18 de agosto de 2016

El monasterio de Tulebras

Monstra te esse matrem: la iconografia de san Bernardo

D. Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

 

No es Navarra ninguna excepción a la recepción de las imágenes pintadas o esculpidas de san Bernardo. Su figura estuvo presente de un modo especial y singular en los monasterios cistercienses del territorio foral y sus áreas de influencia. No deja de ser significativo que en sus monasterios, para los que había proscrito las imágenes, se poblasen durante la Edad Moderna de representaciones con su figura y escenas más destacadas de su vida, tanto reales como legendarias.

El atractivo personal del santo, sus fundaciones, su relación con el culto mariano, sus escritos revestidos de gran sentido común y actualidad en todo tiempo y situación hicieron que sus representaciones saltasen a otras localidades, promovidas por prohombres, devotos e instituciones.

El tipo iconográfico que se generalizó en su figura aislada es muy repetitivo. Ataviado con la gran y amplia cogulla blanca y acompañado del báculo abacial, el libro en referencia a sus numerosos escritos y la mitra o mitras a sus pies en alusión a los obispados a los que renunció. Los monasterios cistercienses o benedictinos cuentan con excelentes tallas del mismo, como el de su colateral en el monasterio de Fitero (1614), o el del retablo mayor del monasterio de Irache, hoy en Dicastillo, contratado en 1617 por Juan III Imberto. Otras esculturas del santo encontramos en Corella, Tafalla, Roncal, Sesma, Tafalla, Uztegui y Cascante.

Entre las versiones pictóricas del santo en solitario hay que destacar la tabla del ático del retablo mayor del monasterio de La Oliva, hoy en San Pedro de Tafalla, contratado por Rolan Mois y Paolo Schepers en 1571 y fechado en 1582, en donde aparece arrodillado, en actitud orante con el libro abierto en el que se lee la segunda estrofa del Ave maris Stella, y riquísimo báculo y una mitra aurifigiata en los pies.

En algunos casos como en el ático retablo mayor de Corella (1718-1722) o La Oliva el santo se encuentra en un contexto asuncionista. En el retablo mayor del citado monasterio preside el retablo la magnífica composición de la Asunción y en el retablo corellano el gran ático está organizado en torno a un grupo asuncionista. Al respecto hemos de recordar uno de los sermones del santo para aquella fiesta en donde afirma: “Que nuestra alma sedienta acuda a esta fuente, y que nuestra miseria recurra a este tesoro de compasión. Virgen bendita, que tu bondad haga conocer en adelante al mundo la gracia que tú has hallado junto a Dios: consigue con tus oraciones el perdón de los culpables, la salud de los enfermos, el consuelo de los afligidos, ayuda y libertad para los que están en peligro”. (S. Bernardo, Hom. en la Asunción de la B. Virgen María, 1, 7-8). Sin salir de Corella, hay que recordar que en 1703, varios rayos de una gran tormenta del día del santo dejaron enormes destrucciones. El Ayuntamiento para agradecer la falta de víctimas acordó festejar el día de san Bernardo con procesión y misa. En el convento de San Benito penetró un rayo por el coro y doña Paula del Bayo y Díaz de Fuenmayor, esposa de don Vicente de Ágreda y García, ordenó hacer en su iglesia su retablo encargándolo a Juan de Arregui, en 1726.


Retablo de San Bernardo.
Juan de Arregui, 1726
Convento de la Encarnación. Corella

 

Dos grandes mensajes en un par de escenas de su vida
Sabido es que en la espiritualidad cisterciense fructificaron los dos grandes XXX de san Bernardo. Por una parte, la máxima de conocer a Jesús y a Jesús crucificado y, por otra, el extraordinario amor a la Virgen que le hacía pronunciar la famosa frase Mariae nunquam satis. La iconografía no podía permanecer ajena a ambas direcciones.

San Bernardo abrazado por el crucificado que se descuelga de la cruz, al igual que en las iconografías de otros santos como san Francisco de Asís, dio a los artistas un especial motivo para realizar sus composiciones, si bien es verdad que en la mayor parte de los casos seguirán modelos grabados que les mostraban los abades de los monasterios o los promotores. En Navarra destacan la gran tabla del retablo mayor de Fitero, obra de Rolan Mois (1590-1591), así como el relieve del retablo del santo en Leire –monasterio que estuvo en la órbita cisterciense desde 1269-, y una pequeña pintura procedente de La Oliva en la parroquia de Beire. Todos ellos son testimonios del pasaje intenso y emocionante narrado en las biografías del santo y que también quedó reflejado literariamente en uno de los libros de devoción más populares en España desde su primera edición en 1599, el Flos Sanctorum o libro de la vida de los santos, de Pedro de Ribadeneyra.

