6 de diciembre de 2007

Conferencia

 

La ermita de la Purísima de Cintruénigo en su contexto histórico-artístico y devocional

D. Ricardo Fernández Gracia.
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

El santuario de la Purísima de Cintruénigo ha pasado por ser, en el imaginario popular de estas tierras, como el primero de los templos dedicados al misterio concepcionista en España. Hoy, a la luz de la documentación no se puede sostener tal afirmación, aunque sí es el gran templo navarro dedicado a lo que, en su momento, se denominaba misterio concepcionista, siglos antes de la declaración dogmática de Pío IX, en 1854.

En el contexto navarro, es la segunda ermita dedicada a la Purísima Concepción, tras la de Torralba del Río, ya desaparecida y sin la monumental del ejemplo ribero. 

Los primeros datos de su construcción nos sitúan en la segunda mitad del siglo XVI. Sus obras se iniciaron en torno a la Semana Santa de 1570 y el primitivo recinto estaba finalizado en 1572, gracias a la iniciativa de algunos particulares y de “la devoción particular de algunos vecinos”.

Sin embargo, la apariencia actual con una tipología de cruz latina con coro a los pies y hermosa fachada de piedra y ladrillo, se debe a los siglos del Barroco y, particularmente al siglo XVII, cuando se vivió con intensidad y exaltación el fenómeno religioso inmaculista. Sus limpios volúmenes acusan una influencia clara de la arquitectura conventual del momento. La devoción particular pronto dio un salto cuantitativo en pleno siglo XVII, ya que el regimiento de la localidad se implicó de lleno en la celebración de la fiesta, ejerciendo un auténtico patronato. Es posible que un acuerdo municipal de 1622 por el que se determinó la solemnización especial del 8 de diciembre, lo tengamos que poner en relación con el voto inmaculista que posiblemente realizó la localidad, en sintonía con lo que hacían por aquel entonces el Reino de Navarra (1621), Pamplona (1618), Tudela (1619), Estella (1620), Olite (1624) y Sangüesa (1625).

La ermita de la Purísima de Cintruénigo

Las grandes obras de reforma y ampliación del santuario comenzaron en 1654 y finalizaron en torno a 1660. El gran promotor de todo aquel proyecto fue don Juan Francisco Escárroz, beneficiado de la villa y depositario de las cuentas del edificio hasta su muerte, acaecida en 1667. El conjunto se completó con el retablo salomónico, obra de Sebastián de Sola (1674), una portada de piedra en 1726, el camarín entre 1738-1739 y las pinturas del presbiterio, obra de Diego Díaz del Valle en 1801. La mayor parte de los fondos para todas las obras y proyectos se recogieron de limosnas, legados testamentarios y recogida de trigo en verano y uvas en el otoño.

La ermita de la Purísima de Cintruénigo

A lo largo del siglo XVII hubo festejos extraordinarios centrados en el santuario. En 1662, se denominaba a la titular de la ermita en la documentación como “patrona” de la localidad, a la vez que se determinaba celebrar el Breve de Alejandro VII, que ponía amplias bases para la futura definición dogmática. En 1672 de dispusieron festejos extraordinarios, con el traslado de la imagen hasta la iglesia parroquial, con representaciones teatrales y danzas acompañadas con violín y guitarra.

La ermita de la Purísima de Cintruénigo

La escultura de madera policromada que preside la ermita debió ser encargada a Bernal de Gabadi, en la última década del siglo XVI, y fue policromada, hacia 1636, por el pintor Silvestre Carcavilla. La escultura debe ser considerada como un excelente ejemplo de escultura manierista de gran empaque y refinamiento, comparable con otras obras del citado escultor fallecido en Tudela, como el busto de Santa Catalina de la parroquia de San Nicolás de la citada ciudad. Ambas tallas acusan un buen hacer y una delicadeza propias de un maestro que había trabajado en el retablo de la catedral de Astorga a las órdenes de Gaspar Becerra.

La ermita de la Purísima de Cintruénigo