18 de agosto de 2014

Conferencias

EL MONASTERIO DE TULEBRAS

En torno al retablo mayor de Tulebras: una joya del Renacimiento en Navarra

D. Jesús Criado Mainar
Universidad de Zaragoza

 

El retablo mayor del monasterio de Nuestra Señora de la Caridad de Tu-lebras es una de las creaciones más notables de la pintura navarra del tercer cuarto del siglo XVI. Debe ponerse en relación con la actividad de los talleres de Zaragoza y es fruto de las relaciones que este cenobio mantenía con el Císter aragonés y, en concreto, con su máximo representante, fray Hernando de Aragón, un miembro de la Casa Real aragonesa que tras ingresar en la Orden de San Bernardo ejerció como abad de Nuestra Señora de Veruela (1535-1539) y más tarde arzobispo de Zaragoza (1539-1575). Fray Lope Marco, su secretario, le sucedió como abad verolense (1539-1560), un cargo que conllevaba la responsabilidad de actuar como visitador de la Orden en Tulebras; de los cuatro escudos incluidos en la predela sólo puede identificarse el de fray Lope.

El retablo fue desmontado en los años ochenta del siglo XX y se conserva en el museo del monasterio. Las fotografías antiguas confirman que antes de su desmantelamiento ya había perdido parte de la mazonería original y con ella otros posibles elementos heráldicos que ayudarían a encajar las circunstancias de su realización, sin duda en relación con las reformas efectuadas en la iglesia a mediados del siglo XVI que conllevaron la reconstrucción de su cubierta por las abadesas María de Beaumont y Navarra (1547-1559) y Ana Pasquier de Eguarás (1559-1573). El arzobispo Aragón apoyó las obras con sendas limosnas que permitieron concluir la nueva bóveda en 1565.

Carecemos de datos sobre la realización de esta magna empresa pictórica, pero lo más probable es que se encargara durante el gobierno de Ana Pasquier de Eguarás y con posterioridad a 1565; la fecha de la muerte de fray Hernando de Aragón (†1575) proporciona un término ante quem razonable para su conclusión. El profesor José Rogelio Buendía fue el primero en conceder su autoría al pintor zaragozano Jerónimo Vallejo alias Cósida (doc. 1527-1591, †1592) y desde entonces todos los especialistas han aceptado su intuición. Cósida mantuvo una relación muy estrecha con el arzobispo Aragón y trabajó para él desde los tiempos en que éste ejerció como abad de Veruela. Así, entre otros muchos proyectos, fray Hernando le confió en 1550 el diseño y coordinación de los trabajos de su capilla funeraria de San Bernardo de la Seo de Zaragoza. Pero lo que ahora nos interesa es que también le proporcionó encargos vinculados al Císter tales como la realización de los retablos titulares de los monasterios femeninos de Cambrón (1562) y Trasobares (1566).

Las fotografías anteriores al desmantelamiento de nuestro retablo confirman que aún subsisten la mayoría de sus componentes. El conjunto descansaba en un banco articulado en torno a un sagrario o, mejor, una pintura y en sus compartimentos laterales se ubicaban tablas de los Santos Juanes. La zona noble estaba compuesta por tres casas con una Dormición de la Virgen entre Santa María Magdalena y San Nicolás de Bari; los paneles laterales se rematan mediante clípeos en los que se representó al rey San Luis de Francia y al príncipe San Hermenegildo. En el ático se dispuso un Calvario de composición bastante compleja cuyo tercio inferior juega mal con la parte alta y parece a simple vista un añadido. Es probable que en origen el conjunto estuviera coronado por una tabla semicircular con una Trinidad trifacial de estilo similar a las otras piezas, más allá de que cuando el retablo se desmontó ésta no formaba parte ya del conjunto; según Carmen Morte, pudo ser retirada en torno a 1628, cuando el papa Urbano VIII prohibió la exhibición pública de dicha iconografía.

