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Investigar para encontrar respuestas… y nuevas preguntas

PROTAGONISTAS

26 | 02 | 2026

FotoManuel Castells

Lo que empezó como una elección académica se convirtió, paso a paso y decisión a decisión, en una trayectoria investigadora dedicada a hacer preguntas, buscar respuestas que mejoren la calidad de vida de los pacientes y contribuir, con ello, a cambiar la forma en que entendemos y tratamos las enfermedades metabólicas

Cuando en 2004 dejó Logroño para estudiar el doble Grado de Farmacia y Nutrición en la Universidad de Navarra, Sonia García Calzón no alcanzaba a imaginar que su futuro iba a estar vinculado a la investigación y la docencia en la misma ciudad que, en aquel entonces, supuso un gran cambio personal, al alejarla de su casa, su rutina y su entorno más cercano. Le gustaba la biología y la química, por eso, en buena parte, se decidió por esta especialidad. En su familia, además, no había antecedentes que vinieran del mundo de las ciencias, sino más bien de los números, por lo que, en realidad, estaba abriéndose su propio camino. El que ha ido siguiendo, sin prisa pero sin pausa, a golpe de decisiones que, aunque a ella le podían parecer triviales, con el tiempo resultaron muy significativas.

Por aquella época se veía trabajando en el ámbito de la farmacia hospitalaria o incluso montando un negocio propio de oficina de farmacia en Logroño. Aunque la investigación ya despertaba su interés, lo que no podía prever entonces era que su trayectoria acabaría orientándose hacia el ámbito académico y la docencia.

Después del doble grado vino el Máster en Investigación y Desarrollo de Medicamentos (MIDI) y, al finalizar el Trabajo Fin de Máster, optó por meterse de lleno en la investigación como tal. “La investigación ya me atraía, pero ese fue un momento clave porque confirmé que era la vía que quería seguir y empecé a valorar la carrera académica como opción profesional”, recuerda.

Su tesis doctoral, Telomere length in different Spanish age group association with diet, genetics and adiposity traits”, publicada en 2015, estuvo dirigida por la Dra. Amelia Martí del Moral, y versaba sobre la longitud telomérica “que puede explicarse como un marcador de edad biológica. Los telómeros se van acortando a medida que vamos envejeciendo y tanto el estilo de vida como la dieta pueden influir en ese acortamiento”, aclara. Un trabajo que le valió el reconocimiento de la European Association for the Study of Obesity (EASO) a la mejor tesis doctoral en el ámbito de la obesidad.

Cuando todo cambió

Al acabar esta etapa volvió la incertidumbre profesional. “Evidentemente, la madurez de los dieciocho no era la misma que cuando finalicé la tesis con veintiocho años y eso me ayudó a ver las cosas con mayor claridad. En aquel momento me acuerdo que mi sueño era seguir en la universidad, siendo profesora e investigadora, por eso, hablé con Adela López de Cerain, decana de la Facultad entonces, y ella fue quien me abrió los ojos: si no te vas fuera a hacer un postdoc no tienes nada que hacer. Y le hice caso”.

Así llegó a su vida Suecia y la Lund University, a donde viajó gracias a una beca europea Marie Curie, que le permitió crecer personal y profesionalmente, y donde permaneció cuatro intensos años de investigación, a pesar de haber creído ir únicamente para doce meses. En Suecia empezó a investigar sobre diabetes tipo 2 (DT2) y biomarcadores epigéneticos que es la línea de investigación que lleva hoy en día. “La investigación ya formaba parte de mi proyecto, pero esta experiencia fue decisiva para consolidar mi vocación y para encontrar el ámbito en el que quería especializarme”.

Cuatro años en Lund University, gracias a una beca europea Marie Curie, marcaron su línea en diabetes tipo 2 y epigenética

El regreso: investigación para buscar la verdad

En 2020 tuvo la oportunidad de volver a la Universidad de Navarra y eso sí que marcó su trayectoria actual, como parte de grupo de investigación NUPERMET Nutrición personalizada y síndrome metabólico.

“Lo que más me gusta de investigar es que te planteas nuevas preguntas cada día y les das respuestas para ayudar a la sociedad y, sobre todo, a los pacientes. Puede que los resultados no sean los que esperas, pero lo que buscas es la verdad que de por sí no es fácil de encontrar porque el funcionamiento del cuerpo es muy complejo”, señala García Calzón.

Sobre el avance de la medicina personalizada en enfermedades metabólicas (diabetes, obesidad, enfermedad cardiovascular…), García Calzón está convencida de que, dentro de diez años, los pacientes con DT2 no van a ser tratados de la misma manera. “Lo que estamos investigando ahora va a tener su reflejo diferente en la aplicación clínica y la medicina de precisión va a influir para bien a medio/largo plazo en la calidad de vida de los pacientes que presentan una enfermedad de tipo metabólico. Ese es nuestro objetivo. Y es una suerte formar parte de ello”, afirma la investigadora que actualmente desarrolla su labor en el Centro de Investigación en Nutrición, integrado en el Instituto de Nutrición y Salud (INS) de la Universidad de Navarra, y también forma parte del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN).

