Más allá del salario y los horarios: estudiantes y empresarios reflexionan sobre el sentido del trabajo
En una mesa redonda con motivo del 50 aniversario del fallecimiento del Padre Arizmendiarrieta, dialogaron sobre el sentido del trabajo y el compromiso
16 | 10 | 2026
El trabajo no puede reducirse a una transacción económica, y el dinero, por sí solo, no basta para motivar. En esa idea coincidieron estudiantes y empresarios en la mesa redonda sobre el sentido del trabajo celebrada recientemente en la Universidad de Navarra, en la que generaciones que empiezan y que dirigen pusieron en común qué esperan unas de otras.
En el encuentro, moderado por Iranzu Sainz de Murieta, participaron María Luquin Cía, estudiante de 5.º del Grado en Economía y del programa Leadership & Governance; Aimar Legarra Gutiérrez, graduado en ADE por la UPNA y estudiante de un máster en integración de procesos; Miguel Bernar Borda, CEO de Walter Pack Group, y Patxi Ceberio, director general de Frenos Iruña. El encuentro, al que asistieron más de medio centenar de personas, partió de las ideas del padre José María Arizmendiarrieta, impulsor de la experiencia cooperativa de Mondragón, y de san Josemaría; dos figuras que hicieron del trabajo uno de los grandes temas de su reflexión y buscaron formas de humanizarlo.
Los ponentes identificaron tres malentendidos habituales sobre el trabajo: pensar que cuantas más horas se dedican, mejor; entenderlo sólo como un medio para subsistir; y reducirlo a una mera transacción económica. Frente a esta última visión, la más criticada, lo defendieron como fuente de sentido y como una forma de servir a la sociedad. Cuando las personas entienden ese sentido y se comprometen con él, añadieron, es más fácil que se sientan orgullosas de lo que hacen.
Lo mejor de cada generación
Al comparar la forma de trabajar actual con la de generaciones anteriores, los participantes destacaron de éstas la constancia, el esfuerzo, la paciencia, el orgullo por el trabajo bien hecho y el compromiso con algo más que uno mismo. “Hay que dejar atrás la jerarquía cerrada en la forma de trabajar de antes. Hoy las empresas están más dispuestas a escuchar nuevas ideas, y el sentido del trabajo ya no se limita a la estabilidad laboral”, añadió María Luquin.
La segunda parte del coloquio se convirtió en un intercambio de expectativas en torno al uso de la inteligencia artificial. Los estudiantes explicaron qué pedirían a una empresa al incorporarse: que aclare qué decisiones toma la IA y cuáles las personas, qué datos pueden compartir con estas herramientas y qué enfoque tiene la compañía sobre ellas, además de formación constante. Los empresarios, por su parte, detallaron qué tareas delegarían en la IA y cuáles no, destacando entre estas últimas las decisiones que requieren juicio experto ya que, según subrayaron, éstas deben seguir en manos de personas.
Más allá de la tecnología, la estudiante María Luquin pidió a las empresas que ayuden a sacar la mejor versión de quienes se incorporan a ellas, motivados y con mucho que aportar. Algo que apoyó Aimar Legarra, al pedir asimismo que quienes ocupan puestos de responsabilidad se interesen por ellos. Los empresarios, por su parte, esperan de los jóvenes ganas de trabajar e iniciativa, y que eso se traduzca en un trabajo bien hecho.
Estas peticiones, que unos y otros se expresaron mirándose directamente a los ojos a petición de un asistente, culminaron con el cierre, en el que los ponentes recuperaron las enseñanzas de san Josemaría y del padre Arizmendiarrieta, para pedir una humanización del trabajo cotidiano desde el humanismo cristiano.