9 de noviembre de 2011

Conferencia

 

Tradiciones olvidadas: cuestación de difuntos y ericeras

D. Gabriel Imbuluzqueta.
Periodista y etnólogo

 

Las tradiciones las crea y el pueblo que es también quien, llegado el caso, las olvida u abandona. En este sentido son muchos los cambios perpetrados en torno a la cultura popular sobre la muerte y su celebración. En la conferencia se hizo un breve repaso de las modificaciones registradas en las últimas décadas, aportándose la primicia informativa de una muestra de luto vinculada a la casa, la de cubrir con un paño negro el escudo familiar de la fachada, tradición desaparecida de hecho a mitades del siglo pasado y que ha resurgido –habrá que ver si es un hecho meramente anecdótico- en el blasón baztanés de una familia de Elbete. 

La primera parte de la conferencia se centró, no obstante, en una tradición infantil cuya desaparición –aunque todavía se mantiene en algunos lugares, como Elizondo, de forma muy renqueante y sin el sentido original que tenía- está directa o indirectamente vinculada con los cambios derivados del Concilio Vaticano II en los años 60 del siglo XX. Es la cuestación que los niños efectuaban en las puertas de las iglesias en la tarde de Todos los Santos (después del Rosario) y en las mañanas del Día de Difuntos (tras las tres misas seguidas que celebraba cada sacerdote). Coincidiendo con el prolongado rezo de responsos en el templo y aprovechando que los adultos –fundamentalmente las mujeres- solían realizar “estaciones” para ganar indulgencias plenarias aplicables a las almas del Purgatorio, los niños les asaltaban para pedirles, mediante fórmulas distintas en cada pueblo, unas monedas comprometiéndose a cambio, de forma explícita o implícita, a rezar por las almas de sus difuntos. De acuerdo con las viejas letrillas recogidas, se demandaban monedas en desuso tales como “mai” (un cuarto de céntimo), “maravedí” y “sos”. En cuanto al compromiso de la oración (de alguna forma, un responso infantil a imitación del que rezaba el sacerdote), se encuentra en varias de las fórmulas utilizadas, tales como “Aita gure” (padrenuestro), “mattuttine” (maitines) o “shalmo” (salmo), amén de referencias concretas al comienzo en latín de dos salmos: “Domine, ne in furore tuo arguas me” (salmo 6) y “De profundis clamavi ad Te, Domine” (salmo 129).

La segunda parte de la exposición trató de un tema totalmente diferente y sin nexo de unión: las ericeras, unos recintos al aire libre utilizados tradicionalmente para el almacenaje y la conservación de las castañas, que desapareció definitivamente en los años cincuenta del siglo XX. La palabra ericera deriva del erizo o envoltura con pinchos en la que crece el fruto de los castaños. El mismo modelo de almacenar y conservar las castañas existe en la cornisa cantábrica, si bien se interrumpe en Guipúzcoa, donde no ha sido localizado ningún ejemplar. Consta su existencia (actual o pasada) en Navarra en Baztan Malerreka, Bortziri o Cinco Villas y Basaburua. 

Las ericeras que han llegado a nuestros días, algunas en un muy buen estado de conservación y otras prácticamente derruidas, están construidas de piedra seca, con forma redonda u ovalada en la mayoría de los casos. A veces se levantaban con setos de madera y ramas; estos ejemplares han desaparecido por razones lógicas al estar ubicados en el monte, al aire libre y sometidos a todo tipo de inclemencias meteorológicas. En estos pequeños espacios (pueden calcularse como media unas medidas de unos tres a cinco metros de diámetro y entre metro y metro y medio de altura) se almacenaban las castañas con sus envolturas de pinchos –erizos- después de haber sido vareados los árboles. Una vez llena, la ericera era cubierta con helechos, tepes de hierba, espinos, ramas, pequeños troncos, etc., para impedir que cerdos, jabalíes, vacas u otros animales tuvieran acceso a los frutos. Estos se conservaban en muy buen estado para su consumo hasta avanzada la primavera o hasta Semana Santa. 

Las ericeras son conocidas popularmente (en los caseríos) con distintos nombres, siempre en lengua vasca, tales como “gaztandei”, “gaztaindegi” (en ambos casos, “sitio de castañas”), “gaztantxea” (casa de castañas”) y otros como “silo”, “zilu”, “nido”, “ezpile” o “iskindie”.


Escudo tapado con un paño negro de luto

Escudo tapado con un paño negro de luto. Casa Elbetegaraia. Elbete (Baztán)

Escudo rodeado de agujeros realizados por los clavos que sujetaron en su dia paños negros de luto en la Casa Zanukenea

Escudo rodeado de agujeros realizados por los clavos que sujetaron en su dia paños negros de luto en la Casa Zanukenea. Elizondo

Ericera en Barrio de Berro

Ericera en Barrio de Berro. Elizondo