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Inscripción de la mandorla

Uno de los elementos más interesantes de la portada es la inscripción que recorre la mandorla cuadrilobulada alrededor de la figura de Cristo en majestad. El texto en latín dice NEC DEUS EST NEC HOMO PRESENS QUAM CERNIS IMAGO SED DEUS EST ET HOMO QUEM SACRA FIGURAT IMAGO, que podríamos traducir: “No es Dios ni hombre la presente imagen que disciernes, pero es Dios y hombre aquel que la sagrada imagen representa”.

Se trata de un texto de profundo calado religioso, cuya intención puede obedecer a dos razones. La repetición de la palabra IMAGO podría insistir en que lo que el espectador ve es una imagen (en este caso de piedra) y no la propia divinidad. En tal sentido, el texto traería a la memoria la polémica sobre el uso de las imágenes que tan importante fue en Bizancio durante los siglos VIII y IX. Cabría pensar si las tendencias iconoclastas de ciertas herejías de Occidente, y en concreto del catarismo difundido al otro lado de los Pirineos, habrían llegado a Estella, donde consta la presencia de occitanos en el siglo XII.

Por otra parte se duplican otras dos palabras, DEUS y HOMO, acusando el interés por predicar uno de los dogmas fundamentales de las creencias cristianas ortodoxas: la Encarnación del Hijo de Dios, que hizo de Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre. La doble naturaleza de Cristo no era una verdad aceptaba sin cuestionamiento en todo Occidente. Por el contrario, seguía habiendo herejes que no la admitían, entre ellos los cátaros y los petrobrusianos que se expandieron por el sur de Francia.

El tema interesó a los clérigos navarros de la segunda mitad del siglo XII: Pedro de París, también llamado Pedro de Artajona, obispo de Pamplona entre 1167 y 1193, en los años en los que supuestamente se realizó esta portada, escribió un tratado teológico sobre la Trinidad y la Encarnación que se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Salamanca.

El epigrafista Robert Favreau advirtió la casi total identidad entre los versos estelleses y un texto del abad Baudri de Bourgueil (†1130), uno de cuyos manuscritos lo dirige “contra los judíos, los herejes y los sarracenos que dicen que [los cristianos] adoramos ídolos”. No es probable que el tímpano hubiera sido concebido para convencer a los judíos estelleses, que vivían al otro lado del río, sino más bien para mostrar a los cristianos del barrio y a los visitantes del mercado ciertos contenidos fundamentales del dogma cristiano.

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Inscripción de la mandorla

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