Recientemente le han concedido una beca de 200.000 euros para participar en un proyecto europeo para tres años enfocado a personalizar el tratamiento farmacológico de la DT2. La iniciativa EPIPREDIA desarrollará un kit diagnóstico basado en biomarcadores epigenéticos (indicadores clave en el desarrollo de enfermedades metabólicas), que permitirá predecir la respuesta y la tolerancia al tratamiento en estos pacientes con DT2 a partir del análisis de ADN en sangre.

Lo que sucede es que, en la actualidad, la respuesta de los pacientes diagnosticados de DT2 al tratamiento farmacológico es muy heterogénea. Aproximadamente entre un 10 y un 30% de las personas no responde adecuadamente o no tolera el tratamiento con fármacos de primera línea, como la metformina o los análogos del GLP-1. Y, sin embargo, si recibieran un tratamiento idóneo desde el principio, se conseguiría no solo un mejor control metabólico -incluyendo la glucemia y el peso corporal- sino también un menor riesgo de complicaciones, tanto a nivel renal como cardiovascular. “De ahí que la personalización sea determinante, frente al modelo de prueba-error, buscamos un tratamiento más eficaz y basado en evidencia, lo que convierte a este estudio en único”, explica.

En paralelo, García Calzón colidera como investigadora principal el proyecto ARTI-UP, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, que evalúa el potencial de un suplemento rico en polifenoles para mejorar la resistencia a la insulina y favorecer la pérdida de peso, con el objetivo de prevenir la aparición de DT2. El estudio se enmarca en el avance hacia la nutrición de precisión y forma parte de una línea de investigación orientada tanto al tratamiento como a la prevención personalizada, con un mismo objetivo: mejorar la calidad de vida de las personas con riesgo o diagnóstico de enfermedades metabólicas.

La investigación tiene momentos duros, sobre todo, cuando no se cumple tu hipótesis, pero no hay que perder de vista que lo que tú estás haciendo no es confirmar tu hipótesis sino descubrir la verdad. Aunque sea un resultado negativo, ya has encontrado una respuesta, y eso interiormente te debe reconfortar porque estás aportando tu granito de arena a la sociedad

Entre el aula y el laboratorio: una vocación doblemente satisfactoria

Apasionada por su trabajo, Sonia también disfruta -y mucho- de la docencia. “La primera vez que me puse frente a una clase estaba muy nerviosa, pero después, te das cuenta que es muy gratificante. Primero a corto plazo, porque ves de cerca la evolución de los estudiantes o el impacto de lo que tú les estás aportando porque ellos mismos te agradecen cuando finaliza una clase, al terminar el curso o cuando te cuentan en qué están trabajando tras su paso por las aulas”, revela la profesora del Departamento Académico de Ciencias de la Alimentación y Fisiología de la Facultad de Farmacia y Nutrición de la Universidad.

Si le hacen elegir, no se quedaría con ninguna de las dos vocaciones por separado porque ambas se complementan. “De hecho, a mis hijas de dos y cinco años les digo que soy profesora e investigadora. No sé exactamente qué entenderán ellas porque todavía son pequeñas, pero a mí me gusta indicarlo siempre”, confiesa. Y añade: “Me siento afortunada porque no he tenido que renunciar a nada realmente. Hay picos de trabajo, pero esta profesión también es bastante flexible. Es saber organizarse, como todo, y aprender a decir que no a otras cosas. Lo importante es plantearte bien cuáles son tus prioridades, tus proyectos y las cargas que puedes asumir”.

La profesora García Calzón es consciente de que su trabajo es apasionante, aunque desde fuera pueda percibirse como exigente o incluso agotador. En investigación, explica, una pregunta conduce inevitablemente a la siguiente, y ese encadenamiento constante de retos es precisamente lo que permite avanzar en la ciencia. En ese camino, la concesión del proyecto EPIPREDIA ha supuesto un punto de inflexión en su trayectoria: “Es un hito, porque hay mucho esfuerzo detrás y porque puede tener un gran impacto. Además, me permite seguir dedicándome a lo que más me gusta”, reconoce.

Pero, como todo, la investigación también tiene su cara B. La falta de financiación es uno de los principales obstáculos y, a su juicio, existe otro desafío añadido: y es que “no siempre sabemos transmitir lo atractiva y necesaria que es la carrera académica. Yo tampoco lo pensaba en su día”, admite, subrayando la importancia de visibilizar esta vocación para garantizar el relevo generacional.

A pesar de las dificultades, García Calzón mira al futuro con optimismo, especialmente en el ámbito de la DT2. “Ser diabético no te define”, afirma convencida. Es una enfermedad que puede controlarse cada vez mejor gracias a la aparición de nuevos fármacos y, sobre todo, al avance hacia la medicina personalizada. “A alguien recién diagnosticado le trasladaría un mensaje de esperanza total: si es consciente de lo que implica la enfermedad y camina de la mano de los profesionales sanitarios, el escenario es alentador”, concluye.