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La mujer en el liderazgo de la Iglesia

11/03/2026

Publicado en

LinkedIn de la Universidad de Navarra

María García-Nieto Barón |

Profesora de la Facultad de Derecho Canónico y autora del libro "La mujer en el gobierno de la Iglesia: perspectiva jurídica".

Cada vez que el Vaticano se pronuncia sobre el papel de las mujeres en la Iglesia, la reacción que se genera muestra que la cuestión está lejos de estar cerrada. El nuevo documento publicado por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe vuelve a poner el tema en el centro del debate.

El texto nace del trabajo de uno de los grupos del sínodo para la sinodalidad, en concreto el grupo 5. Inicialmente se le había encargado estudiar las cuestiones canónicas y teológicas en torno a la ministerialidad en la Iglesia. Sin embargo, el trabajo derivó en una reflexión sobre el papel de la mujer. El resultado es este documento de más de 80 páginas que ofrece un recorrido por algunos de los principales hitos históricos y contemporáneos de esta cuestión.

Para ello aborda algunos de los puntos clave del tema: la relación entre la potestad sacramental y los ministerios laicales; el origen de los ministerios; la dimensión carismática de la Iglesia; las funciones y ministerios eclesiales que no requieren el sacramento del orden; el orden sagrado entendido como servicio; y el problema de una concepción equivocada de la autoridad eclesial.

El grupo parte de una afirmación de Juan XXIII, quien reconoció como un “signo de los tiempos” la necesidad de profundizar en el papel y la dignidad de las mujeres en la Iglesia y en la sociedad. A partir de ahí, se plantea una pregunta de fondo: ¿ha logrado la Iglesia traducir estas palabras en una realidad efectiva?

En este sentido, el texto identifica en algunos ámbitos eclesiales una mentalidad que dificulta ese objetivo: el clericalismo o machismo. Se trata de una comprensión de la autoridad del clérigo como exclusiva, como si sólo de él dependiera la misión de la Iglesia. Un comportamiento que, además, no es exclusivo de los clérigos. También algunos laicos —hombres y mujeres— lo reproducen con sus actitudes.

Por ello, el documento invita a una conversión que permita plantear “la cuestión de las mujeres” como un verdadero signo de los tiempos. Antes que centrarse en nuevas funciones, propone un cambio de mentalidad. Para ello apunta a la necesidad de desarrollar una renovada antropología y teología que reconozca a hombre y mujer como creados a imagen de Dios, subrayando la igual dignidad bautismal en la Iglesia.

Entre las propuestas, no aparecen grandes novedades. En relación con el diaconado femenino se afirma que la cuestión permanece abierta, pero sin cambios. Se invita, en cambio, a reflexionar a partir de la experiencia de las mujeres que ya ejercen funciones de guía en comunidades —especialmente en territorios de misión— y a desarrollar otros modos de participación en la vida de las comunidades de fieles.

En muchos casos, la participación de las mujeres en la Iglesia adopta la forma de ministerios. Actualmente los ministerios instituidos de lector y acólito están abiertos también a las mujeres. A ellos se suma el ministerio de catequista, instituido por Papa Francisco mediante la carta apostólica Antiquum ministerium. Este ministerio se refiere a la enseñanza de la fe, pero también al acompañamiento y guía de comunidades en regiones donde los laicos desempeñan un papel indispensable en la transmisión de la fe. En muchos de estos contextos, las mujeres ejercen ya una verdadera autoridad pastoral. Esto lleva al documento a plantear la posibilidad de instituir nuevos ministerios que, teniendo en cuenta las particularidades culturales de cada lugar, reconozcan y protejan la función que estas mujeres desempeñan.

Otra propuesta interesante se refiere a los cargos de gobierno que pueden encomendarse a laicos por participación en la potestad del Papa o de los obispos. El texto recuerda que en algunos países ha sido necesario introducir las llamadas “cuotas de género” cuando la cultura excluía sistemáticamente a las mujeres, lo que en muchos casos ha dado resultados positivos. En esta línea, se subraya que ni el bautismo ni el orden garantizan por sí mismos las cualidades necesarias para desempeñar un cargo de gobierno. De ahí la importancia de que las mujeres que asuman estas responsabilidades cuenten con la adecuada formación.

En definitiva, se trata de un documento interesante cuya aportación principal quizá no esté en las conclusiones, sino en ofrecer un punto de partida para seguir reflexionando sobre esta cuestión.