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Otras cadenas y su significado en las artes de Navarra

21/11/2022

Publicado en

Diario de Navarra

Ricardo Fernández Gracia |

Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

La presencia de las cadenas en las artes figurativas de Navarra va más allá del emblema heráldico de la Comunidad Foral y de otros escudos locales y familiares recogidos en el Libro de Armería del Reino de Navarra. El significado general de esos férreos eslabones unidos se asocia de ordinario a la sujeción, el apresamiento, la esclavitud y los castigos, si bien, en algunos casos, se vincula con la armonía conyugal o la templanza.

Veremos cómo es atributo de algunos santos y está presente en pasajes de sus vidas, en los que sufrieron prisión y en los que fueron capaces de sujetar vicios y pecados. Algunos las llevan alrededor del cuello, otros en los pies y otros rotas. El patrono de los presos, san Leonardo, las lleva por el privilegio que le otorgó el rey Clodoveo para liberar a los prisioneros. En Navarra se popularizaron en la leyenda de don Teodosio de Goñi y san Miguel de Aralar. También hay casas donde las lucen en sus puertas o sus zaguanes, en virtud de privilegios reales.

Cautividad: trinitarios, mercedarios y en la leyenda de Mendavia

Por razones de carisma y tener como fin la liberación de los cristianos cautivos (Redemptiones captivorum) de los piratas berberiscos, los santos y aún los emblemas de las órdenes religiosas de mercedarios y trinitarios se acompañan de cadenas y grilletes. A la cabeza de todos ellos, el mismísimo san Pedro Nolasco, que se suele acompañar de unas cadenas rotas que aluden a los cautivos redimidos en sus viajes a África para rescatarlos. Sin embargo, con otro santo mercedario cobran especial protagonismo. Nos referimos a san Ramón Nonato, que fue apresado por los piratas berberiscos y lo retuvieron como rehén en Argelia, martirizándolo atravesando sus labios con un hierro candente y pasando por los dos agujeros un candado para impedirle predicar el evangelio. A ese candado que llevó el santo ocho meses, según sus historiógrafos, se suelen agregar cadenas, al igual que a sus pies y manos. Destacaremos sus lienzos dieciochescos de las parroquias de Pitillas y San Pedro de Olite, de gran calidad, así como el más popular de San Pedro de Estella.

La gran portada de la desaparecida iglesia de los Mercedarios de Pamplona contaba con sendas esculturas de yeso de los santos Pedro Nolasco y Ramón Nonato y no faltaban unas enormes cadenas y grilletes.

En cuanto a historias de cautivos, hay que mencionar la que tuvo como protagonista un suceso maravilloso con la Virgen de Legarda de Mendavia. En el culto y la devoción a aquella imagen hay un antes y un después en el año 1468, en que se sitúa un milagro por el cual un cristiano cautivo en Argel, llamado Ángel Tomás Ramírez, logró su liberación gracias a la intercesión de la Virgen. Tras ser maltratado y encadenado por su dueño Zuali y encerrado en un arcón, éste llegó portentosamente con el moro encima por las aguas del Ebro, mientras sonaban las campanas de Mendavia, Lodosa y Mués. Tras salir del arcón y liberarse de las cadenas, también el moro se convirtió. Este resumen es glosado en un largo documento, repleto de detalles que se viene copiando y recreando desde un manuscrito en distintas publicaciones como la novena a la Virgen, los gozos que nos ocupan y distintas monografías. Un impreso de gozos realizado hacia 1930 da cuenta gráfica de aquel suceso legendario en un pequeño grabado en el que se representa el momento en que el cautivo sale del arca ante un sacerdote y otros personajes, entre los que destaca el moro Zuali, que lo tenía atormentado y, a raíz del suceso, se convirtió.