En relación con ese tema y la pasión de Cristo, hay que mencionar algunas composiciones divulgadas a través de estampas en donde aparece el santo rodeado de los atributos de la pasión, como ocurre en una tabla del monasterio de Fitero, procedente del ático de su retablo, en un lienzo de las concepcionistas recoletas de Estella o en el relieve del ático del retablo de San Bernardo de Leire.

Pero la gran escena ligada a su vida partirá de un relato legendario recogido en la hagiografía de san Bernardo alusivo al pasaje de la lactatio, que representa a la Virgen que deja de amamantar al Niño para enviar un pequeño chorro de leche al santo, convirtiéndolo en el llamado doctor melifluo, en alusión a la dulzura cual leche de su elocuencia al tratar de María. Los relatos sobre el hecho difieren. Según unos, el abad de Citeaux mandó a san Bernardo a hablar con el obispo de Chalon. El santo, antes de realizar la misión encomendada, quiso rezar ante una imagen de la Virgen, la cual de forma milagrosa lanzó un chorro de leche al santo. Según otros, estando rezando y embelesado con la Virgen, ésta le roció con leche de su pecho en los labios del santo, matizando que el rezo que hacía era la estrofa “Monstrate esse Matrem” del Ave Maris Stella, en donde se le pide a María que se muestre como una verdadera madre. Algunos hagiógrafos señalan que el hecho ocurriría en la iglesia de Saint Vorles, en Chantillon sur Seine, cuando el santo oraba ante una imagen de la Virgen amamantando a su hijo. Para suavizar la situación comprometida en la que la Virgen dona su leche a un adulto, la Virgen es representada a cierta distancia del santo, por lo que será necesario pintar un chorrito de flujo de la leche. Además, el Niño está en los brazos de la Madre aunque no chupe, pero de modo que autorice “la donación de la leche”. San Bernardo está en un plano bajo, como humano, y con las manos juntas del orante o con los brazos separados, en signo de agradecimiento y admiración.

La escena está en lugares significativos, como la escalera del monasterio de Leire, en los mencionados retablos mayores de Fitero e Irache, en un relieve del antiguo retablo de las benedictinas de Estella, obra de Juan Imberto III (hoy en Leire), el ático del retablo del retablo mayor de Santa María de Aibar (1710), y unos dinámicos y coloristas lienzos de Tulebras, castillo de Javier y de las comendadoras de Puente la Reina, ambos de estilo barroco.


Lactatio de san Bernardo
Rolan Mois, 1590
Retablo mayor del monasterio de Fitero

Lactatio de san Bernardo
Retablo procedente de las benedictinas de Estella, 
hoy en el monasterio de Leire
Juan Imberto III, primera mitad del siglo XVII


Series: textos literarios y fuentes grabadas
La gran serie de pinturas sobre la vida del santo es la que ejecutó Vicente Berdusán en Tudela con destino al monasterio de Veruela (1671-1673), que fue promovida por el abad Fray Francisco Confredi (1672-1676) y hoy se encuentran en el Museo de Zaragoza y en Veruela. Los pasajes literarios de sus hagiografías se vierten en los lienzos de la conversión del duque Guillermo, los milagros en Constanza, el santo obligando al demonio a suplir la rueda en los Alpes o la curación milagrosa del santo constituyen un excelente ejemplo de cómo el pintor había llegado a lo más alto en la calidad de su extensa producción. Los textos de Ribadeneyra, la Vita Prima, o del Liber miraculorum in Germanico itinere, se encuentran en el paralelismo textual con las imágenes de Berdusán elegidas en un contexto de maravillosismo y por tanto del santo entre sucesos prodigiosos y milagrosos.


Curación de San Bernardo
Vicente Berdusán, 1671-1673, para el monasterio de Veruela


Escenas de la vida del santo encontramos en sus retablos de los monasterios de Fitero y de Leire. En este último es patente la copia en todos sus relieves por el escultor Juan de Berroeta (a. 1630) de los grabados que ilustran la Vita et miracula divi Bernardi Clarevalensis abbatis..., editada en Roma en el año 1587 a instancias de la Congregación Cisterciense de la Corona de Castilla. Los relieves narran amén de la lactasis en el centro, la visión del Nacimiento de Cristo, el abrazo del Crucificado, la misa con la visión de las almas del purgatorio y la curación ante la Virgen san Benito y san Lorenzo. En el caso de Fitero (1614), las pinturas del banco de su retablo muestran a san Bernardo escuchando un coro de ángeles músicos, la conversión del duque de Aquitania, el milagro de la rueda y al santo dictando una carta a Guillermo para su sobrino Roberto de Chantillon mientras caía una gran tormenta, quedando el papel totalmente seco. Algunos de estos sucesos los recogió Ribadeneyra y ya constaban en la Vita prima del santo escrita por Guillermo de Saint-Thierry.