14/09/2026
Publicado en
El Confidencial
Germán López Espinosa |
Profesor en la Facultad de Económicas, Universidad de Navarra
Los datos de propiedad de las empresas marroquíes muestran una economía con dos caras: el capital marroquí mantiene un dominio extraordinario sobre los activos y los grandes grupos financieros, mientras que la presencia extranjera adquiere mucho más peso en la industria, las telecomunicaciones y las actividades integradas en las cadenas internacionales de valor. Francia continúa siendo, con diferencia, el principal origen del capital extranjero identificado. España, pese a ser el primer socio comercial del país, ocupa una posición mucho más discreta cuando se mide control empresarial último.
La integración de Marruecos en la economía internacional se está acelerando. No solo por su relación cada vez más estrecha con Europa, sino por su estrategia para convertirse en plataforma industrial entre Europa, África y el mundo árabe. Los datos más recientes del Office des Changes confirman ese atractivo: en 2025 los ingresos por inversión directa extranjera aumentaron un 28%, hasta 56.052 millones de dirhams, mientras que el flujo neto creció un 74,3%. Y entre enero y julio de 2026 el flujo neto acumulado volvió a aumentar un 58,5% respecto al mismo periodo del año anterior.
Pero los flujos de inversión cuentan solamente una parte de la historia. Existe otra pregunta, probablemente más estructural: ¿quién controla realmente las empresas que operan en Marruecos?
Para responderla se ha utilizado la base de datos ORBIS analizando el accionista último de las empresas marroquíes sobre las que existen datos en la citada base de datos. El análisis se ha centrado en el propietario último que ejerce el control. Por tanto, hablamos de geografía del control corporativo, no de nacionalidad de cada euro invertido.
El análisis se ha basado en aquellas sociedades que ORBIS identifica el país del propietario último (1.110 sociedades) que, lógicamente, se corresponde con las empresas de mayor tamaño e importancia económica.
Entre las empresas con cuentas correspondientes a 2023 o ejercicios posteriores, las sociedades para las que conocemos la nacionalidad del accionista último representan aproximadamente el 69% de las ventas y el 83% de los activos sobre el total de las empresas que operan en Marruecos y están disponibles en la base de datos ORBIS.
Marruecos controla las empresas, y sobre todo controla los activos
Entre las 1.110 compañías cuyo país del propietario último puede identificarse, 703 tienen un accionista último marroquí y 407 un accionista último extranjero. En términos de número de sociedades, por tanto, aproximadamente el 63% del control identificado es doméstico y el 37% extranjero.
Pero la diferencia resulta mucho mayor cuando incorporamos el tamaño. Las compañías con propietario último marroquí generan aproximadamente el 65% de las ventas, frente al 35% de las controladas desde el extranjero.
La diferencia es todavía mayor en los balances: las empresas bajo control marroquí concentran algo más del 90% de los activos, mientras que las compañías cuyo accionista último se encuentra fuera de Marruecos representan menos del 10%.
Marruecos ha abierto una parte considerable de su aparato productivo al capital internacional, pero conserva bajo control doméstico buena parte de las actividades más intensivas en capital. El fenómeno se observa particularmente en el sector financiero, las grandes empresas públicas y determinados conglomerados nacionales.
El Reino de Marruecos aparece en ORBIS como propietario último de 43 compañías de la muestra con información financiera reciente. Entre ellas acumulan aproximadamente 12.900 millones de euros de ingresos y 168.300 millones de activos. Por sí solo, este grupo representa alrededor del 35% de todos los activos de las empresas con propietario identificado y cuentas desde 2023.
A ello se suma el peso de los grandes grupos financieros nacionales. Attijariwafa Bank, Banque Centrale Populaire y Bank of Africa aparecen entre los mayores propietarios últimos por activos. Esta circunstancia ayuda a explicar una aparente paradoja: Marruecos puede presentar un grado significativo de internacionalización empresarial y, simultáneamente, mantener más del 90% de los activos de la muestra bajo control doméstico.
Los balances de los bancos no son comparables a los de una compañía industrial, de modo que nunca deben mezclarse en cualquier análisis. Pero el análisis de los bancos aporta una dimensión interesante al análisis: quién controla la capacidad financiera de una economía no tiene por qué coincidir con quién fabrica sus automóviles, componentes electrónicos o bienes destinados a la exportación.
El sector financiero vs la industria
Cuando excluimos bancos y aseguradoras, la fotografía cambia. Entre las empresas no financieras con propietario último identificado y cuentas recientes, el capital extranjero genera aproximadamente el 40% de las ventas y controla alrededor del 26% de los activos.
