Publicador de contenidos

20260617-MUN-sociarte

¿Es necesario ver para sentir el arte? Ocho niños invidentes y con resto visual de la Fundación ONCE han demostrado que no en el MUN

Como parte de una actividad organizada por SociARTE, el programa de innovación social del MUN, ocho niños, entre quienes estaban Markel, Dana y Ana, entre otros, pudieron disfrutar de las exposiciones del Museo más allá de la observación.
Esta visita al MUN fue, además, la primera actividad grupal que desde la ONCE Navarra realizan con niños.

17 | 06 | 2026

¿Podrías explicar una obra de arte sin verla? Seguro que parece algo muy complicado. El arte plástico es todo visual. O eso es lo que aparentemente podemos pensar, pero nada más lejos de la realidad.

La vista es importante a la hora de colocarnos frente a una obra de arte, pero no indispensable, porque más allá de verlas, también podemos sentir lo que estas obras nos dicen. Te preguntarás: ¿cómo?

Aunque parezca complicado, el Museo Universidad de Navarra lo ha conseguido convirtiendo las salas de su Museo en un universo sensorial.

El sábado 23 de mayo, las salas del MUN eran muy diferentes a otros días. El Museo dejó de ser un lugar silencioso y repleto de visitantes detenidos frente a cuadros para convertirse en un Museo lleno de sonidos y de emoción. El Museo se pudo tocar y también imaginar. Las salas del MUN albergaban no solo obras de arte, sino cajas con arena, instrumentos musicales, telas e incluso cartón.

Porque el objetivo del día no era ver las obras de arte, sino sentirlas.

Y entre esa mezcla de arte y objetos, ocho niños, como son Markel, de un año; Dana, de 3; Ana, de 2; o Víctor, de uno, recorrían el espacio en busca de estímulos que les hiciesen conocer un poco mejor cómo era el Museo en el que se encontraban.

¿El motivo? que Dana, Markel, Víctor, Ana… son niños invidentes o con resto visual a quienes se ofreció un museo entero convertido en un universo sensorial, para demostrar que la vista no es indispensable a la hora de adentrarse en el arte.

Acompañados por sus padres y por la Fundación ONCE Navarra, los ocho niños recorrieron el MUN conociendo maneras diferentes de poder ver las obras de arte; maneras en las que su condición visual no suponía un impedimento, sino una nueva posibilidad para imaginar y crear sus propias ideas.

Así, Composició amb cistella, la famosa caja de Tàpies, que aparentemente parece una caja de cartón y que tantas veces se ha tenido que aclarar que realmente no lo es, por fin se convirtió en una caja de ese material y es que para ellos, para esos pequeños exploradores, la caja de Tàpies sí que era cartón: un cartón que podían tocar y sentir, para hacerse una idea de cómo era esa obra de arte que simboliza una caja de cartón, frente a la que se encontraban.

Al avanzar por las salas, descubrimos que Incendi d'amor, también de Tàpies, se había convertido en una enorme playa gracias a una caja de arena en la que estos niños pudieron jugar como si estuviesen en ese mar y es que Incendi d'amor, puede interpretarse como una gran playa, principalmente por el efecto arena que en la obra dejó marcados su artista o el efecto de las pisadas sobre el agua o incluso la caja de acuarela que parece verse.

En la siguiente sala, La torre de Babel, esa enorme estructura metálica que se eleva al techo, había cobrado vida. La obra dejaba de ser una estructura metálica para convertirse en un concierto de instrumentos que colocados frente a ella, le ponían banda sonora cuando estos pequeños exploradores los hacían sonar.

Así, los más pequeños no tuvieron que observar, sino sentir, porque todos los materiales colocados frente a las obras no les pedían ver, sino descubrir, experimentar e imaginar cómo creían que podría ser cada una de esas obras.

El sábado 23 de mayo por la mañana, el MUN dejó de ser un espacio visual para convertirse en un espacio donde el arte se vive y se imagina, y donde los más pequeños pudieron trabajar su estimulación temprana, de una manera diferente. “Esta es la primera vez que en Navarra hacemos una actividad grupal con los más pequeños, porque normalmente trabajamos por separado. Yo suelo ir a sus casas y es allí donde les ofrezco la sesión, pero hoy, hemos decidido que estuviesen todos juntos. Con ellos trabajamos la estimulación visual y pronto vi que el MUN nos ofrecía una buena oportunidad para realizar esa labor que hacemos de manera individual, de manera grupal ¿y qué mejor que un entorno museístico donde hay colores, texturas y obras de arte…?”, indicaba Roberto Malvar, responsable de atención temprana de la ONCE.

Y así fue. Durante la primera parte de la mañana, los más pequeños fueron explorando las diferentes estancias, encontrándose en cada una de ellas con maneras diferentes de ver y sentir esas obras de arte y el día finalizó con una actividad de conexión entre los niños y sus padres.

Así, se completó una jornada especial para el MUN, pero también para estos niños y sus familias, quienes pudieron disfrutar, al mismo tiempo que conocían una manera nueva de trabajar esa estimulación temprana. “Al bebé le está gustando mucho, lo veo muy bien”, comentaban los padres de Markel, idea que también compartían otros padres: “Ana está afiliada a al ONCE porque nació con cataratas congénitas y Roberto viene a casa a trabajar con ella. Él nos propuso que era buena idea venir, juntar a Ana con otros niños para hacer una actividad conjunta con materiales sensoriales y la verdad que estamos muy contentos porque está pudiendo trabajar ese aspecto sensorial…”

Y así se evidenció que no es necesario ver para sentir arte, ni conocer de arte para disfrutarlo.

BUSCADOR NOTICIAS

BUSCADOR NOTICIAS

Desde

Hasta