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"Los cambios en las prácticas agrícolas han ocasionado variaciones en las poblaciones de lechuzas en Navarra en los últimos 25 años"

Una investigación de la Universidad indica que se han producido cambios en los patrones de distribución de esta especie

19 | 10 | 2021

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La lechuza común ya no está en los mismos lugares de Navarra que hace 25 años. Un estudio realizado en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Navarra indica que los cambios en las prácticas agrícolas, como el abandono de los graneros y corrales –lugar habitual donde nidifican estas especies– y la apuesta por las naves industriales como modelo de construcción actual en los campos, son aspectos relevantes que están ocasionado la desaparición paulatina de esta especie en la Comunidad Foral. 

Estas son algunas de las conclusiones que se derivan de la investigación realizada por el doctor Rubén Hernández Soto (Cárcar, 32 años) y que han quedado reflejadas en su tesis doctoral titulada “La Lechuza común (Tyto alba): influencia de la cría en cautividad en su comportamiento adulto y valoración indirecta de su evolución poblacional en Navarra”.

Según explica Hernández Soto, existe un consenso en la comunidad científica que relaciona el cambio en los usos del suelo, la concentración parcelaria, el uso de pesticidas, y la desaparición de los lugares habituales de nidificación con el declive de las poblaciones de lechuza en las últimas décadas, haciendo necesaria la reintroducción de estas especies –criadas en cautividad– en el medio natural.

El estudio realizado por este biólogo se ha centrado en realizar mapas de ubicación de la lechuza común en Navarra mediante la localización de egagrópilas –que son “una especie de “pelotas” con forma ovalada compuestas por los restos apelmazados del pelo y los huesos de sus presas, que se separan de la carne en el aparato digestivo y son regurgitadas por las aves”– y la comparación de estos datos con otros recabados en un estudio realizado en la década de los años noventa.

Además, Hernández ha realizado entrevistas a agricultores y cazadores que residen en las zonas donde se han realizado los muestreos, para conocer su opinión sobre si hay menos lechuzas que antes. “Nuestra investigación pone de manifiesto que ha habido un cambio en las poblaciones de lechuza y que los cambios en las prácticas agrícolas lo han generado”.

Dentro de la misma investigación el doctor Hernández ha estudiado el comportamiento de más de 60 ejemplares de esta especie –lechuzas criadas en cautividad con diferente grado de contacto con el ser humano– para conocer los cambios de comportamiento que estos animales tienen en situaciones conocidas o desconocidas, así como la forma que tienen de aprender a cazar. “Nuestros resultados muestran que las lechuzas criadas con mayor contacto con el ser humano son menos temerosas ante entornos y situaciones nuevas que las lechuzas con mayor contacto con sus padres biológicos. Estas últimas, por otro lado, muestran un mayor comportamiento anti-depredador”, añade.

Para Rubén esta investigación debería continuar con la cría en cautividad de lechuzas y su liberación al medio, para conocer la capacidad de adaptación que tienen estas especies. “Es necesario realizar una experimentación práctica en campo con el fin de observar si los resultados obtenidos en los experimentos en cautividad se corresponden con el comportamiento y la adaptación que los individuos muestran una vez se encuentran en libertad y deben sobrevivir en el medio natural”.

La lechuza común (Tyto alba) es un ave rapaz nocturna, depredador de micromamíferos como ratones, topillos o musarañas, adaptada a volar en espacios abiertos y con una preferencia en anidar en graneros o corrales. “La lechuza funciona como un excelente controlador biológico de plagas de micromamíferos en agricultura, al mantener las poblaciones de roedores en niveles bajos y reducir en gran medida la importancia de los picos de población que presentan de forma periódica”, añade.

Rubén Hernández Soto es graduado en Biología por la Facultad de Ciencias de la Universidad de Navarra y ha realizado el doctorado en el departamento de Biología Ambiental bajo la dirección de los profesores David Galicia y Enrique Baquero

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