
Adicionalmente, la convergencia de intereses trilaterales con Canadá será crucial para resolver disputas y mantener la estabilidad del bloque comercial. La cooperación trilateral será un factor determinante para garantizar que las reglas del T-MEC se cumplan y que los ajustes regulatorios no generen distorsiones significativas.