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Viviendo la conservación: un verano en el corazón del Okavango

26/02/2026

Publicado en

Universidad de Navarra

Giancarlo Velasco |

Estudiante de Biología y Ciencias Ambientales

Despertar a mitad de la noche por los estruendosos trompeteos de los elefantes o los resonantes rugidos de los leones a pocos metros del campamento fue una realidad que tuve la oportunidad de vivir este verano.

El 31 de mayo de 2025 aterricé en Maun, la capital turística del norte de Botswana y puerta de entrada a parques nacionales tan emblemáticos como Moremi y Chobe, además del majestuoso Delta del Okavango, uno de los ecosistemas más excepcionales y biodiversos del planeta. Este delta interior, un oasis que florece en medio del desierto del Kalahari, funciona como santuario estacional para miles de especies que dependen del agua que llega desde tierras lejanas. Es un corazón que late con ritmo anual y que transporta vida en sus venas y arterias, tanto para fauna como para las comunidades humanas que habitan en sus márgenes.

Durante este verano tuve la oportunidad de trabajar como fotógrafo de conservación y asistente de investigación, formando parte del equipo de dos organizaciones no gubernamentales dedicadas a preservar los ecosistemas del área, las especies que los conforman y las personas que dependen de ellos. Su labor se articula a través de la investigación científica, la educación ambiental y la colaboración directa con comunidades locales.

Mi primer mes en Botswana lo pasé colaborando con Ecoexist, cuyo campamento se ubica en Gunutsoga, un pequeño poblado a ocho horas de Maun, en el noroeste del Delta. Esta organización se especializa en promover la coexistencia entre comunidades locales y elefantes mediante estrategias para mitigar conflictos por recursos y espacio. Botswana alberga la mayor población de elefantes africanos del mundo, estimada en más de 128.000 individuos (Loxodonta africana), muchos de ellos concentrados en el entorno del Okavango, lo que hace que el trabajo de convivencia sea esencial para la estabilidad social y ecológica de la región.

Los dos meses siguientes formé parte del equipo de Wild Entrust, dividiendo mi tiempo entre sus tres proyectos: Community Coexistence, enfocado en reducir el conflicto entre ganaderos y depredadores; Coaching Conservation, dedicado a la educación ambiental en escuelas primarias alrededor del Delta; y Predator Conservation Botswana, que investiga grandes carnívoros como perros salvajes (Lycaon pictus), leones (Panthera leo), leopardos (Panthera pardus) y hienas (Crocuta crocuta) desde 1989.

Colaborar con estas organizaciones transformó mi perspectiva profesional y personal. Aprendí sobre cómo operan las ONG de conservación, los retos cotidianos que enfrentan y las estrategias que les permiten generar impacto real. A nivel personal, esta experiencia me brindó herramientas para interactuar con comunidades locales con respeto y sensibilidad cultural, recordándome que la conservación no se trata solo de proteger la naturaleza, sino también de escuchar, comprender y construir relaciones humanas genuinas.