Y si descendemos específicamente a las manufacturas, la relación se invierte. El 51% está controlado desde el extranjero. Estas empresas generan aproximadamente el 55% de las ventas manufactureras, frente al 45% de las controladas por propietarios marroquíes.
El dato es relevante porque ayuda a entender el modelo económico que Marruecos está construyendo. No estamos ante una economía cuya propiedad empresarial haya pasado mayoritariamente a manos extranjeras. Estamos ante algo más sofisticado: Marruecos conserva el control doméstico de una gran parte de sus activos, pero ha integrado intensamente su sector industrial en las cadenas de valor de multinacionales extranjeras.
Renault es el ejemplo más visible. Las cuatro compañías de la muestra vinculadas al grupo francés y con información reciente suman más de 5.700 millones de euros de ventas. Stellantis, a través de su propietario último neerlandés, se aproxima a los 2.000 millones. También aparecen entre los grandes grupos extranjeros Lear, Sumitomo Electric Industries, Aptiv, Safran, TE Connectivity o Luxshare Precision.
No es casualidad. La OCDE ya señalaba que automóvil, aeronáutica y textil representaban una proporción significativa del stock de inversión extranjera en las manufacturas marroquíes y que la inversión greenfield se concentraba especialmente en vehículos, electrónica, metales y productos minerales.
La internacionalización industrial marroquí, por tanto, no consiste únicamente en recibir dinero del exterior. Consiste en integrarse dentro de organizaciones empresariales globales.
Francia continúa siendo el gran propietario extranjero
También resulta muy clara la geografía del capital. Entre las compañías con cuentas recientes y propietario último extranjero identificado, Francia se encuentra muy por delante de cualquier otro país. Los 84 grupos de la muestra cuyo propietario último está localizado en Francia generan aproximadamente 12.700 millones de euros de ventas.
Eso equivale a algo más del 36% de todas las ventas correspondientes a empresas de propiedad última extranjera incluidas en el análisis.
Después aparecen Emiratos Árabes Unidos, con aproximadamente 5.200 millones; Países Bajos, con 2.400 millones; Estados Unidos, con 2.100 millones; Reino Unido, con 1.800 millones; Japón, con 1.500 millones, y Alemania, con 1.250 millones.
El elevado peso de Emiratos Árabes Unidos se explica en buena medida por la presencia de Emirates Telecommunications Group, cuyo propietario último figura vinculado al Gobierno federal de Emiratos, en Itissalat Al-Maghrib, Maroc Telecom.
De hecho, el sector de información y telecomunicaciones constituye probablemente el caso extremo de internacionalización de la muestra: más del 90% de las ventas de las compañías de este sector con propietario identificado corresponde a empresas cuyo propietario último está fuera de Marruecos.
En el extremo contrario encontramos las finanzas y los seguros. Solo aproximadamente el 10% de las ventas y el 4,5% de los activos del sector corresponden a propietarios últimos extranjeros.
La arquitectura empresarial de Marruecos se corresponde con industria abierta y banca doméstica.
Marruecos sigue siendo, sobre todo, europeo
La diversificación internacional de Marruecos no ha eliminado su dependencia económica de Europa. De las 313 compañías con propietario extranjero identificado y cuentas recientes, 186 tienen su accionista último en la Unión Europea. Representan aproximadamente el 59% de las empresas extranjeras, el 55% de sus ventas y el 61% de sus activos.
Es una estructura coherente con la evidencia agregada. La OCDE estimaba que las empresas europeas representaban aproximadamente el 55% del stock de inversión extranjera en Marruecos en 2022 y situaba a Francia como primer inversor extranjero.
Esto permite introducir una consideración geopolítica importante. Durante los últimos años se ha prestado mucha atención a la entrada de China y de los países del Golfo en Marruecos. Ambas tendencias existen y probablemente ganarán importancia. Sin embargo, el stock empresarial actual continúa teniendo una orientación inequívocamente europea.
China, por ejemplo, aparece como propietario último de ocho compañías con unas ventas agregadas de alrededor de 712 millones de euros. Su importancia puede estar creciendo rápidamente a través de nuevos proyectos que todavía no se reflejan plenamente en los balances, pero la fotografía del capital ya instalado sigue estando dominada por Europa.
¿Y España?
España es el primer socio comercial de Marruecos. El intercambio bilateral supera los 22.500 millones de euros anuales y el Gobierno español estima que existen más de 350 empresas españolas instaladas en el país. En la nota de prensa de fecha 19 de febrero de 2025 del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa se manifestaba lo siguiente: "En Marruecos hay más de 350 empresas españolas instaladas que han participado en proyectos emblemáticos del país, generando empleo y contribuyendo al desarrollo de la economía marroquí."
