Publicador de contenidos

2026_06_17_FYL_Visita_Papa

León XIV en España: la geopolítica de tejer redes

17/06/2026

Publicado en

El Confidencial

Jacobo Ramos |

Profesor del Grado en Filosofía, Política y Economía (PPE)

La visita de León XIV a España no debería leerse únicamente en clave religiosa, ni tampoco como un episodio más de la disputa partidista nacional ya que sería una lectura demasiado pequeña para un viaje que, en realidad, habla de algo mucho más profundo: la fragmentación política, social, cultural, tecnológica e internacional de nuestro tiempo.

España ha recibido al Papa en un momento en el que casi ningún espacio público parece capaz de escapar de la polarización. Cualquier gesto se interpreta desde la sospecha ideológica, cualquier palabra se convierte en munición, cualquier llamada al diálogo corre el riesgo de ser recibida como ingenuidad por unos o como provocación por otros. Precisamente por eso la visita resulta relevante. En una Europa donde escasean los liderazgos capaces de hablar más allá de su propia trinchera, resulta especialmente significativo que los mensajes europeístas lleguen de un Papa americano.  

León XIV, nacido en Estados Unidos y profundamente marcado por su experiencia pastoral en América Latina, no habla desde la nostalgia del Viejo Continente, sino desde una mirada exterior que parece recordar a Europa aquello que a veces olvida de sí misma. Su mensaje en España no ha sido el de una Europa encerrada en su pasado, sino el de una Europa que necesita volver a ser útil en un mundo más fragmentado.

En su primer discurso al llegar a Madrid, ante las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, el Papa agradeció a España “su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo”. En el contexto actual, donde la lógica geopolítica es cada vez más transaccional y el alineamiento por bloques gana terreno, esa defensa del multilateralismo adquiere un significado político profundo.

El multilateralismo nació precisamente para evitar que las relaciones entre Estados quedaran reducidas al cálculo del poder, la simplificación y la ruptura. Hoy, sin embargo, ese consenso parece erosionarse. Crece la desconfianza hacia las instituciones internacionales, las guerras en Ucrania e Irán debilitan su autoridad y, en ese contexto, Europa parece cada vez menos capaz de definir su papel en el mundo.

El reciente fracaso del llamado “caza europeo”, el proyecto de Francia, Alemania y España para desarrollar un avión de combate de nueva generación (Future Combat Air System, FCAS), ilustra bien esa dificultad. Europa lleva más de una década hablando de autonomía estratégica, pero sigue sin convertir esa ambición en capacidades comunes y observa cómo su influencia global es cada vez menor. En ese contexto, la defensa del multilateralismo que hace León XIV no suena a nostalgia institucional, sino a advertencia geopolítica.

La respuesta que plantea el Papa no pasa por suspender ingenuamente los conflictos. Sus discursos reconocen heridas, abusos, desigualdades, tensiones y miedos reales, pero León XIV se niega a aceptar que la única respuesta posible sea la confrontación permanente. En el Palacio Real, León XIV pidió “abandonar las narrativas divisivas y polarizantes” y pasar de “las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad”. Frente a la lógica de bloques e identidades cerradas, reivindicó una tradición europea capaz de ordenar la diferencia sin destruirla. Por eso habló de “reconocer la complejidad” como una “vocación específica de Europa, de la que España es protagonista original y fundamental”.

En sus discursos, España aparece como una pieza central de una tradición europea que ha sabido generar espacios de encuentro entre lenguas, religiones y culturas. Por eso evocó Córdoba, Toledo y la escuela de traductores de Alfonso X el Sabio, donde cristianos, musulmanes y judíos participaron en la transmisión de textos y conocimientos.

Esa misma idea apareció con fuerza en su discurso ante el Congreso de los Diputados. En un hemiciclo donde se da forma jurídica a la convivencia, León XIV afirmó que “aquí las diferencias se escuchan, se ordenan y, cuando es posible, se convierten en decisión compartida”. La frase tiene una lectura evidente para la política española, pero también para cualquier democracia liberal sometida a la presión de la desconfianza. Como resaltó León XIV, la deliberación parlamentaria debe ser plural y no puede quedar reducida a la imposición coyuntural de una parte sobre otra.

El encuentro “Tejer redes”, celebrado en el Movistar Arena con representantes de la cultura, el arte, la economía y el deporte, llevó ese mensaje más allá del marco institucional. Allí León XIV insistió en que la convivencia no puede delegarse únicamente en los líderes políticos. También se construye en la empresa, la universidad, la cultura, el deporte, los medios, las asociaciones o las comunidades locales. León XIV pidió “desarmar el lenguaje” y recordó que “las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos”. Su advertencia fue directa: “La firmeza no exige desprecio, la discrepancia no conlleva humillación”.

En un mundo donde demasiados actores parecen beneficiarse de la fragmentación, la llamada del Papa a reconstruir espacios comunes tiene también una lectura geopolítica. El multilateralismo que reivindicó al llegar a Madrid depende de instituciones capaces de sostener el diálogo, generar confianza y ofrecer resultados cuando la lógica de bloques empuja en sentido contrario. Porque hoy las instituciones que dejan de ser útiles acaban perdiendo relevancia.

En España, un Papa americano ha venido a recordar al Viejo Continente que su futuro no solo dependerá de su fortaleza económica, tecnológica o militar, sino también de su capacidad para reconstruir espacios comunes allí donde otros solo ven bloques enfrentados.