San Miguel de Aralar y Teodosio de Goñi

Entre los personajes legendarios navarros que hunden sus raíces entre lo mítico, destaca don Teodosio de Goñi, el mismo que fue liberado por san Miguel de Aralar tras cometer el parricidio y cumplir la penitencia por largos caminos. Como es sabido, a lo largo de los siglos del Barroco, parece haber cuajado definitivamente la leyenda de san Miguel de Aralar y su aparición al parricida Teodosio de Goñi. A ello colaboraron de un lado algunos textos impresos y también, de otro, la difusión del ciclo de la historia en estampas de mayor o menor envergadura. Generalmente, se representan cuatro escenas correlativas de la leyenda: el encuentro de don Teodosio con el demonio disfrazado de ermitaño, el parricidio y el encuentro con su mujer deshaciendo la mentira inculcada por Satanás, haciéndole creer que su esposa le había sido infiel. Finalmente, la cuarta escena  de la leyenda representa a san Miguel apareciéndose al caballero errante, orante y arrodillado, que le ha invocado para salvarse del maligno, en el momento en que sus cadenas quedan rotas y el monstruo infernal alado y con cabeza de dragón, sale de su caverna para ser vencido.

Con san Fermín y en las veneras del Ayuntamiento de Tudela

Por diferentes motivos, dos de los signos de identidad de Pamplona y Tudela, como son el copatrono san Fermín y las veneras del ayuntamiento de Tudela ostentan en sus representaciones cadenas bien visibles. En el caso del santo, al representarle en su encarcelamiento y martirio se suelen dejar grandes eslabones de hierro. Así aparece en el lienzo firmado por José Ximénez Donoso en 1687, conservado en el Ayuntamiento de Pamplona. También, figuraban en una de las pinturas que hizo en 1736 el artista Pedro Antonio de Rada con destino a un ciclo hagiográfico para los paramentos de la capilla del santo, que conocemos por un dibujo de 1797 de Santos Ángel de Ochandátegui. La ambientación corresponde al interior de una cárcel de evocaciones clásicas, iluminada en la nocturnidad por un gran farol, en la que no faltan unas enormes cadenas. Un verdugo con la espada desenvainada, tres soldados y el mártir, sin mitra, componen la escena.

Por lo que respecta a Tudela, las veneras de su ayuntamiento, realizadas en 1622 tras la concesión por parte del virrey en el año anterior, con la condición de que por uno de los lados llevara la imagen del “glorioso san Pedro, patrón que es de la dicha ciudad” y por otra, el escudo de esta última. Se trataba de distinguir y diferenciar a los regidores de merinos, porteros reales y otros funcionarios que usaban varas, elementos de autoridad que también tenían otras localidades. Las veneras lucen las armas de la ciudad y la imagen de san Pedro ad vincula y encadenado, por ser tradición que el día de su fiesta fue el de la reconquista de la ciudad. En cualquier caso, en aquella fiesta, se renovaban los cargos de regidores en una jornada festiva, que incluía una procesión estacional a la antigua parroquia de San Pedro que terminaba en la colegiata, así como un festejo taurino. La mayor parte de las actuales veneras de plata sobredorada pertenecen a la acuñación de 1836, momento en que se suprimieron las que quedaban de oro.

Dominio del mal, la rabia y el demonio: san Miguel, santa Quiteria, san Bartolomé y san Juan de Sahagún

No podían faltar las cadenas en aquellos santos que tuvieron sujetas pasiones o vencido al mismísimo Satanás. San Miguel, en algunas ocasiones, no sólo se le representa venciendo al demonio, sino que le sujeta con una cadena bien visible, como ocurre por ejemplo en la talla renacentista de Sangüesa, el titular de su parroquia en Corella de la segunda década del siglo XVIII y algunos bordados de fines de esta última centuria.

A santa Quiteria le suele acompañar un perro rabioso a sus pies o un demonio, en ambos casos sujetos por cadena de grandes eslabones. La tradición le ha atribuido numerosos milagros de sanación, relacionados con la rabia, puesto que los perros se tranquilizaban ante la presencia de sus imágenes.

