14/03/2026
Publicado en
Vida Nueva
Pablo Blanco |
Profesor de la Facultad de Teología
Este volumen recoge las homilías de los tiempos fuertes, pronunciadas como papa emérito en el monasterio Mater Ecclesiae, sobre todo durante los años 2013-2017. Consisten en las transcripciones de las grabaciones realizadas por las Memores Domini que le acompañaron también en los últimos años de su vida. Si bien estos textos llevan consigo una reelaboración por parte de los editores, puede apreciarse a un Joseph Ratzinger especialmente íntimo y personal. Allí aparece el enamorado de la Escritura, así como atento lector de exégesis, que aprovecha para profundizar en el sentido -también espiritual- de los textos inspirados. También llama poderosamente la atención la preparación exhaustiva del texto, a pesar de estar dirigidas a «cuatro gatos» (en realidad seis o siete), como indica su propio secretario particular, Georg Gänswein. Supone así también un ejemplo y un estímulo para aquellos que deben predicar en comunidades pequeñas.
En segundo lugar, los signos litúrgicos, a los que presta especial interés. Si en su retiro en el monasterio de los Jardines Vaticanos, el papa emérito le gustaba verse como un monje, aquí le tenemos con una actitud casi benedictina que sigue el ora et labora. Parece como si el único reloj que marca las horas sea el calendario litúrgico, que el papa seguía con un cuidado y una meticulosidad llamativas. En estos textos se aprecia cómo cumplió su promesa al papa Francisco de velar por la Iglesia con su oración y su trabajo. Así, como resulta lógico, todas las alusiones que aparecen sobre el papa reinante en ese momento son de apoyo y profunda comunión. Un ejemplo de unidad que también se trasluce de estas páginas piadosas y auténticas.
En este sentido se aprecia que un tercer pilar de estos textos homiléticos lo constituyen la actualidad del momento. Si Karl Barth decía que había que predicar con la Biblia en una mano y el periódico en la otra, Ratzinger sigue esta recomendación para que la Escritura no sea solo palabra del pasado, sino también palabra actual. Aunque fueran dirigidas a una pequeña asamblea, el papa emérito no dejó de actualizar el mensaje de la revelación a las personas que estaban allí presentes. “Exégesis, teología, catequesis, espiritualidad se entrelazan y se unen, dirigiendo al espectador a entrar en la profundidad en el corazón del misterio de Cristo”, sintetiza Federico Lombardi en la introducción (p. 18). Evidentemente, para el lector familiarizado con los textos ratzingerianos, estos no ofrecen demasiada novedad, pero suponen una buena summa, una oportuna síntesis de sus ideas en el ocaso de su vida.
En sus consideraciones sobre la predicación, el teólogo Ratzinger estableció un cuadrilátero formado por la Escritura, la Iglesia, el dogma y el hoy. La Escritura es el manantial que continuamente nutre y alimenta sus propias palabras, a la que le dedica una atención y una meditación especiales. Ratzinger decía que los buenos párrocos empezaban a preparar la homilía del domingo ya desde el lunes precedente. La rumiatio de las palabras sagradas constituyen el ineludible punto de partida. La Biblia ha de ser leída y releída en la Iglesia, entendida como comunidad que nace de la palabra de Dios y del cuerpo y la sangre de Cristo. Ratzinger ha visto siempre el dogma no como un muro, sino como una ventana abierta a la realidad de Dios. En este sentido, la predicación debe contener también ideas que iluminan las mentes y encienden los corazones de los fieles. En fin, el hoy se constituye en la ineludible realidad del presente. El retiro de Benedicto XVI no fue una huida sino una manera de penetrar más en la entraña del mundo, en la dimensión más profunda de la realidad.
Esta carencia de especial originalidad denota una fidelidad a sus propios orígenes, aunque también aparece un nuevo brillo cada vez que recuerda cada una de ellas. La mayoría de las homilías son de los años 2013 y 2014, cuando empezó a resurgir en su estado de salud tras la renuncia. Cuando dijo que se retiraba “al monte a orar” lo hizo en voz alta, de modo que ahora nosotros podemos casi presenciar esa oración pública. Así, nos podemos beneficiar de estas últimas oraciones de su vida, aunque no formarán parte de la edición de las obras completas. Estas “homilías privadas” ofrecen una radiografía espiritual de esos últimos compases y del resumen de toda su vida. El punto final de todas estas homilías serían las últimas palabras por él pronunciadas: “Jesús, te amo”. Pablo Blanco-Sarto.