Sin embargo, cuando aplicamos un criterio mucho más exigente y preguntamos cuántas compañías marroquíes de la muestra tienen un propietario último localizado en España, sus ventas agregadas rondan los 550 millones de euros y sus activos los 1.100 millones.
Entre los propietarios españoles encontramos grupos industriales y familiares como Roca, Irizar, Cobega, Ebro Foods, Barceló, Calcinor, Premo, Sener, Inveravante o Cox, entre otros.
La aparente discrepancia con las más de 350 empresas españolas instaladas en Marruecos no constituye una contradicción. Estamos midiendo cosas distintas.
Una empresa española puede exportar a Marruecos sin poseer ninguna sociedad allí. Puede tener una participación minoritaria sin convertirse en propietario último. Puede participar a través de estructuras internacionales cuyo accionista último se encuentre formalmente en otra jurisdicción.
Esto lleva a una conclusión que trasciende el caso español: comercio, inversión extranjera y control corporativo son tres conceptos diferentes.
Un país puede ser el principal proveedor de otro sin controlar sus empresas. Puede tener un stock relevante de inversión pero no aparecer como propietario último de numerosas compañías. Y puede existir una enorme integración de las cadenas de suministro sin que haya integración accionarial equivalente.
Para entender las relaciones económicas internacionales ya no basta con observar exportaciones e importaciones.
La soberanía empresarial es más compleja que la nacionalidad del accionista
La fotografía que ofrecen estos datos permite evitar dos interpretaciones demasiado simples.
La primera sería concluir que Marruecos está siendo adquirido por capital extranjero. Los datos no lo sostienen. Allí donde puede identificarse al propietario último, casi dos tercios de las sociedades están bajo control marroquí y, en términos de activos, el predominio doméstico es todavía mayor.
La segunda sería afirmar que Marruecos mantiene una estructura empresarial esencialmente nacional. Tampoco sería correcto.
En las manufacturas, las empresas controladas desde el extranjero generan más de la mitad de las ventas. En telecomunicaciones su peso es todavía mayor. Grandes multinacionales francesas, estadounidenses, japonesas, británicas, alemanas, neerlandesas, coreanas o chinas forman ya parte de la infraestructura productiva del país.
Probablemente ahí reside una parte importante del éxito de la estrategia marroquí. El país no ha elegido entre capital nacional y extranjero. Ha intentado combinar ambos: control doméstico en buena parte de los grandes activos, el sistema financiero y determinados sectores estratégicos, junto con una elevada penetración del capital multinacional en las actividades industriales orientadas hacia las cadenas internacionales de valor.
Este equilibrio también tiene consecuencias. Para las multinacionales, Marruecos deja de ser simplemente un mercado exterior y se convierte en un lugar desde el que producir. Para Europa, Marruecos deja de ser solamente un vecino comercial y pasa a formar parte de su arquitectura industrial. Y para Marruecos, atraer capital extranjero significa recibir inversión, tecnología y acceso a mercados, pero también incorporar decisiones corporativas que se adoptan en París, Ámsterdam, Abu Dabi, Nueva York, Tokio o Londres.
El análisis empresarial actual exige analizar quién controla en última instancia la empresa, quién organiza las cadenas de suministro, dónde se decide la inversión, dónde se genera el valor añadido y hasta qué punto una economía resulta imprescindible para las empresas que han decidido instalarse en ella.
Los datos sugieren que Marruecos está avanzando precisamente en esa dirección: conservar una parte sustancial del control de su economía y, al mismo tiempo, conseguir que una parte cada vez mayor de la industria internacional tenga razones económicas para permanecer en el país.
Y quizá esa combinación, más que el simple volumen de inversión extranjera recibida, sea la verdadera medida de su creciente poder económico. Pero el análisis empírico realizado también sugiere una condición adicional: para sostener esa trayectoria de crecimiento, Marruecos necesita preservar un entorno de estabilidad y previsibilidad que genere confianza entre quienes ya forman parte de su estructura económica. La elevada presencia de propietarios extranjeros en sectores manufactureros, industriales y de telecomunicaciones implica que una parte relevante de la actividad depende de decisiones de inversión que se adoptan fuera del país; del mismo modo, el crecimiento empresarial requiere acceso continuado a financiación, relaciones estables con acreedores y una integración fluida con clientes, proveedores y socios comerciales internacionales. Por ello, la capacidad de Marruecos para seguir atrayendo capital no dependerá únicamente de sus costes, infraestructuras o localización geográfica, sino también de su capacidad para ofrecer seguridad jurídica, estabilidad institucional y certidumbre económica a inversores, financiadores y socios comerciales. En una economía cada vez más integrada en cadenas de valor internacionales, la confianza deja de ser un elemento accesorio y pasa a convertirse en un activo económico esencial.
*Germán López Espinosa, catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Navarra y del IESE Business School