En este programa llama la atención el hecho de que la tabla central esté dedicada al Transito de la Virgen, cuando la advocación del monasterio es Nuestra Señora de la Caridad. Recordaremos, no obstante, que en 1623 se fundó en Tulebras una cofradía laica en honor de este culto mariano y que diez años después, en 1633, la abadesa Beatriz Español promovió la edificación de una capilla para albergar la imagen de la Virgen de la Cama, que nos ha llegado muy modificada; lo que no sabemos es si dicha hermandad se instituyó una vez finalizado el retablo o si éste recoge una tradición más antigua. También nos parece peculiar que el políptico dedique los huecos laterales de la zona noble a Santa María Magdalena y San Nicolás de Bari, en una ubicación en la que lo previsible hubiera sido encontrar a personalidades de la Orden Cisterciense o a San Bernardo, fundador del Císter, colegiado con San Benito.
 

Tránsito de la Virgen
Retablo del monasterio cisterciense de Tulebras

 

Tampoco puede pasar desapercibida la presencia del rey San Luis IX de Francia y el príncipe visigodo San Hermenegildo, por quienes el arzobispo Aragón tenía un interés –no sabemos si devoción– muy particular que le llevó a representarlos en el desaparecido retablo de la capilla de San Benito de la Seo de Zaragoza, erigida como mausoleo de sus deudos y sirvientes, y que también pintó Cósida. Su fiel secretario fray Lope Marco los incorporó asimismo al retablo de su capilla funeraria de San Bernardo de Veruela, ahora en la parroquia de Vera de Moncayo, en cuya zona noble encontramos en gran formato la Muerte de San Luis de Francia y la Decapitación de San Hermenegildo.

Respecto a esto último, conviene recordar que fray Hernando de Aragón era hijo natural del también arzobispo Alonso de Aragón y éste, a su vez, fruto de una relación extramatrimonial del rey Fernando II el Católico con la noble doña Ana de Gurrea. A pesar de que don Alonso y don Hernando siempre disfrutaron de una firme posición en la corte, su condición ilegítima era cristalina, por lo que don Hernando se esforzó en reivindicar mediante este tipo de argucias iconográficas su pertenencia a la familia y su proximidad a la corona; de hecho, en los laterales del retablo de su capilla funeraria se incluyeron sendas galerías de retratos donde los monarcas «aragoneses» –Alfonso V el Magnánimo, Juan II, Fernando el Católico y Carlos V– aparecen colegiados a los cuatro arzobispos de Zaragoza de la Casa Real de Aragón –Juan I, Alonso, Juan II y Hernando–. Este hecho, unido a la inclusión de la heráldica de fray Lope Marco en una de las pilastras del banco, confirma que el encargo del retablo de Tulebras se fraguó en el entorno de los servidores del prelado.

El resto de las peculiaridades iconográficas se entienden mejor si comparamos este conjunto con lo que el arzobispo Hernando de Aragón ordenó representar en 1562 en el desaparecido retablo mayor del monasterio cisterciense de Cambrón, junto a la localidad zaragozana de Sádaba. La distribución general de ambos polípticos era gemela con la única salvedad del ático, que en Cambrón tan sólo incluía una Trinidad semicircular. Las casas laterales del banco estaban ocupadas, como en Tulebras, por los Santos Juanes, pero en la central iba un panel con el Calvario. Las calles laterales del cuerpo se reservaron a Santa María Magdalena –al igual que en Tulebras– y al obispo San Babil –en la plaza de San Nicolás de Bari–, rematadas con medallones de San Pedro y San Pablo –en lugar de San Luis de Francia y San Hermenegildo–. En el hueco principal se disponía un panel de gran formato con la Asunción de la Virgen y, como ya se ha dicho, en el ático a modo de remate una Trinidad.

Es importante insistir en que el Calvario de Tulebras, tal y como hoy lo vemos parece recrecido en la zona baja. Esto permite plantear la hipótesis de que su ubicación actual no se corresponda con la primitiva; de hecho, es posible que cuando hacia 1628 se hizo imperativo retirar el panel trinitario por su carácter, como poco, heterodoxo, se decidiera colocar en su posición el panel del Calvario, para lo que parecería aconsejable recrecerlo en la parte baja y reemplazar las columnas que lo flanquean. Al mismo tiempo, se renovarían también los fustes de las del cuerpo del político y también se encargaría el sagrario que hoy se expone, pensado, sin duda, para substituir al Calvario.


Calvario
Retablo del monasterio cisterciense de Tulebras