La Portada de San Miguel de Estella

Capiteles

Los diez capiteles se leen de izquierda a derecha. El primero presenta la Anunciación de Gabriel a María: el arcángel dobla la rodilla y levanta levemente la mano hacia María, sentada recatadamente, detrás de la cual vemos a un José anciano algo cabezón, dormido sujetando el bastón. El segundo capitel se divide en dos escenas: la primera, el abrazo de María a su prima Isabel, es decir, la Visitación; la segunda muestra a María en el lecho arropada por José y una partera, bajo un arco con cortinas. La escena de la Natividad se completa con la cara exterior del tercer capitel, donde el niño Jesús, recostado en el pesebre, recibe el aliento de la mula y el buey, mientras un ángel sobrevuela la escena dirigiéndose hacia las figuras de la otra cara. Encontramos allí el anuncio del ángel a dos pastores, uno con pelliza y capucha de piel, el otro con bastón y zurrón, acompañados de su ganado. El cuarto capitel se centra en la Adoración de los Reyes Magos, identificados por sus acciones y sus coronas. El primero, barbado, abre la tapa de una copa ante el niño Jesús sentado en las rodillas de su madre. Entre la cabeza del rey y la de María se ve la estrella de ocho puntas. Detrás del niño duerme José empuñando su largo cayado. Los otros dos reyes dialogan, esperando su turno con las copas lujosas en las manos. El quinto capitel está dedicado a la Presentación del niño en el templo: José lo lleva en brazos, María lo sigue con las tórtolas en las manos; ante ellos están la profetisa Ana, que toca el pie de Jesús, y, vuelto hacia el altar, el anciano Simeón.

Al otro lado de la puerta, el sexto capitel resume la Huida a Egipto en dos escenas: el sueño de José, con el angelillo tocando su cabeza, y el viaje de María y el Niño a lomos de un borriquillo, cuyas riendas agarra José mientras sujeta con la izquierda el palo del hatillo que lleva al hombro. En el séptimo capitel Herodes ocupa la esquina, acompañado de un soldado con escudo blocado. Cetro en mano se dirige a dos personajes barbados que señalan algo en un libro: son los sabios que informan al rey del lugar donde habría de nacer el Mesías. El octavo se ocupa de la matanza de los inocentes: las madres no pueden contener su espanto ante los soldados entunicados que degüellan o arrebatan a los niños, pese a los esfuerzos que ellas hacen por protegerlos. Varios cadáveres infantiles yacen a los pies. En el noveno y el décimo, jóvenes luchadores con lanzas, espadas y arcos, aprisionados entre maraña vegetal, atacan a dragoncillos que les muerden las piernas. Se ha visto en ambos la figuración alegórica de la lucha entre el bien y el mal, o la defensa de los hombres ante las asechanzas malignas de la vida.