En Navarra contó con sendas cofradías en Tudela y Bigüézal y en ambos casos se le consideraba abogada contra la rabia. En el primer caso contó con cofradía desde el siglo XIV, que estaba asociada en el siglo XVIII a San Julián, patrono de los cazadores. Cuenta con ermita propia, a la que acudían las gentes a marcar en los costillares de sus perros el escudo candente de la santa, que fue lazareto ocasional hasta el siglo XIX. En Bigüézal cuenta con ermita y a su fiesta acudían pastores y vecinos para bendecir a sus perros, con el ritual propio del monasterio de Leire, dándoles pan con agua y sal previamente pasados por agua bendita. Su cofradía se había establecido en la localidad en 1731, con motivo de una epidemia de rabia, según el censo de 1772.

Sus imágenes son abundantísimas en Navarra en distintos periodos artísticos. Destacaremos algunos ejemplos en donde el encadenado es el mismo perro rabioso, como la tabla tardogótica del retablo de Muruzábal o sus representaciones renacentistsas en Aquerreta o Badostáin.

También, el apóstol san Bartolomé representado, por lo general, desollado y con el cuchillo, suele acompañarse de unas visibles cadenas con las que sujeta al pintoresco demonio. La representación se basa en un pasaje de la vida del apóstol, concretamente en la liberación del demonio a la hija del rey Polimio de Armenia, presentándolo encadenado ante el monarca. Entre las representaciones en escultura del santo con grandes cadenas sujetando al diablo, citaremos las renacentistas de Larrángoz, Tabar, Ugar y Ochagavía, las romanistas de Arizaleta y Zabaldica, las tallas barrocas de Goyano y Berbinzana y las dieciochescas de Ribaforada, de filiación aragonesa y la del retablo mayor de Lesaca, obra de Juan Bautista Mendizábal (1753).

San Juan de Sahagún, patrón de la provincia agustina de Filipinas, a la que pertenecía Marcilla, tiene su lugar entre los lienzos realizados por José María Romero (1890-1891) para la escalera real del convento. Pese a ser representado como protector de las almas del purgatorio, disciplinándose y como protagonista de numerosos milagros, en Marcilla aparece sobre el orbe y el demonio, a los que sujeta con una cadena, dando a entender con ello que venció a ambos. Como atributos, amén de la estrella en el hábito y el Crucifijo, encontramos el pan y el agua, por sus continuas vigilias y ayunos. No falta la perdiz, protagonista de un suceso que la leyenda le atribuye, según el cual el ave que le sirvieron cuando estaba enfermo, recobró su plumaje y marchó cuando el santo le ordenó seguir su camino. Su mensaje es mostrar al santo como penitente y vencedor de las tentaciones.

En grades mansiones por privilegio real

La estancia de la familia real en Corella en el verano de 1711, en la casa de los Sesma, erigida a partir de 1704, trajo consigo la concesión en 1712 de una cédula real, a modo de agradecimiento por la hospitalidad recibida. En ella, Felipe V concedió la gracia y privilegio de colgar las cadenas en la fachada del edificio, algo que se hizo en lugar bien patente, sobre las puertas de ingreso a la misma y bajo los balcones principales, ostensiblemente visibles, como gran signo de autoridad, prestigio e imagen pública. Con ello se simbolizaba el haber albergado a la familia real

La casa Navascués-Orovio de Cintruénigo también contó con unas enormes cadenas a ambos lados de su puerta principal desde 1707, para significar el derecho de asilo concedido por Felipe V a don José Navascués y Arguedas, monarca que se hospedó en ella en 1706. Actualmente, se conservan en el zaguán de la casa Navascués.

Pilar Andueza publicó el dato referente a la casa principal de los Vizcaíno en Miranda de Arga, construida a partir de 1695 por el coronel Juan José Vizcaíno que logró del rey, además de un asiento en las Cortes y el privilegio de levantar cuatro torres en su casa, la colocación de cadenas en puertas y ventanas, en 1700 gracias a un notable donativo a la real hacienda.