20 de mayo de 2008

Conferencia

 

La catedral de Santiago de Compostela, meta del Camino

D. José Manuel García Iglesias
Catedrático de Historia del Arte. Universidad de Santiago de Compostela

 

Intervención de Dña. Mª Victoria Arraiza, presidenta de los Amigos del Camino de Santiago (Navarra). Junto a ella, en la mesa, el conferenciante y Dña. Concepción García Gainza

Intervención de Dña. Mª Victoria Arraiza, presidenta de los Amigos del Camino de Santiago (Navarra). Junto a ella, en la mesa, el conferenciante y Dña. Concepción García Gainza

 

El ser mismo de la basílica de Santiago de Compostela tiene una justificación inicial que se ha mantenido, a lo largo de los siglos, como su fundamento mismo: guardar y honrar la tumba del Apóstol Santiago el Mayor, descubierta en las tierras de Galicia, en el “finisterre” ibérico de Europa, en el siglo IX. 

En ese mismo momento, con el reconocimiento de aquella tumba por quienes representaban a la monarquía asturiana – Alfonso II- se oficializa el valor del hallazgo y la noticia llegará hasta los mas lejanos rincones en los que esta presente el cristianismo, convocándose, de este modo, la visita al Lugar Santo. 

Tras las primeras construcciones prerrománicas, que dignificaron el lugar de la tumba, y ya en el año 1075 se inicia el levantamiento del templo actual, en su configuración románica. La historiografía ha consagrado la denominación un modelo de templo, vinculado a los Caminos de Santiago, denominado “iglesia de peregrinación” que adquiere su culminación, precisamente, en este exponente compostelano, de tal manera que, ya en sus principios mismos, la Catedral jacobea sintetiza, formalmente, en su arquitectura, la creatividad constructiva - con sus exigencias funcionales- del Camino. 
 

Imagen del Apóstol, catedral de Santiago de Compostela

Imagen del Apóstol, catedral de Santiago de Compostela
 

El reinado de Felipe IV supuso, ya en el siglo XVII, la formalización, en clave real y como obligación permanente, de la relación oferente de la monarquía hispana con el Apóstol Santiago el Mayor, Patrón de las Españas. De este modo el Rey - o su Delegado Regio- se convirtió, simbólicamente, en Caminante que se presenta dos veces al año, ante el sepulcro, para entregar una determinada Ofrenda. En ese contexto el Barroco engalana el templo y acumula funciones a favor del mismo culto. 

Al tiempo - y con un discurso cambiante a lo largo de los siglos- el peregrino anónimo formalizó su propio ritual en clave de su propio camino: admirar las reliquias, abrazar al Santo, ver volar al “Botafumeiro”, visitar la tumba, “tocar” el Pórtico de la Gloria han de entenderse como particulares experiencias devotas propias de la Catedral de Santiago, Meta del Camino.


Fachada del Obradoiro antes y después de la obra barroca

Fachada del Obradoiro antes y después de la obra barroca

Fachada del Obradoiro antes y después de la obra barroca