15/06/2026
Publicado en
La Razón
Antonio Moreno |
Decano de la Facultad de Económicas y Empresariales de la Universidad de Navarra
Magnifica Humanitas («Humanidad magnífica» o «la grandeza de la dignidad humana») es el título que León XIV ha elegido para su primera encíclica. La dignidad humana constituye el pilar sobre el que se asienta toda la doctrina social de la Iglesia. Existe algo extraordinario en nuestra condición humana, que exige una atención y un cuidado especiales hacia cada ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, pasando por todas las etapas de su existencia.
El eje central de esta encíclica es la relación entre la tecnología y el cuidado de la persona en la era de la inteligencia artificial (IA). La IA posee una enorme capacidad para aumentar la productividad, simplificando tareas que antes requerían más esfuerzo y la intervención de numerosas personas. Hasta aquí nos encontramos en un terreno conocido: el progreso tecnológico siempre ha avanzado en esa dirección, como ocurrió durante la Revolución Industrial. Sin embargo, la interacción con la IA va mucho más allá. A través de sus modelos y algoritmos, puede influir profundamente en las personas, hasta el punto de reducirlas a meros objetos. Por ello, León XIV subraya que los peligros de la IA no se limitan a un posible «mal uso», sino que pueden derivarse también de determinados diseños estructurales potencialmente nocivos.
Aún es pronto para ofrecer respuestas definitivas. Como advierte el propio Papa, la IA continúa evolucionando a gran velocidad y esta nueva etapa puede dar lugar a nuevos emprendedores y empresas que desarrollen aplicaciones innovadoras en sectores muy diversos. En cualquier caso, León XIV nos recuerda que el poder debe entenderse como servicio y nunca como instrumento de dominación.
El trabajo humano, que nos permite desarrollarnos personalmente, relacionarnos y contribuir positivamente a la sociedad, constituye una de las expresiones más visibles de nuestra dignidad. Y la expansión de la IA reabre inevitablemente el debate sobre su futuro, una cuestión que ha acompañado a prácticamente todas las grandes transformaciones tecnológicas. ¿Nos sustituirán las máquinas? ¿Trabajaremos menos horas? ¿Será necesario implantar una renta universal?
La respuesta de León XIV es clara: el trabajo debe seguir ocupando un lugar esencial en el desarrollo humano. El desempleo constituye una grave herida social y todos debemos esforzarnos para que cada persona tenga la oportunidad de expresar y desarrollar su dignidad a través de una actividad laboral. En este sentido, el Papa dirige una llamada tanto a las empresas como a los poderes públicos para favorecer oportunidades de empleo accesibles para todos.
León XIV plantea una idea sugerente: la necesidad de «desarmar» la IA. ¿Qué significa esto? Aun reconociendo sus enormes posibilidades, el Papa insiste en que debe ser la IA la que se adapte a las personas, y no las personas las que se adapten a la IA. Lo contrario entrañaría el riesgo de deshumanizar el trabajo mediante una tecnificación impersonal y una dependencia acrítica de algoritmos opacos. La dignidad pertenece a las personas, no a las máquinas y son los seres humanos quienes deben integrar la IA en su trabajo y ponerla a su servicio, y no al revés.
No obstante, ya contemplamos algunas de las consecuencias negativas de ciertas tecnologías:la fragmentación social, la generación de dependencias o la facilitación de nuevas formas de conflicto. El Papa es plenamente consciente de estos riesgos y nos invita a reflexionar sobre la necesidad de subordinar la tecnología a la verdad y al bien común.
A lo largo de la encíclica, León XIV contrapone dos imágenes bíblicas de gran fuerza simbólica: la construcción de la torre de Babel y la reconstrucción de las murallas de Jerusalén tras el exilio en Babilonia. La primera representa la búsqueda del poder y el control desde una lógica individualista; la segunda, el esfuerzo por reconstruir una comunidad arraigada en sus raíces y orientada al bien de todos.
Son dos actitudes y dos proyectos profundamente distintos. Ante la encrucijada que plantea la inteligencia artificial, León XIV propone elegir el camino que permita a la tecnología poner de relieve la grandeza de la dignidad humana, siempre al servicio del cuidado de las personas y de la construcción del bien común. En definitiva, la dignidad humana será el criterio último para juzgar la revolución de la IA.