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Composición general

La figuración se distribuye de manera ordenada. El hermoso tímpano está dedicado a la majestad de Dios. Las cinco arquivoltas agrupan más de un centenar de personajes rigurosamente jerarquizados de mayor a menor dignidad en la escala espiritual del ser, desde los más santos, los ángeles turiferarios que forman parte de la gloria celestial, pasando por los ancianos del Apocalipsis, los profetas y las escenas de la vida pública de Cristo, para concluir, en la rosca externa, con escenas de vidas de santos. En un plano más alejado, la chambrana se puebla de figuras fantasiosas, animales y personificaciones. Ocho de los diez capiteles componen un rico ciclo de la infancia de Cristo, acompañados por dos capiteles de lucha. Constituyen el rasgo de mayor singularidad los dos enormes relieves cuyas figuras descienden casi a la altura de los espectadores, ante cuyos ojos toman cuerpo la visita de las tres Marías al sepulcro de Cristo y san Miguel en su doble faceta de vencedor del diablo y conductor de las almas al paraíso. Encima de los relieves, sendos arquillos cobijan un apostolado que completa el programa. Vista de dentro hacia fuera, la portada nos propone el esplendor de la gloria celestial y su irradiación hacia el mundo terreno; contemplada de fuera hacia dentro, muestra al fiel cristiano el camino de la salvación.

El tímpano y sus vínculos temáticos con las arquivoltas tienen claros precedentes en portadas francesas relacionadas con la occidental de Chartres, si bien la presencia de María y san Juan en los extremos pone en contacto esta obra estellesa con otras hispanas como San Nicolás de Tudela, Santo Domingo de Soria o Moradillo de Sedano, de las que difiere en otros aspectos (por ejemplo, la soriana y la burgalesa cuentan con figuras radiales en las arquivoltas). Aunque su ejecución se acerque en el tiempo a la igualmente impresionante de Santa María de Sangüesa, las diferencias estilísticas y compositivas saltan a la vista.

La obra estellesa evidencia esmero en la planificación, aunque no faltan detalles poco compatibles con una previsión rigurosa, como el descentramiento de varias claves. También sorprende el diferente formato del apostolado (ocho figuras de pie de gran tamaño junto a cuatro sedentes mucho más pequeñas). Aunque se han justificado estas incongruencias con la hipótesis de las dos fases (una de labra y otra de montaje, separadas por un lapso indeterminado), tal eventualidad no da satisfacción a todos los interrogantes que plantea la composición de la puerta.

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Composición general

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