21 de junio de 2011

Ciclo de conferencias

CICLO DE SAN FERMÍN

El Tesoro de San Fermín: alhajas para un Santo

D. Ignacio Miguéliz Valcarlos.
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

El denominado como Tesoro de San Fermín es el conjunto de piezas de platería y joyería pertenecientes a dicho Santo que se custodian en su capilla ubicada en la iglesia de San Lorenzo de Pamplona. Se trata de un esplendido conjunto de obras que cronológicamente abarcan alhajas desde el siglo XVI hasta el siglo XX. Sin embargo, las piezas más originales y suntuosas responden todas a los siglos del Barroco, cuando la devoción por los santos experimentó un fuerte auge y cualquier obra empleada tanto en la liturgia como en el adorno de las imágenes y capillas era susceptible de ser realizada en plata.

Las piezas custodiadas en la capilla de San Fermín se pueden dividir entre obras de platería y de joyería, diferenciándose entre las primeras aquellas realizadas bajo el patrocinio del Ayuntamiento de Pamplona, patrono de la capilla, y las donadas por diferentes devotos al Santo. Aquellas alhajas encargadas por el Regimiento son fácilmente identificables gracias a que todas ellas ostentan entre su decoración las armas heráldicas del Ayuntamiento pamplonés, por un lado el escudo con el león pasante timbrado por corona y orlado con las cadenas de Navarra, y por otro el emblema de las cinco llagas.

Dentro de este conjunto argénteo encontramos gran variedad de tipologías, desde piezas de uso común en la liturgia y abundantes en los diferentes ajuares eclesiásticos, como cálices, copones, navetas, incensarios o vinajeras, hasta otras más excepcionales, tanto por la rareza de sus tipologías, como por su procedencia o su tamaño. De obradores pamploneses cabe destacar piezas como los atriles realizados en 1725 o las sacras de José de Yavar de 1774, estas últimas con una rica iconografía con las armas heráldicas de Pamplona y Navarra, y los bustos del patrón de la ciudad, San Saturnino, junto a los del reino, San Fermín y San Francisco Javier, así como otras más excepcionales, como la capa pluvial de plata que recubre el busto de San Fermín, labrada en 1687, el relicario pectoral que se inscribe en su pecho, obra del artífice Hernando de Oñate el Mayor de 1572, o los dos frontales labrados por maestros pamploneses hacía 1725 y 1733. Mientras que de talleres foráneos son la custodia mexicana; la mitra y el báculo de filigrana de plata adornados con tembleques representando flores e insectos de taller cantonés y enviados por don Felipe de Iriarte en 1764 a través del Galeón de Manila; o el conjunto de bandejas y jarros regalados al Santo por don José de Armendáriz y Perurena marqués de Castellfuerte y Virrey del Perú en 1730.

Más reducido es el número de joyas integradas en el ajuar del Santo, aunque todas ellas de excelente calidad, como una cadena de oro con un pectoral de esmeraldas enviado por don José de Armendáriz junto a las piezas de plata ya reseñadas en 1730, una cadena de oro regalada en 1757 por don Nicolás de Urtasun, o una sortija con una esmeralda, mandada desde Popayán, actual Ecuador, por don Juan Antonio de Zelaya en 1775.

En suma, nos encontramos con un importante conjunto de alhajas que denotan la devoción que los pamploneses y navarros sentían por San Fermín, desde el Ayuntamiento que se encargó de dotarla espléndidamente para el culto, hasta fieles devotos que quisieron testimoniar su devoción al Santo mediante la donación de ricas preseas.

 

Atril. Plata en su color, plata sobredorada y esmaltes

Atril. Plata en su color, plata sobredorada y esmaltes. 1725. Pamplona. Antonio de Ripando? 

Credencia. Plata en su color.

Credencia. Plata en su color. 1733. Pamplona. Juan Antonio Hernández

Custodia. Plata dorada.

Custodia. Plata dorada. México. 1757.
 

Tras la conferencia, los asistentes a la misma pudieron visitar el Tesoro de San Fermín.